24.- LOVETOPÍA: ¿DESAFÍO O ILUSIÓN?

5 1 0

Valencia, 19 de junio de 2033. ¿Hacia dónde va Lovetopía? Después de seis semanas de estudio intensivo encuentro todavía difícil hacer una buena conjetura sobre el futuro de este país.

No cabe duda de que los arriesgados experimentos económicos y sociales puestos en marcha han funcionado. Esta conclusión se presenta casi forzada desde un periodismo riguroso. La democracia real es una realidad cotidiana y ha alcanzado de pleno también a la actividad económica. La salud y el bienestar general de la población son innegables. La tecnología que maneja el país es vanguardista y va ganando terreno paso a paso en el mundo. El agua y el aire lovetopiano están limpios como el cristal. La tierra está bien cuidada y es productiva. La comida abundante, integral e identificable. Sus modos de vida funcionan basados en un equilibrio estable y todo apunta a que pueden funcionar así indefinidamente. La descentralización extrema y la apertura emocional de la sociedad, aunque a primera vista pueda resultar chocante, también dicen mucho en su favor. Por aquí, Lovetopía plantea un desafío difícil. No podemos, ni de lejos, comparar nuestros logros con los suyos.

Pero Lovetopía tiene una gran sombra. Estos beneficios han sido conseguidos a un coste muy elevado. La capacidad industrial lovetopiana y el estándar de consumo se hallan claramente por debajo de los nuestros, hasta el punto de que serían difícilmente tolerados por los españoles. Sus grandes empresas no son tan poderosas como las nuestras. Además, su sistema político descansa sobre unos principios cuanto menos arriesgados al ofrecer una participación tan amplia y espontánea a los municipios y a los ciudadanos.

Obviamente, es difícil para un español criticar tales tendencias. Nuestra propia evolución nos ha llevado a una sociedad cerrada y muy segregada económicamente a pesar de todas las estadísticas que se esfuerzan en presentarla como menos desigualitaria. El principio lovetopiano de empoderamiento de municipios y ciudadanos echa por tierra el regreso de la antigua grandeza de España, unificada en espíritu, como "una, grande y libre".

Lovetopía evoluciona hacia un país balcanizado, una constelación de naciones pequeñas donde cada una mantiene sus preciosas y ridículas diferencias culturales. Mientras, nosotros avanzamos en una larga marcha hacia un mundo global de paz y libertad bajo el liderazgo de América y los coros de la Unión Europea. Un proceso imparable que rinde homenaje a todas las vidas sacrificadas en los campos de batalla de Corea, Vietnam, Afganistán, Irak y Siria. Los lovetopianos sólo proponen separatismo y anti desarrollismo. El destino del país descansa en el regreso a la vida mezquina de los principados de la Europa medieval.

Si las ideas lovetopianas prosperasen, la era de los grandes estados nación y su promesa de un gran estado mundial se disolvería como un terrón de azúcar. A pesar de nuestros éxitos globalizadores, la humanidad quedaría rota y aislada en pequeños grupos heterogéneos. De nada servirían los avances occidentales de intercomunicar el planeta con Internet, la red global de vuelos low-cost y el transporte intercontinental de contenedores de mercancías.

Los lovetopianos argumentan que tal separatismo es deseable tanto en aspectos medioambientales como sociales y culturales. Afirman que una pequeña sociedad puede explotar su "nicho" en el biosistema mundial mucho más rica y sutilmente, con eficacia. Esto, sin embargo, hay que leerlo como un descentralismo fetichista. Habría que admitir que las superpotencias no son capaces de utilizar con moderación los recursos que acumulan. Yo sería el último en negar que las élites económicas que dirigen nuestras multinacionales y nuestros gobiernos cometen muchos errores y desperdician oportunidades únicas. Pero a pesar de todo, no debemos condenarlas ni eliminarlas en favor de innovaciones a pequeña escala modeladas por la experiencia lovetopiana. Podríamos correr el riesgo de tirar la civilización por la borda.

Si deseamos lograr mejores condiciones de vida para nosotros y para nuestros hijos y nietos, tenemos un buen camino a nuestro alcance. Basta con persistir en la globalización y en la entrega de mayores cuotas de poder a las empresas multinacionales. Nuestros líderes políticos saben cómo dirigir correctamente unas instituciones que ya conocemos sin aventuras innecesarias.

#lovetopía. El nuevo mundo que llevamos en nuestro corazón¡Lee esta historia GRATIS!