ANEXO 1. TRANSCRIPCIÓN DE LA ENTREVISTA CON LA PRESIDENTA VERONICA GAREN

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RG: Buenas tardes, Presidenta. Ante todo, muchas gracias por recibirme. En nombre de "El Confi", el periódico líder de España, le agradezco su disponibilidad. Por favor, hábleme del proceso de Independencia. Tengo muchas pequeñas contradicciones entre la versión española y lo que he escuchado en mis semanas aquí...

VG: Recordemos la época en que se produjo la Independencia. A principios de 2015, después de tres años de duros recortes, la tensión social era máxima. La población sufría el azote gubernamental en forma de desahucios, abandono sanitario y asistencial. La situación económica era desastrosa: paro, cierre de empresas, aumento de impuestos y seguros sociales, subidas del precio de la luz y cese de prestaciones. Una parte importante de la población se vio arrinconada a pasar hambre y frío. Mientras, los dirigentes políticos y económicos se burlaban del sistema. Subvencionaban a los bancos y a las grandes constructoras. Salían impunes de sus delitos de corrupción, enriquecimiento ilícito y evasión de capitales. A veces, utilizando amañadas amnistías fiscales o instrumentalizando su condición de aforados para escapar del peso de la Justicia. Otras veces, cuando se producía una sentencia con condena en su contra, acudiendo al indulto, después de avasallar a jueces y fiscales.

El descontento en Valencia era, si cabe, mucho mayor. Tras la pérdida de las extintas Bancaja y CAM, las dos entidades financieras valencianas, y el cierre de la televisión autonómica, se declaró la quiebra sobre el equipo de fútbol local. El Parlamento valenciano alcanzó el nefasto prestigio de ser el parlamento con el record de políticos imputados por la Justicia en casos de corrupción y malversación de fondos públicos.

La respuesta del gobierno, contra todas luces, fue aumentar la represión policial sobre la población. Por un lado, limitó el derecho de manifestación con multas que arruinarían a cualquier familia. Por otro, aumentó por decreto el número de contingentes antidisturbios al facultar a la seguridad privada a realizar detenciones públicas.

En aquel contexto, tocaba celebrar elecciones Municipales y Autonómicas. Las candidatas eran casi todas mujeres puestas a dedo por los partidos mayoritarios para lavar su cara sucia. Pero estas mujeres se vieron abocadas a una campaña electoral sin el apoyo de la televisión oficial y empezaron a tratar a la ciudadanía de tú a tú. Una consecuencia imprevista fue que empatizaron fuertemente con la población e intentaron hacer oír sus voces. Pero los partidos no quisieron escuchar. Echando mano de sus reglamentos internos, las descalificaron e intentaron sacarlas de las instituciones, una vez electas, en un movimiento que se entendió como un "pucherazo electoral" en toda regla.

Dos gotas colmaron el vaso. Primero, la Unión Europea denunció que el gobierno había manipulado los datos macroeconómicos de España para salir bien en la foto electoral y exigió mayores recortes y mayores subidas de impuestos. Luego, la aprobación definitiva de la ley que criminalizaba el aborto supuso un fuerte golpe contra las mujeres.

En los primeros días de mayo de aquel 2015, hubo multitud de manifestaciones de protestas pacíficas, siguiendo la tradición de las "mareas blanca, verde y rosa". Pero la única voz que se escuchaba del gobierno era una represión brutal de la policía y de enormes contingentes de seguridad privada. Los primeros enfrentamientos fuertes los protagonizaron los bomberos. Como quizás sepa, este colectivo de funcionarios siempre estuvo del lado de la población. Amplios colectivos de hombres se sumaron a las protestas y los enfrentamientos crecieron en número y en intensidad.

El envío de refuerzos policiales por parte del gobierno desencadenó un enfrentamiento violento, muy parecido al que se vivía en Ucrania en aquellos días. El choque se cobró una docena de víctimas mortales, miles de detenciones y sanciones a decenas de miles de ciudadanos utilizando supuestas "vigilancias electrónicas". La situación estaba fuera de control y todo apuntaba a una batalla urbana sin precedentes entre fuerzas antidisturbios y la población, principalmente masculina. Como usted sabrá, en Valencia y alrededores siempre han sido muy aficionados a la pólvora y a los petardos.

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