Viernes
Si tenía la opción de evaluar el día del uno al diez, le pondría uno y si tuviera que decir algo de ese día, diría que fue un día de mierda. Todos mis intentos de acercarme a Asuna eran interrumpidos por todo estudiante existente en ese instituto. Ni siquiera tuve la oportunidad de almorzar a solas con ella. Parecía que todo el mundo se había confabulado en mi contra y se oponía a que yo tuviera un momento a solas con quien, hasta donde yo sabía, era mi novia. Hasta el clima parecía confabular en mi contra con sus nubes amenazantes de lluvia.
En la cafetería, Keiko, Rika y Asuna se la pasaron hablando del día siguiente, de los preparativos y de lo que esperaban que sucediera en la fiesta. Lo mejor, sarcasmo puro valga la redundancia, llegó cuando el grupito de chicos de la última vez se acercó a Asuna a preguntarle si quería que la pasaran a buscar al otro día por la casa para llevarla a la fiesta, como si yo fuera invisible. Indignante.
—Eh, Asuna, ¿qué tal va todo?
—Hablando con los muchachos, nos preguntábamos...
—Si no querías que te pasáramos a buscar por tu casa para ir juntos a la fiesta mañana.
¿Desde cuándo yo, que era conocido como el salvador de SAO, el mejor espadachín negro y sobre todo, la pareja de la sub comandante, había dejado de existir? ¿Desde cuándo había perdido el respeto de los demás?
—Oh... es muy amable de su parte —había contestado ella con su típica sonrisa conciliadora—, pero ya arreglé con mis amigas. Lo siento.
Por supuesto... yo, no había dicho nada. Pero un "por respeto a mi novio aquí presente, no me parece adecuado lo que preguntan", no hubiese estado mal.
Al final de clases, cuando quise ir a buscar a Asuna para por fin hablar, me encontré con otra maldita puerta cerrada. Resultaba que se tenía que ir con una compañera de curso a terminar un trabajo en el que se había retrasado por culpa del día que se había ausentado.
En definitiva... Asuna parecía tratarme como siempre, pero yo no estaba loco. Estaba pasando algo raro y Asuna me estaba evitando a toda costa... o la vida había tomado la decisión de ir en mi contra. No, definitivamente Asuna me estaba evitando.
—Papa —Yui apareció al lado de mi cabeza, sentada sobre sus piernitas en la almohada—. No veo nada raro en mama.
—¿Estás segura? —pregunté girando mi cabeza hacia ella.
—¡Si! La observé como me pediste, pero está normal. De hecho está trabajando muy duro en el trabajo con su compañera. Me dijo que quería terminarlo hoy para así ya estar libre mañana para el cumpleaños de Liz.
—Ya —bufé molesto, porque no podía creer que no estuviera molesta y solo fuera una simple serie de casualidades. ¡Me había llamado Kazuto! Y desde ese día, no había vuelto a estar un segundo a solas con ella, ni en la vida real, ni en la virtual. Estaba comenzando a enloquecer—. Gracias Yui.
—¿Estás preocupado? —me preguntó colocando una manito sobre mi frente.
—No, tranquila. Solo son imaginaciones mías.
—De acuerdo. Iré con mama entonces, que me pidió ayuda.
Asentí con la cabeza y me saqué el augma cuando mi pequeña hija desapareció. Ya estaba siendo demasiado y yo también le estaba dando muchas vueltas al asunto cuando tenía que tomar las riendas y el camino directo. Dejé que pasaran al menos una hora y media para ponerme en acción.
Tomé mi celular para terminar con la tortura.
Asuna, todo bien?
Para mi sorpresa, la respuesta no tardó en llegar, pero en videollamada.
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Those Kinda Nigths
RomanceLa vida real a veces resulta abrumadora y a veces, extrañamente satisfactoria, sobre todo cuando el mundo conspira en contra de Kirito para volverlo loco.
