25.- MÍSTICA, EXOTISMO Y SEXUALIDAD

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"La sexualidad tradicional confunde desnudo, masaje, sexo y amor", añadió la sexóloga. "Sin embargo, aquí distinguimos claramente entre un desnudo, un masaje, un encuentro sexual y una relación amorosa. Los lovetopianos aceptamos con espontaneidad desnudarnos o dar un masaje a amigos y desconocidos, reservando el acto sexual pleno y las relaciones amorosas de pareja para situaciones más íntimas y estables. Pero cuando no hay estabilidad de pareja, nos gusta disfrutar de encuentros sexuales ocasionales en los que ofrecer nuestra plenitud de ser sin pudor y sin sentir de culpa alguno. Es parte de la voluntad de conocer al otro".

La presencia de sex-shops, curiosamente, es mucho más habitual en Lovetopía que en España. Aunque las tiendas lovetopianas se presentan con nombres variopintos y ofrecen un catálogo de juguetes, disfraces y artilugios sexuales muy diferente. Apenas se ven consoladores y vibradores, pero sin embargo hay una amplia oferta de un tipo de huevo realizado con obsidiana, una piedra de origen volcánico. Según afirman, las mujeres se introducen estos huevos en sus vaginas para restablecer su sensibilidad interior y sanarla de bloqueos y heridas energéticas.

"La cultura de la penetración genital directa", continuó la sexóloga mientras golpeaba repetidas veces su cerrado puño izquierdo con la palma de su mano derecha, "es muy agresiva con el cuerpo y le quita sensibilidad a vaginas y penes. Con el tiempo, acumulan una tensión que bien puede entender como las durezas de piel o los callos que aparecen en otras partes del cuerpo. Recuperar la sensibilidad y sanar los genitales es fundamental para cualquiera que persiga disfrutar de una sexualidad más íntima y plena".

Otro aparato que seguramente desconocerán las mujeres españolas tiene forma de pesas y se utiliza para fortalecer los músculos interiores de la vagina. Además, el catálogo de disfraces y complementos es mucho más variado que en España, quizás debido a la afición por el streap-tease de sus mujeres y sus hombres.

En Lovetopía, la familiaridad con la sexualidad y con los genitales ha alcanzado también a los olores corporales. Muchos lovetopianos y lovetopianas han renegado de los desodorantes. Afirman que los olores corporales desempeñan una función biológica fundamental en la atracción entre hombres y mujeres y que la hermosura de un individuo también se expresa a través de su olor. Este rechazo a los desodorantes, sin embargo, no ha llegado a los perfumes. Aunque éstos son utilizados en mucho menor grado que en España. Aquí eligen perfumarse con una u otra fragancia como en España elegimos disfrazarnos con este o aquel disfraz. En lugar de ser un complemento de higiene cotidiano, utilizan el perfume como un elemento de juego para fiestas y encuentros extraordinarios.

Pero si lo anterior ya resultará escandaloso para la mayoría de los españoles, los lovetopianos se han atrevido a ir más lejos elevando los fluidos corporales a objeto de culto. Entre los hombres se practica el culto al semen, mientras que entre las mujeres se practica el culto a la sangre menstrual y a la lactancia materna.

"El semen es el elixir de la vida e incluye lo mejor que un hombre puede ofrecer a una mujer, su esencia vital", comentó mi informadora. "Tanto hombres como mujeres, cuando deciden una eyaculación masculina, recogen el semen respetuosamente y lo saborean. Además, entre las mujeres es habitual que se utilice como hidratante cutáneo de excepcionales cualidades".

Las mujeres lovetopianas, por su parte, abominan de compresas y otro tipo de productos de higiene femenina convencionales como las cremas y los tampones. La mayoría de las féminas en edad menstrual eligen utilizar compresas reciclables, de lava y pon, o copas menstruales que recogen la sangre. En este último caso, utilizan su sangre menstrual como nutriente para plantas e incluso como pintura para dibujos y cuadros.

Pero el culto a la menstruación no acaba aquí. La sociedad lovetopiana acepta la menstruación de sus mujeres con absoluta naturalidad. Muchas organizan su vida profesional, su vida social o su vida sexual en torno a su ciclo menstrual. Todas llevan un control espontáneo y compartido de las fases del ciclo y aceptan con agrado la variabilidad que se produce en sus cuerpos, en su fertilidad y en su emocionalidad.

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