12. ¿Quién es la patética ahora?

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—Joder —gimo al golpear mi cabeza contra una tabla de madera que no había visto.

Silencio. No queremos que escuchen nuestro escape.

Es casi imposible salir de este manicomio, hay dos hombres en el portón principal resguardando el lugar y estamos rodeados de un muro de al menos tres metros de alto. Por lo que la única manera de salir es por el portón.

No sé cómo haré para hacer que los guardias de seguridad se vayan de ahí, pero si no se van puede que tenga que herirlos, y por eso llevo una tijera oxidada que encontré en la enfermería. Puede que no mueran pero quedaran heridos.

Haré todo eso con tal de salir y cobrar venganza, disfrutaré cada segundo en el cual Damián será torturado por nada más y nada menos que la patética suicida o sea yo.

Vamos a ver quién es el patético ahora.

Me acerco y veo a los dos hombres hablando entre ellos, están de espaldas por lo que podrían simplemente saltar encima de uno de ellos y usarlo como rehén pero no quiero que descubran mi identidad.

Podrías haber usado un antifaz. Después de todo vamos a divertirnos.

—No me dejas pensar en un plan —digo lo más suave que puedo.

Podría yo simplemente matar a uno y tú al otro.

—No muertes, hoy solo habrá una muerte.

Y como coincidencia un grito se escuchó en lo más profundo del manicomio, para después escuchar una voz masculina pidiendo ayuda. Los hombres inmediatamente corren hacia la entrada del edifici, lo cual parece extraño porque nadie socorre a los dolidos en sus tiempos de muerte y eso que algunos gritan tan fuerte que retumba entre cada pared de este enorme infierno.

Los hombres corren y corren hasta que como por arte de magia desaparecen, como si fuese neblina, desaparecen de una manera sobrenatural.

Parece que no eran reales.

—Fantasmas —murmuro viendo la zona exacta donde se esfumaron. Y yo estaba segura de que este lugar estaba lleno de ellos pero nunca había tenido el placer de estar tan cerca de uno .

Me tienes a mí. Soy como un fantasma, pero más lindo.

—Como digas  —paso mi mirada por todo el lugar y simplemente somos mi querido "fantasma" y yo. Camino hasta el enorme portón negro —lo cual es bastante cliché— que está entreabierto. Lo empujo hasta tener el suficiente espacio como para salir, después lo cierro; por si a esos locos se les ocurre salir, después de todo hay demasiados locos aquí afuera, y están mucho más locos que los que hay dentro.

Siento una pequeña libertad al dar el primer paso fuera de ese lugar, al dar el segundo paso sonrío y al dar el tercero suelto una carcajada —Voy por ti Damián.

***

Frente a mí está la casa de esa persona que hizo mis días los peores, la persona que me hizo caer en la depresión y en las auto-lesiones, ese maldito que me ha hecho las peores canalladas de las cuales creía imposible que una persona hiciera ¡Cuánto lo odio! Lo odio desde la primera palabra despectiva, lo odio desde que hice mi primer corte, lo odio tanto pero quiero agradecerle por haberme hecho encontrar este hermoso mundo de dolor, sangre y locura; la única manera de agradecerle es ayudándolo a llegar a ese hermoso lugar donde van las personas cuando mueren. Esa será mi manera de agradecerle por lo que me hizo, espero que realmente le guste mi regalo, porque será el primero y último que reciba  

Pero recibirá flores, aunque será su funeral y él no podrá verlas. Pero son regalos después de todo, él estará feliz, y también otras personas porque un hijo de puta de esos no merece vivir en este mundo.

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