25.- MÍSTICA, EXOTISMO Y SEXUALIDAD

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Balneario de Cofrentes, 21 de junio de 2033. Para entender la sociedad de Lovetopía plenamente, hay que acercarse a las nuevas creencias, rituales y costumbres que han adoptado como si de una nueva "religión" se tratase. El culto a la naturaleza, en todas sus formas y puntos de vista, ha adquirido en este país una exaltación colectiva que escandalizará a la mayoría de los españoles. Quizás, el único referente entendible que tenemos en España para encajar la nueva cultura lovetopiana sea la brujería y la herejía que con tanto esfuerzo erradicaron nuestros ancestros.

Las plantas y las flores son objeto de culto. Una primera aproximación permite avistar su devoción por el reino vegetal en sus jardines frutales, sus huertas urbanas y su política forestal. Cuando profundizamos, encontramos esta misma devoción también en su convivencia doméstica con plantas y flores y en sus investigaciones sobre robótica vegetal.

Sin embargo, los lovetopianos han llevado la cultura en torno a las flores a situaciones extremas. Ejemplos los encontramos en multitud de facetas de su estilo de vida. Es frecuente ver restaurantes vegetarianos cuya principal propuesta es una carta de platos cocinados con flores de lo más exóticos y divertidos. Las infusiones y preparados de hierbas son parte de la dieta diaria. La mayoría de los medicamentos habituales en España, algo que horrorizará a las grandes multinacionales farmacéuticas, han sido sustituidos por un amplio catálogo homeopático de recetas que combinan hierbas y flores. Hay invernaderos y parques públicos dedicados casi exclusivamente a las flores, de belleza y extensión equiparable a los famosos Kew Gardens de Londres, en Inglaterra. No hay barrio que no disponga de una floristería bien surtida de orquídeas y rosas, con ejemplares listos para ser regalados ante la más mínima escusa. Los decorados florales son parte integral de la vestimenta de sus mujeres. La bisutería floral también es corriente. Por último, las exposiciones sobre curiosidades botánicas son populares en ferias y festivales. Muchas hacen especial énfasis en la polinización, a la que denominan "la sexualidad de las plantas".

Esta devoción por plantas y flores sólo es superada por el culto lovetopiano por el cuerpo humano y la sexualidad. Sin embargo, su entender se aleja mucho de las costumbres españolas y contradice frontalmente nuestra cultura. Por un lado, critican con dureza nuestra publicidad y el uso frecuente de tecnologías digitales para alcanzar la perfección en el cuerpo femenino. Esta práctica, tan aceptada en España, es calificada negativamente por cualquier ciudadano como una "cosificación de la mujer". Opinan que sólo genera insatisfacción y ansiedad entre las mujeres porque intentan alcanzar una perfección que es ficticia y se aleja de la realidad de sus cuerpos. Por otro lado, han abandonado la tradición de pudor, vergüenza e intimidad sobre el cuerpo humano que abrazamos los españoles. Nuestro pasado judeocristiano y el liderazgo espiritual de la Iglesia Católica son ampliamente cuestionados, cuando no rechazados de plano.

"Conocemos bien nuestros orígenes", afirmó una sexóloga a la que entrevisté. "Recibimos de España una sexualidad oscura y sucia, cargada de culpa, muy genital y rápida. Pero hemos elegido evolucionar y disfrutar de una sexualidad luminosa y limpia, bendecida por lo divino, integradora del cuerpo y generosa en tiempo y gozo".

La sexualidad lovetopiana, abierta e inocente como parece, está repleta de contradicciones. La pornografía, una industria muy desarrollada en España, apenas existe aquí. Sin embargo, son habituales las tiendas de arte erótico que presentan desnudos integrales e incorporan en su oferta todo tipo de pinturas, fotografías y esculturas de penes y vaginas. Incluso vi el folleto de una exposición de "vaginas del mundo" que, con elegancia y hermosura, presentaba las diferentes vaginas según formas y tamaños, con calificativos tan exóticos como tipo zen, tipo cobra, tipo flor o tipo virgen.

Tampoco hay indicios de prostitución, siendo quizás el primer país que haya conseguido acabar con el oficio más antiguo del mundo. Sin embargo, son habituales las propuestas abiertas que, con cierto aire oriental, ofrecen masaje integral o masaje de genitales.

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