Capítulo 31: "No me llames Carly".

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-William -me contestó con una sonrisa de medio lado. Abrí los ojos sorprendida. ¿Qué había podido hacer William para que una chica alegre y feliz se transformara en una callada e insegura?

-¿Qué hizo? -le pregunté en un hilo de voz.

-Como te dije antes, si alguien es correcto para contártelo, es él -dijo mientras empezaba a tocar otra melodía de nombre desconocido para mí. Me centré en la música. Era relajante, muy relajante. Cerré los ojos y pensé en las notas. En las notas de música, en que se cruzaban, se movían, pero nunca se separaban. Las notas éramos William y yo. Me di cuenta de que el móvil estaba sonando. Sarah, al parecer, también se dio cuenta, y dejó de tocar. Miré la pantalla y vi que era Louis.

-¿Qué pasa?

-¿Dónde estás? -me preguntó. Hubo un silencio de unos cuatro segundos.

-En casa de Sarah.

-Voy a por ti -después, me colgó. Rodé los ojos.

-¿Pasa algo? -me preguntó Sarah cuando vio que me levanté de la silla verde y la volvía a dejar en su sitio.

-Sí, mi primo -le contesté-. Viene a por mí.

-Ya lo veo, ya -dijo mirando por la ventana. Se veía que había llegado por su Volkswagen Passat 2015 blanco.

-Bueno... Espero poder volver a verte Sarah -dije acercándome a ella y abrazándola.

-Eso no lo dudes Carla -nos regalamos una sonrisa mutuamente y salí de la casa. Me monté rápidamente en el asiento del copiloto. Miré a Louis. No puedo creer que sea mi primo. Es millones de veces más guapo que yo, y mucho más sociable. Es raro a la persona que no le caiga bien. Sus ojos azules miraban a la nada, y esperé a que arrancara el coche, a que hiciera algo.

-William está destrozado -susurró finalmente-. Por mi culpa -arqueé una ceja.

-No es por tu culpa -le dije acariciándole su mejilla. La barba de unos días se empezaba a notar.

-Si no te hubiera dicho el secreto que él te tenía que haber contado nada de esto hubiera pasado -dijo-. Quiere hablar contigo...

-Pues yo no quiero hablar con él... -susurré.

-No va a parar hasta encontrar la forma -dijo después-. Lo mejor es, que si no quieres saber nada de él, que le hagas daño -miré fijamente a Louis.

-No le voy a hacer daño -dije. Me abroché el cinturón, y miré a Louis-. Arranca, por favor -mi primo asintió con la cabeza y giró las llaves. Apoyé mi frente contra el cristal, y miré el paisaje, las casas, todo. Si por mí fuera, me hubiera quedado mirándolo siempre, pero el coche se detuvo antes de que yo quisiera que se hubiera detenido. Me desabroché el cinturón rápidamente, y me bajé corriendo del coche. Esperé a Louis, a que abriera. Pero, cuando tiré de la puerta, me di cuenta de que estaba abierta. Entré corriendo, y después entré al salón. Mis tíos, Danna y Riley y mis primas estaban allí. Pero, no estaban solos. Niall estaba con ellos. El rubio se levantó corriendo, y me rodeó entre sus brazos.

-Cuanto de menos te he echado... -me susurró al oído. No me causó nada. Absolutamente nada. Normalmente, sonreía como una tonta enamorada, o le decía, yo a ti también, pero, realmente, no le había echado de menos.

-Niall, tenemos que hablar -tenía que contarle la verdad. No podía seguir mintiendo de esta manera. Él arqueó una ceja, pero luego asintió con la cabeza. Me acerqué a mis tíos, y les di un beso a cada uno. Mi tía me acarició la mejilla y me regaló una sonrisa. Salimos de aquella casa, y empezamos a andar.

-¿Qué pasa Carla? -preguntó. Se miraba las manos, y yo me miraba los pies al andar. Siempre que tengo que contar algo de lo que me arrepiento, o siempre que estoy triste, los miro.

-Lo siento Niall -susurré. Él dejó de mirar a sus manos para poder mirarme a mí, pero yo, en cambio, miré un árbol. Se le caía una hoja, una hoja verde. Me siento como esa hoja. Ligera, pero llena de vida. Y cayendo. Yo también caía.

-¿Por qué lo sientes? -preguntó poniéndome una mano en mi hombro.

-Por no sentir lo mismo que tú -le susurré. Él no lo entendió. Buscó mis ojos, pero yo no buscaba los suyos. Yo, ahora mismo, quería desaparecer. Como lo hacían las estrellas cada vez que se hace de día. Yo quería desaparecer igual-. Niall, lo siento, pero... Te he estado engañando con otro a los pocos días de venir a Londres -no me atrevía a alzar la cabeza y encontrarme esos ojos llenos de vida igual que los míos, ahora, vacíos y tristes.

-¿Quién es, Carla? -preguntó en un hilo de voz.

-William -susurré. Él negó todas las veces que pudo con la cabeza.

-Él no te quiere -sentí como si miles de puñales se me clavaban en el pecho. Pero, me lo merecía. Él lo estaba pasando peor que yo.

-Lo sé -susurré-. Ni yo a él -dije.

-¿Entonces? ¿Por qué estás con él? -dijo mirando hacia el mismo árbol donde yo miraba.

-No estoy con él -le dije. Él me miró con una sonrisa de medio lado falsa-. Estoy enamorada de él.

-Es lo mismo que quererle -dijo Niall un poco cabreado. Se le notaba en la voz. Seguía mirando mis Converse color rojo. No me atrevía a alzar la mirada. Soy una cobarde.

-No es lo mismo -susurré-. Eso que te quede claro.

-Carly, yo... -entonces, en ese momento, fue el mismo en el que alcé la vista. Me había dicho Carly. Me había dicho Carly, me había dicho Carly.

-No me llames Carly -susurré-. ¡Ni se te ocurra llamarme Carly! -le grité ahora.

-¡Carla! -me giré. Había oído perfectamente la voz de Riley-. Carla, William acaba de estar en casa.

-¿Qué? -dije agarrándome el pelo.

-Louis le ha dicho "de tu parte"... -dijo Danna haciendo comillas en de tu parte-. Que le dabas asco -abrí los ojos completamente.

-Carla -me llamó Riley-. Si realmente quieres estar con él, si realmente te has enamorado de él. Corre. Ve a por él -miré sus castaños ojos.

-No pasas de nosotras Carla. Te has enamorado. Te has enamorado de verdad, y puede que te haya mentido, que sea un cabrón...

-Un pollo -dijo Riley. Danna rió-. Pero estás enamorada de él.

-Carla -me llamó ahora Niall-. Hazle caso a ellas -me regaló una sonrisa-. Corre -asentí con la cabeza y empecé a correr. Corrí. Ahora no miraba mis converse, ahora miraba el paisaje. Sentía el aire, sentía la desesperación. Desesperación por abrazarle. Abrazar al único chico que en tan solo escuchar como pronuncia una palabra, todos los pelos se me ponen de punta. De ese chico que me puede llamar Carly, del que puede hacer que me muerda el labio cuando estoy con él. Del que me puede hacer sentir cosas maravillosas. Del que me puede hacer sentir un zoológico en el cuerpo cada vez que lo veo. Del que, con tan solo escuchar William Adams, podría gritarle a la luna que nunca quiero separarme de ese chico. Cuando me encontraba a muy poca distancia de la casa de William, lo vi. Lo vi golpeándole a la moto. Corrí más. Más de lo que mis energías podían darme. Pero me daba igual. Necesitaba poder estar con él. Junto a él.

-¡William! -él alzó la vista. Llegué a su lado, y rodeé su cuello con mis brazos.

-¿Estoy soñando? -preguntó en un susurro. Rodeó mi cintura con sus brazos.

-No, no estás soñando. Estoy aquí, contigo, y nunca me voy a separar de ti, William -miré sus hermosos ojos. Los tenía húmedos. Le toqué la cara, y unimos nuestras frentes.

-¿Te da igual mi pasado?

-Me da igual todo tu pasado. Yo solo quiero estar contigo -vi su sonrisa, por primera vez, de cerca-. William -él me miró fijamente. Todo mi organismo empezó a arder-. Estoy enamorada de ti -él abrió los ojos como platos. Acarició mi brazo. Pasó desde mi hombro hasta mi mano. Mi mano la acarició con su dedo pulgar.

-Yo también Carly -lo miré. Esto no podía estar pasando-. Yo también estoy enamorado de ti -después, juntamos nuestros labios. Este beso, era real. No había nada sexual en él. Solo había sentimientos. Y no quería que esto acabara nunca. Estaba con William, besándome. ¿Qué más se puede pedir?

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