Capítulo 3. Mi Ángel

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Cuando Adam abre los ojos ya es de día, o empieza a serlo. Su cuerpo, acostumbrado a madrugar, ve cada mañana cómo el sol despunta en el horizonte y siempre se pregunta hasta cuándo el astro rey seguirá comportándose con la raza humana.
Estira su mano creyendo que quizá Nigel se ha quedado a dormir, pero no hay nadie. Se entristece un poco.

<<¿Por qué iba a quedarse? Yo no se lo pedí>>

Se incorpora en la cama, se restriega los ojos y despereza, y ve que a sus pies hay una nota.

"Es para ti, Adam, ahora es tuya"

Bajo la nota, la camisa que llevaba Nigel anoche, esa que Adam le había dicho que le gustaba tanto antes de dormirse. La de los perritos. Sonríe, le encantan los regalos, aunque nunca sabe bien cómo demostrarlo. Coge la nota y la camisa y la abraza.

Todavía huele a él.

(....................................)

Nigel despierta casi ya al mediodía, descamisado, pues su camisa favorita está - o eso espera - en manos de Adam.

Piensa en el chico de ojos azules y mirada perdida. Amante de las constelaciones y una estrella en sí mismo, al menos para él. Hay cierta ironía en aquellas personas que desconocen lo especiales que son y que, además, se menosprecian de algún modo. Adam es así para Nigel, acostumbrado a que los demás le rehuyan al saberle diferente, ha acabado por asumir que ese rechazo es por su culpa.

<< Mi Ángel >> Se sorprende al pensar en el chico de ese modo. Sonríe al recordar lo emocionado que estaba anoche al enseñarle las estrellas de su casa, y cómo amablemente le llevó un vaso de leche con galletas, preocupado de que no comiera.

A Nigel hace muchos años que nadie le cuida, él se cuida solo. Su Gabi - debe dejar de pensar así en ella - le cuidó al principio, hasta que vio dónde se estaba metiendo y entonces dejó de hacerlo, para cuidarse ella misma. De él. Luego apareció el puto Charlie y acabó de joderlo todo.

- ¡Vamos, cabrón, despierta! - oye al otro lado de la puerta -. Tenemos trabajo que hacer.

- Voy. Ya voy.

Nigel huía anoche hasta que se encontró con Adam en el parque y éste quiso enseñarle las estrellas. En ningún momento le preguntó qué hacía allí, más que preocuparse por la herida que tenía en la cara. Y ahora tendrá que ajustar cuentas con Lucas por jugársela, Nigel jamás dejaba pasar esas cosas.
Abre el cajón de la cómoda y rebusca bajo sus calzoncillos, encontrando la pistola. Toma otra de sus camisas - lisa, negra - y sale de la habitación.

Lucas es hombre muerto.

(....................................)

El día a día en el trabajo de Adam es todo un desafío para él. Aunque ama todo lo relacionado con el Universo, no trabaja con algo relacionado con dicho mundo. Adam es ingeniero electrónico, a él llegan juguetes para dotarlos de vida, de personalidad. Reconocimiento facial, diálogos casi humanos, movimientos cada vez más perfectos. El jefe de Adam está contento con él, por eso cuando Adam ve que se acerca espera que le hable amablemente, como siempre ha hecho.

- Adam... siento mucho tener que decirte esto - empieza diciendo.

Adam no le mira a la cara, sus ojos bailan por el cuello del hombre, camisa y hombros, pero jamás le mira. Se teme lo peor.

- He de recortar personal... te tienes que ir, Adam. Lo siento.
- ¿Irme? ¿Irme dónde? - no sabe de lo que le está hablando.
- A casa, Adam.
- ¿Puedo volver mañana? - sigue sin comprender.

El jefe de Adam le contrató por mediación de su padre, en principio haciéndole un favor al chaval. Luego descubrió que Adam es una persona inteligente y trabajadora, puntual y cumplidor. En honor al padre de Adam lo había alargado un par de meses, pero ya no podía seguir trabajando ahí.

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