15.- MÁS SOBRE LA ECONOMÍA: TRABAJADORES, IMPUESTOS Y EMPLEO

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Alicante, 28 de mayo de 2033. Hoy por hoy, puedo afirmar que la economía de Lovetopía no responde a los principios de España ni del resto de la Unión Europea. He visitado el Ministerio de Economía con una simple pregunta en mente. ¿Es la economía lovetopiana capitalista, socialista o comunista?

Esta cartera ministerial recibe el pintoresco nombre de Ministerio de la Felicidad, del Compartir y de la Economía. Me recibió la Ministra del ramo en la sede del Ministerio, ubicada frente al mar en el Paseo Marítimo de Alicante. Esta dama me ofreció un amable discurso, clarificando que iba a hablar de las principales diferencias y confusiones habituales.

"La economía lovetopiana", comenzó, "debe ser considerada como la de España y el resto del mundo Occidental, una economía mixta. Pero la diferencia está en que muchos elementos de la mezcla entre lo público y lo privado son nuevos y en que, por razones sociales, medioambientales y políticas, las proporciones son bastante distintas".

No mucho después de la Independencia se produjo una fuga de capitales. La mayor parte de las familias adineradas abandonaron el país para instalarse en Madrid, Barcelona y Sevilla. Al mismo tiempo, respondiendo al cierre de fronteras que decretó el gobierno español, muchas multinacionales cerraron sus filiales y sus fábricas.

"Inicialmente, esta fuga de capital y de efectivos humanos deterioró la capacidad de gestión de las empresas lovetopianas", afirmó la Ministra. "El número total de expatriados no sumó más que unos cuantos miles, incluidos mujeres y niños. Estas mismas familias eran las que ostentaban el poder político regional y las que abandonaron nuestras instituciones".

Estos datos, desconocidos en España, discrepan con nuestra historia de la Independencia de Lovetopía. Este capítulo de historia común, tan ampliamente documentado, debería ser objeto de debate y revisión entre historiadores españoles y lovetopianos.

El gobierno lovetopiano se enfrentó a la necesidad de alimentar, proveer de vivienda y vestir a su población. Los primeros momentos fueron de vacilación. Hubo quienes apostaban por seguir con la gestión de la economía y las empresas al viejo estilo. Otros, sin embargo, defendían un cambio radical hacia métodos nuevos e inexplorados.

"Al cabo de unos pocos meses", continuó la Ministra, "se vio claro que no existía una auténtica elección. Muchos directivos y trabajadores, al ver que los antiguos propietarios se habían marchado o las multinacionales les habían abandonado, comprendieron que entraban en una nueva era. De manera espontánea, se hicieron cargo de empresas, fábricas, almacenes, granjas y explotaciones agrícolas de todo tipo. Fue un proceso caótico, pero no anárquico. Ayuntamientos y jurisdicciones comarcales prestaron una ayuda inestimable".

En términos generales, el gobierno lovetopiano asumió que aquellos que trabajaban en cualesquiera que fuese la organización, si su anterior propietario la había abandonado, quedaban convertidos en sus nuevos "propietarios". Su reto inmediato fue hacer funcionar las cosas más o menos como lo habían hecho sus predecesores. La toma del control por parte de los trabajadores facilitó la organización de la producción y la distribución de los bienes de primera necesidad. Esta primera medida demostró ser muy eficaz.

Pero pronto llegaron cambios económicos más importantes y deliberados. Se cuestionó los objetivos tradicionales de maximizar beneficios y aumentar la productividad. Los trabajadores entendieron bien que eran palabras fáciles para engañar a los clientes, exprimir a la fuerza de trabajo y agredir al medio ambiente.

"El objetivo tradicional de maximizar beneficios, sin límites, incluye una agresión económica permanente", dijo la Ministra. "Por un lado, la empresa busca cobrar el máximo posible a sus clientes. Por otro, la empresa maniobra para pagar el mínimo a sus empleados y a sus proveedores. En situación de competencia y con similar capacidad de negociación de los involucrados, es posible un equilibrio aceptable. Pero en situación de no competencia y de concentración unilateral de poder en manos de una empresa, la situación evoluciona hacia una verdadera "agresión" contra su entorno. Y la globalización, créame, refuerza infinitamente el poder de las grandes empresas y las multinacionales. Éstas, dirigidas por mercenarios de cuello blanco, se permiten agredir a la sociedad, que es su entorno, sin compasión alguna. La bandera que les legitima es aumentar los beneficios. Las agresiones, por sistema, se planifican cada tres meses, cuando tienen que presentar sus resultados en bolsa".

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