Parte 18: Calle Betis

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-¡Míralo!, ¡los pelos que le ha puesto! -Olga se llevaba las manos a la cabeza, sentada en la silla metálica de aquel velador en el margen del río- ¡Si parece un erizo de mar!... ¡te lo dije!, ¡que esa tía relía a mi Loco!

-Shiii -chistó Mariana-, no exageres, que se van a enterar. ¡Y deberías alegrarte por él!

-Si me alegro, pero es que yo con mis amigos soy mu madre, ¡y hay mucha lagartona suelta! -Senaló a la pareja, que avanzaba hacia ellas por aquella concurrida calle, llena de terrazas y abarrotada de gente tomando copas-. Y no te preocupes, que todavía no nos han visto... solo tienen ojos para ellos, ¡míralos!, ¡otra vez morreando!

-Es normal, la primera fase de pasión siempre es así -Mariana sonreía-. Perdona que te lo diga pero... ¡yo a él lo veo mejor que nunca!, y ella es espectacular: ¡qué estilazo de tía!

-Desde luego, parece una muñeca Monster High, no me extraña que el Loco esté tan contento.

En ese momento, Saúl las vio y levantó una mano, apresuraron el paso y, filtrándose entre diversas mesas, pudieron llegar hasta ellas.

-Ya estamos aquí, os presento a Paula.

Paula saludó con la mano. Olga, sentada, devolvió el saludo, mientras que Mariana se levantó y les dio dos besos a ambos. La pareja recién llegada se sentó, mirando las dos copas de balón que había sobre la mesa.

-¿Qué estáis tomando? -preguntó Saúl.

-Yo lo de siempre, un legionario con cola... no como otras -dijo Olga, removiendo su copa y señalando la otra, donde un líquido transparente con tonos rosaceos burbujeaba entre el hielo, haciendo temblar sobre la superficie un conjunto de cáscaritas y hojitas secas-. Hay quien se ha pasado a la moda de los gin-tonics con alpiste.

Todos rieron.

-¡Jo!, tenia razón mi prima, las sevillanas sois la monda.

-Bueno, hay de todo... hay gente más simpática y gente menos -terció Mariana-, pero que te quede una cosa clara: a pesar de todo, somos gente seria.

-No lo pongo en duda, oye, ¿esa ginebra es rosa?

-Sí, es de aquí, "Puerto de Indias", aromatizada con fresas naturales.

-¡Uhh!, cuidado, ¡me han dicho que da dolor de cabeza! -Sául levantaba las manos en señal advertencia.

-¿La has probado?

-¡No!, pero me dijo uno que...

-¡Eso es un bulo!, yo es lo que tomo siempre, en ocasiones hasta tres copazos y no me duele nada -Mariana removía la copa observando su rosacea transparencia al trasluz-. Las habladurías son casi una tradición: cuando alguien de aquí se atreve a emprender, su misma gente lo critica.

-No es cosa solo de aquí. -Paula había agarrado la copa y la pasaba por debajo de su nariz, olfateándola-. Ocurre en todos sitios, y lo dice hasta la Biblia: "nadie es profeta en su tierra".

-¡Anda!, ¡y lees la Biblia!... -gritó Olga-. ¡Yo te creía más esotérica!... lo digo por lo del chat ese donde te conocimos, bueno y por tu aspecto... y eso... perdona si te molesta.

-No me molesta, lo soy. El esoterismo se refiere a trabajo interior, leo la Biblia y cualquier cosa que me llegue a las manos, pero siempre lo interpreto desde mí misma, no desde lecturas que hacen otros.

-¡Anda!, me gusta. -Olga le agarró una mano y acarició sus esmaltadas uñas negras-. Perdona si antes estuve así de saboría. Yo es que a mi Saúl lo quiero como a un hermano chico, y estaba a la defensiva: ¡hay muchas lagartas por el mundo!

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