ANEXO 4. TEXTO DE "LOS 7 CUENTOS" PARA LOS ESTUDIANTES DE PRIMARIA

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(1). El elefante en la oscuridad

Un indio llevó su elefante a una feria de un pueblo para exhibirlo. En ese pueblo, nunca habían visto un elefante. Ni siquiera podían imaginarse como sería aquel gran animal. Como era de noche, el indio dejó su animal en el establo y se fue a dormir.

Un grupo de jóvenes curiosos, que no podía esperar hasta que empezase la exhibición, fue al establo para ver al animal. Pero estaba muy oscuro y no había luz alguna. La única manera que tenían para hacerse una idea de cómo era aquel animal desconocido era a través del tacto, tocándolo con las manos. Así fue como, en completa oscuridad, se acercaron al animal y empezaron a palparlo una y otra vez.

Cada uno se hizo una idea específica del animal a partir de su propia percepción y su propia experiencia. Salieron del establo y se sentaron alrededor de una piedra. Empezaron a contar cómo se imaginaban que era el elefante.

El que había tocado la pata, imagino al elefante como una gran columna. Otro, que había tocado su lomo, definió al elefante como una pequeña montaña. El tercero, que había tocado su oreja, lo describió como una enorme mariposa. El cuarto, que había tocado la trompa, estaba convencido de que aquel extraño animal era muy parecido a una serpiente.

El día siguiente, cuando por fin vieron el elefante a la luz del día, se dieron cuenta de la hermosura del elefante y de cómo se habían equivocado. La percepción parcial, la experiencia de cada uno de ellos, era verdadera. Sin embargo, todo lo que dijeron sobre el elefante, en su definición, era falso. Todos se equivocaron porque ninguno consiguió una imagen completa de lo que realmente es un elefante.


(2). Ata tu camello

Un maestro viajaba con uno de sus discípulos a través del desierto. El discípulo estaba a cargo del cuidado del camello. Llegaron de noche, cansados, a un oasis. Era responsabilidad del discípulo atar el camello; sin embargo, no lo hizo y lo dejó suelto. En su lugar, se limitó a rezar, le pidió a Dios: "Cuida del camello," y se durmió.

Por la mañana el camello se había ido, lo habían robado o se había escapado. Cualquier cosa podía haber pasado. El maestro preguntó: "¿Qué ha pasado con el camello? ¿Dónde está el camello?" El discípulo dijo: "No lo sé. Pregúntele a Dios, porque le pedí a Alá que cuidase del camello. Yo estaba demasiado cansado así que no sé. ¡Y no me haga responsable, porque se lo pedí a Dios de manera muy clara! Ese no ha sido el problema. No se lo pedí sólo una vez. De hecho, se lo pedí tres veces. Usted me ha enseñado '¡Confía en Alá!' y yo lo he hecho. Así que no me mire con esa cara de enfadado".

El maestro dijo, "Confía en Alá, pero antes ata el camello porque Alá no tiene otras manos que las tuyas. Si Él quiere que aten el camello, Él tendrá que usar las manos de alguien. No tiene otras manos. ¡Y es tu camello! La mejor manera y la más fácil y el camino más corto es utilizar tus manos. Confía en Alá, no confíes sólo en tus manos o te sentirás sólo. Ata el camello y luego confía en Alá".

(3). El anciano chino

Un anciano chino vivía en una pequeña aldea china una sencilla vida china.

Cierto día, se despertó para descubrir que su único caballo había desaparecido. "¡Vaya tragedia!", dijeron los vecinos del pueblo. "¡Tan mayor y sin un caballo con el que trabajar las tierras! ¿Cómo vivirá?" Y fueron todos a su casa a compadecerse de él. El anciano chino, al ver aquel gentío delante de su puerta emanando tragedia, simplemente asomó la cabeza y dijo "¡Qué más da! ¿Buenas noticias? ¿Malas noticias? Dios proveerá".

Días más tarde, apareció el caballo desaparecido conjuntamente con una manada de caballos, muchas yeguas y un pequeño potro. "¡Vaya suerte!", dijeron los vecinos del pueblo. "¡Tan mayor y con tantos caballos que nunca más tendrá que trabajar la tierra! ¡Incluso un potrillo que vender!" Y regresaron todos a su casa a celebrarlo con él. El anciano chino, de nuevo, asomó la cabeza por la ventana y dijo "¡Qué más da! ¿Buenas noticias? ¿Malas noticias? Dios proveerá".

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