Louis sabía que los gustos de los Styles eran ligeramente distintos a los que él estaba acostumbrado, por lo menos en lo que a estilo de vida se refiere. Por lo tanto, procuró no quedarse observando mucho tiempo cada punto la tarde que visitó su casa por primera vez.

Para ser dueños de una de las constructoras más grandes del país, vaya que tenían buen gusto. No estaba seguro de si tenían más dinero que su padre, menos o aproximadamente la misma cantidad, pero era evidente que invertían mucho más en su vivienda. Lógico, tomando en cuenta precisamente a qué se dedicaban.

Lo primero que vio cuando le permitieron pasar y conducir su auto a través de la parte empedrada hasta el estacionamiento a un costado, fue el impecable y perfecto jardín, con varios árboles y el césped recién cortado. Siguiendo ese camino de baldosas en medio de la alfombra verde natural, una fuente hacía ruido justo frente a la entrada principal de la casa, con dos más pequeñas a cada lado, que dejaban caer el agua al piso. Después estaba la casa, con paredes que parecían de mármol (o probablemente lo eran), columnas en el pórtico, enormes ventanales e incluso un par de torres. Se preguntó si en verdad había allí habitaciones o solo estaban ahí a modo de decoración. La casa imponía, y si no hubiera llevado los lentes de sol puestos seguramente lo habría deslumbrado.

Y por dentro le hacía justicia al exterior, las escaleras principales se dividían en dos por la parte de arriba para llevar a ambos extremos de la casa, los muebles se veían costosos incluso a simple vista y otras tantas columnas jónicas se dejaban ver cada cierto número de pasos. Era algo excesivo, en su opinión. Él siempre había vivido en una casa menos grande, en un estilo más sencillo, y eso no significaba que no pudiera gastar millones en cualquier cosa que le gustara. De cualquier forma, procuró no distraerse, y en cuanto encontró a una de las mujeres de limpieza le pidió indicaciones para encontrar a su novio.

Se perdió en un par de ocasiones, pero finalmente logró dar con la habitación. Adentro, en una alcoba tan grande como supuso con relación al tamaño de la casa en general, Harry ya lo esperaba recostado en la cama Queen Size y sonriendo grande a la puerta. Incluso llevaba una pequeña flor en el cabello.

—Bienvenido a mi palacio, señor Tomlinson.

Louis sonrió de lado y sin darle tiempo de decir nada más, corrió y se dejó caer sobre él con cuidado para besarlo con todas las ganas que guardó durante las veinte horas que no lo había visto. Cuando su respiración comenzaba a agitarse en grandes velocidades, muy convenientemente recordó para qué estaba ahí, que faltaban aproximadamente veinte minutos para la hora acordada y los nervios llegaron de golpe. Se alejó de Harry para mirarlo.

—Voy a conocer a tus padres.

—¿Y?

—Tengo que ir al baño —dijo y se levantó dispuesto a salir de la habitación. Sabía donde quedaba un baño, lo encontró sin querer abriendo la puerta equivocada en busca de la habitación de Harry.

Y claro que los nervios lo estaban haciendo pedazos, parecía que presentía el desastre de la cena. Aunque resultaría peor de lo que pudiera imaginar, con un interrogatorio a fondo, silencios incómodos y algunos comentarios poco discretos que le indicaba a Harry que sus padres no estaban felices con su nueva relación.

Antes de que Louis llegara a la puerta para salir a hacer sus necesidades, Harry gritó en tono juguetón.

—¡Mi guardia le prohíbe abandonar mis aposentos sin autorización previa!

Louis miró de nuevo a la cama y ahí estaba, tratando de contener la sonrisa que mostraría sus precioso hoyuelos y frunciendo el ceño, señalándolo de manera acusadora y abrazando contra su pecho un peluche del oso Rilakkuma. No pudo contener un suspiro, porque Harry era definitivamente lo mejor que le había pasado.

Disenchanted || Larry Stylinson¡Lee esta historia GRATIS!