Ultimatum

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Miércoles por la mañana y no había pasado ni una hora desde que había entrado a clases que ya estaba perdida en sus pensamientos sin prestar atención a lo que el profesor de historia estaba diciendo. El estómago le rugió recordándole que se había salteado el desayuno y que faltaban más de tres horas para que pudiera ir a comer algo. Incluso el clima se había complotado en su contra para volver ese día eterno. Las nubes negras cubrían por completo el cielo que solía quedarse viendo por horas cuando el sol era el protagonista y la lluvia arruinaba sus esperanzas de cambiar el humor.

Desde hacía casi dos semanas seguidas que su madre, apenas la veía, le preguntaba respecto a su decisión de a qué universidad iba a aceptar ir. Por supuesto, bajo la exigencia de su madre, se había postulado para varias universidades de Tokio con la esperanza de poder demorar su elección y, desde luego, había sido aceptada en todas. Esa mañana, antes siquiera de llegar a tomar el desayuno, su madre la había abordado y puesto un ultimátum de una semana, en caso contrario ella iba a decidir por su futuro. No tuvo que iniciar ninguna discusión para que el hambre abandonara su cuerpo, la angustia se apoderara de ella y las ganas de salir corriendo tomaran el control de sus acciones. Así era como Asuna Yuuki había iniciado su mañana. Sin desayuno y con un humor de pocos amigos.

Había llegado a la escuela con una sonrisa fingida en sus labios y con muchas ganas de estar con la única persona que podría darle consuelo. Quería evitar a el resto del mundo, pero para seguir con la mala suerte de la mañana, no logró encontrarlo antes del sonar del timbre que indicaba el inicio de clases. Resignada a cumplir con su responsabilidad, porque ni siquiera era lo suficientemente rebelde como para faltar sin permiso, se dirigió a su aula sabiendo que lo vería a la hora del almuerzo.

Desde hacía mucho tiempo que Asuna sabía lo que quería para su vida; el problema era que eso que ella quería no era lo que su madre esperaba de ella. Parecía absurdo y para muchos seguramente lo era, incluso la tratarían de patética si lo confesaba en voz alta... pero ella lo único que quería, con todo su corazón, era seguirlo a él a donde fuera que la vida lo llevara. No importaba el mundo, el lugar o el tiempo, ella sabía que pertenecía a su lado, que doscientos años no habían sido suficientes (a pesar de ya no tener esos valiosos recuerdos) y que no podría alejarse de su lado jamás.

Asuna soltó un largo suspiro cuando la clase a la que no había prestado atención, había terminado. Sonreía a sus compañeros con cordialidad y respondía casi con monosílabos. La realidad es que su cabeza estaba en otro lado, buscando un milagro que la hiciera tomarse un año sabático para esperarlo a él y así poder tomar decisiones juntos, como venían haciéndolo hace años, más de los que podría recordar.

Con el pasar de las horas la tormenta se intensificó y llenó el cielo de relámpagos que la hipnotizaron con sus colores. El cielo se iluminaba cada pocos segundos como si entendiera el caos que se estaba montando en su interior. Los rayos que cruzaban las nubes e iluminaban parte del cielo oscuro de un color violáceo la tenía tan distraída que no se había dado cuenta que el horario del almuerzo había comenzado hacía un rato y que alguien, a su lado, la miraba con curiosidad.

—¿Asuna?

La voz que provenía de su derecha sonó tan cerca suyo que no pudo evitar dar un salto en su lugar. A su lado, Kazuto le sonreía a manera de disculpa.

—¡K-Kirito! ¿Qué haces aquí? ¡Estamos en clase! —exclamó aún con una mano en el pecho, tratando de apaciguar los latidos de su corazón.

Él alzó una ceja y negó con la cabeza. El cabello negro de su frente cubrió un poco sus ojos ante el movimiento.

—Asuna... el horario de almuerzo comenzó hace veinte minutos.

—¡¿Qué?!

Asuna, espantada, miró a su alrededor queriendo confirmar las palabras de Kazuto. Efectivamente el aula estaba vacía a excepción de ella. ¿En qué momento había pasado el tiempo? ¿Cómo era que se habían ido todos y ella absorta en los colores del cielo? ¿En qué momento se había perdido todas las clases de la mañana?

Those Kinda NigthsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora