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01 Día de comienzo y de invasión

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Hace un siglo, unas criaturas colosales conocidas como giganteses aparecieron por primera vez y... Espera un momento. Ahora que lo pienso creo que no fue solo un siglo. A mí siempre me lo han contado como «hace cien años», pero han pasado unos años desde que lo escuché por primera vez y... Supongo que será siglo y cuarto o siglo y medio. No creo que hayan pasado 100 años exactos, sería demasiada casualidad y estaríamos hablando del aniversario de aquel acontecimiento.

Perdón, me estoy liando demasiado. Empezaré desde el principio.

Hace más de un siglo que los giganteses aparecieron. Estos seres tan poderosos se pusieron a devorar a la humanidad a diestro y siniestro, hasta acabar con casi todos nosotros. Bueno, yo no estaba. Me refiero a los humanos que había allí en ese tiempo. Al parecer, los pocos que sobrevivieron construyeron tres murallas aún más gigantes que los giganteses (que ya es decir) para protegerse de este nuevo enemigo y poder vivir en paz. Al primer muro, el que daba al exterior, lo llamaron Tribia. Al segundo, el intermedie, lo llamaron Dedala. Y por último, al que concentraba el castillo del rey y la alta nobleza en su interior, lo más alejados de los giganteses posible, le llamaron Únim, con tilde en la u. No tengo ni idea de cómo hicieron para construirlos antes de ser devorados, pero, gracias a su labor, la humanidad ha estado a salvo en su interior.

Ya es casualidad que ahora, después de más de cien años, tengan que entrar los giganteses y destrozarlo todo, pero así es como comienza esta historia.

Y hasta aquí el prólogo de la serie. Ahora pasaré a contaros el fatídico día en que la humanidad perdió una crueli y sangrienta batalla, que costó la vida de millones de personajes de relleno y de la madre de Edem.

Yo tenía once años y vivía en el distrito Sinsal-sinna, en el muro Tribia, el exterior, con mi abuelo. Mis padres habían sido protagonistas en una serie de gran éxito y se negaron a aparecer en esta como meros personajes secundarios. Así que si alguien pregunta, yo soy huérfano y vivo con mi abuelo, el cual siempre me quiso y me motivó a mejorar día a día y convertirme en el macho-man que soy hoy día. Me decía frases inspiradoras como: «Estás gordo, eres débil y no traes dinero a casa. Eres un inútil y una vergüenza para la familia». A raíz de eso empecé a hacer ejercicio para encontrarme mejor con mi físico, pero requería tanto esfuerzo y sacrificio que lo dejé tras realizar tres flexiones mal hechas y medio abdominal.

Mi mejor amigo, Edem, me ofreció unas pastillas para adelgazar, porque su padre era farmacéutico lejos de nuestro pueblo y guardaba cajas y cajas de medicamentos en su casa. Yo no me fiaba de los posible efectos de esas pastillas rosadas. Mi abuelo siempre me decía que no tomara drogas, que eran malas, tanto como la monarquía y la gente de derechas con sobrepeso. Me costaba entender sus palabras a veces, pero fueron suficiente para alejarme del mundo de los yonkis y los pastilleros. Rechacé el ofrecimiento de mi amigo y le di las gracias educadamente.

—Como quieras. Si cambias de opinión avísame. Mi madre se las toma a pares —me respondió Edem.

No. Si al final me despisto y acabo contando toda mi vida. Ya no sé ni de qué estaba hablando. En fin. ¿Os he dicho ya lo de los giganteses y los tres muros con nombres extraños? Ah. Ya me acuerdo de por dónde iba. Decía que yo me crié en el distrito de Sinsal-sinna hasta los doce años, edad que tenía durante el transcurso de esto que estoy narrando. Lo del episodio de las drogas y el boquete en el muro.

Ocurrió un día de esos en los que yo no fui al colegio por un ataque de pereza aguda con diarrea. No es que fuera un chico gandul, es que simplemente no me apetecía estudiar ni trabajar. A día de hoy tampoco, la verdad. Si creéis que eso me convierte en gandul allá vosotros. Paseaba por las calles del distrito en busca de Edem y Vivienda, mis mejores y únicos amigos. Ellos nunca iban a la escuela porque eran pobres (más que yo) y no podían permitirse ni lo que era gratis y obligado por ley. Por las mañanas, estos chicos solían ir a recoger madera y robar carteras o mendigar, por lo que fui a buscarlos para entretenerme hasta la hora de comer.

Ataque a los Giganteses¡Lee esta historia GRATIS!