-Capítulo 2 "Amistad es igual a locura"-

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Tras el último timbre, los alumnos comenzaron a salir, cual avalancha, de los cursos. Entre estos se encontraban Alma y sus amigos, quienes habían terminado antes y se habían arrellanado nuevamente en las escaleras.

Fran, por otro lado, estaba sentado en una abertura que había entre la pared y el pequeño cuarto de cinco por cinco que llamaban preceptoría.

Con los audífonos en las orejas y su mochila en el regazo, el chico calculaba los veinte minutos que tardaría en "subir al colectivo", cosa que no haría: había dos cuartos de hora de distancia hasta su casa, y eso era justo lo que le tomaría en llegar a pie sin que nadie se enterase.

Repentinamente, sintió que una carpeta caía sobre su cabeza. Al levantar la vista se encontró con una chica menuda y delgada que lo observaba sonriente con ambos brazos colocados en la cintura.

—Levántate, nuevito. Queremos presentarte a alguien.

— ¿A mí? —tartamudeó Fran, que daba su primer día de clases por acabado.

—No, al cuadro que tienes encima —mencionó sarcásticamente otra joven que acababa de aparecer. Era unos centímetros más alta que la otra, tenía el cabello castaño cortado hasta un poco más abajo de los hombros y unas pupilas azules que adornaban su cara.

A Fran le cayó bien enseguida, y ni siquiera sabía por qué.

—Está bien, no sean agresivas. Es nuevo —esta vez era un muchacho del mismo tono de pelo que las dos chicas que lo acompañaban; era alto y tenía unos fríos ojos marrones —. Me llamo Benjamín —comunicó —. Ellas son Marian —señaló a la amiga que seguía con los brazos pegados a su cuerpo, en un gesto autoritario—, y Lara —hizo un ademán con la cabeza para indicarle a la de los ojos claros.

—Okey —comentó Fran parándose —. ¿Y a qué se debe esta reunión? Digo, si se puede saber.

—No, no se puede —finalizó otra integrante del grupo, ingresando a la escena. Era alta y tenía el cabello negro —. Estamos haciéndolas esperar demasiado.

— ¿A quiénes?

— ¡Sh! —cortaron todos.

El plan de Cami se estaba desarrollando a la perfección: encontrar a Franco, llevarlo ante Alma y dejar que ocurriese la magia.

La votación habría sido unánime si no hubiese sido por Marcos y sus "malos presentimientos". Lara (la coautora intelectual) había pasado por alto el voto ya que todos sabían que Nedel gustaba de Alma desde hacía tiempo, y no arruinarían un posible romance por las peticiones de un cobarde que nunca se decidía a dar el paso final.

—Vamos, nuevito. Vas a tener una cita a ciegas —sonrió Mar.

***

— ¿Qué sucede, Pulmón? —exclamó Alma, cansada ya de esperar a sus otros amigos.

—Nada, Corazón —rió Julia —. Solo debemos esperar. Riñón nos avisará cuando los demás estén viniendo.

— ¡Que no me digan Riñón! —gritó Camila desde la lejanía —. Si ustedes tienen apodos raros que involucran órganos, no es mi problema —se giró y les mostró una sonrisa divertida.

—Eres una aguafiestas. Seguro que tienes piedras en tu sistema —habló Al, provocando las risas de las tres.

—Sí, sí. Como tú digas. ¡Vamos, siéntense que ahí vienen! —dijo Cam mientras corría a su lado de los escalones.

— ¿Quiénes?

Pero la pregunta de Alma no necesitaba respuesta, porque en ese momento sus dudas se disiparían.

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