De amor y venganza

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Lo primero que sintió al despertar, fue un atroz dolor de cabeza seguido de un llamativo dolor muscular en sus piernas. Asuna intentó abrir los ojos pero la luz proveniente de la ventana le resultó cegadora y se cubrió instintivamente la cabeza con mantas. Y si bien se acordaba de todo lo que había sucedido en la noche, se dijo que definitivamente no volvería a beber nunca más en su vida.

—Buenos días, mi reina. ¿Cómo llevas esa resaca?

—Hmmm... —Asuna soltó un quejido mientras sentía el colchón hundirse a su lado.

—Veo que nada bien —rio burlón.

—Te recuerdo que esto es tu culpa —acusó levantando las mantas para liberar su rostro y mirarlo con un puchero marcado en sus labios.

—¿Disculpa? Yo solo te hice beber un shot, el resto corrió por tu cuenta.

—Ajá... —le sacó la lengua y volvió a taparse el rostro maldiciendo haber bebido tanto anoche.

—Asuna sal... te traje el desayuno y una píldora para la resaca. No serán tan ricos como tu comida, pero me esforcé.

Más entusiasmada por curar su resaca que por el desayuno, Asuna descubrió su rostro y se sentó manteniendo las sábanas cubriendo su pecho desnudo. Tomó la botella de agua, la píldora y la tomó, notando lo muy sedienta que se encontraba.

Él se dedicó a contemplarla en silencio mientras bebía más agua y engullía algunos hot cakes que había cocinado. Si bien no eran tan ricos como los suyos, no podía quejarse de la mano culinaria de su novio.

—¿Qué tanto miras?

Los ojos grises se clavaron en su mirada un largo rato antes de contestar.

—Trato de entender todo lo que sucedió estos días.

Culposa, se mordió el labio inferior y volvió a acomodar las sábanas que, rebeldes, se deslizaban por sus pechos. Los ojos de su novio, varias veces caían en esa sensual trampa.

—Anoche intenté descubrirlo, pero he de admitir mi derrota ante ti una vez más, mi reina.

Las mejillas de Asuna tomaron color al oír nuevamente ese apodo, ya que lo reservaban para los momentos de mayor intimidad, y si bien no tenían memorias de ese tiempo donde habían reinado realmente, parte de sus almas sentía como natural y familiar aquél trato. Alguien alguna vez le había dicho que nada de lo que sucede se olvida jamás, aunque no puedas recordarlo... y esa frase, había quedado grabada por siempre en ella y las repetía cada vez que podía, aunque no podía recordar quién había sido el propietario.

—Ante tales palabras y al ver su derrota, creo que usted se merece la verdad, mi rey.

Así, Asuna habló con suavidad, explicando desde el ultimátum impuesto por su madre hasta la apuesta que había realizado contra sus amigas. Al terminar, observó la cara contrariada de su novio, temerosa de que se enojara de pronto con ella.

—Okey... —Kazuto se rascó la nuca con algo de incomodidad—. Digo yo... ¿no era más fácil pedirme ayuda para la apuesta? Ni que me negara a seguirte en alguna misión que quieras.

—Bueno, no —tomó una de las manos de su novio aliviada de no ver enojo en sus ojos—. No eres muy bueno actuando, hay que admitirlo. Además... hubiera perdido toda gracia y veracidad. Y... ahora nadie podrá acusarme de la única celosa de la relación.

Frunció las cejas no muy convencido de las justificaciones, mas no evitó el contacto que ella había iniciado.

—¿Cuál es la misión?

Those Kinda NigthsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora