13.- SUS PRODUCTOS Y LOS NUESTROS

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Castellón, 25 de Mayo de 2033. Sorprendente similitud entre Lovetopía y la España contemporánea. Ambos países utilizan enormes cantidades de plástico. En un principio, lo tomé como una señal de que siguen siendo como nosotros. Pero al profundizar mi investigación, descubrí formas diametralmente opuestas.

"El sistema industrial de España y del resto de Occidente está basado en un consumo desorbitado de sustancias químicas mezcladas con "materias primas" que, en realidad, son recursos naturales extraídos sin respeto alguno hacia el planeta o sus habitantes", me comentó un directivo de la fábrica de plásticos vegetales que visité en Castellón. "Y lo que es peor, muchos de estos productos químicos resultan en plásticos muy tóxicos para las personas. Tenemos bien documentado que algunos plásticos suyos son el origen de todo tipo de anomalías y enfermedades. Nuestros procesos industriales le han dado la vuelta a esta situación y son tan respetuosos con la naturaleza como lo son con las personas".

Los lovetopianos fabrican plásticos enteramente a partir de plantas, materias biológicamente vivas que participan en el ciclo de la vida. En contraste, la mayoría de nuestros plásticos provienen del petróleo y del carbón, materias fósiles de inventario limitado.

Después de la Independencia, Lovetopía realizó un gran esfuerzo en este terreno. Según mis informadores, su gobierno quiso disminuir al máximo la dependencia de la economía de las importaciones de petróleo. El embargo inicial al que fueron sometidos se consideró una gran oportunidad histórica. La intención declarada fue doble. Por un lado, el gobierno hizo suyo el reto de llevar a mínimos el impacto medioambiental y las emisiones de CO2 del país. Apostaron porque su esfuerzo nacional inspirase a otras naciones a hacer lo mismo. Sin embargo, hubo un objetivo de índole económico igual de relevante. El nuevo gobierno perseguía desviar todo el dinero comprometido en importaciones de petróleo hacia la economía nacional. Al mismo tiempo, decidieron trabajar para reducir sus pagos en el incipiente mercado de tasas internacionales de CO2, mercado que consideraban ilegítimo por estar diseñado al servicio de las grandes multinacionales.

Siguiendo una tradición muy repetida desde entonces, el gobierno de Lovetopía lanzó un reto a las Universidades. Éstas, en su labor de centros de investigación y desarrollo, tradujeron a objetivos científicos los objetivos políticos declarados por el gobierno. El primer paso fue iniciar el diseño y la producción de plásticos a partir de material vegetal y mineral, utilizando una tecnología no contaminante. El precio tenía que ser muy bajo y debían cubrir todas las variedades industriales: plásticos ligeros o pesados, rígidos o flexibles, transparentes u opacos. El siguiente objetivo fue conseguir que los plásticos resultantes fueran biodegradables, es decir, susceptibles de descomposición. Y que retornaran, de esta manera, a los campos bajo la forma de fertilizantes para alimentar las nuevas cosechas a partir de las cuales serían producidos nuevos plásticos. Y así indefinidamente, en lo que los lovetopianos llaman con auténtico fervor "equilibrio" o "ecosistemas estables".

"La externalización de costes sociales y medioambientales, tan habitual en su economía, es una práctica que hoy en día los lovetopianos no aceptan. El precio de nuestros productos incluye todos los costes incurridos durante el proceso empresarial, sin excepciones", concluyó mi interlocutor, "desde la extracción de materias primas hasta el deshecho de los productos, incluyendo los costes ocultos en la producción y en la distribución".

Para minimizar el coste de los deshechos, la característica más destacable de sus plásticos es que son biodegradables. Diseñados con sofisticadas técnicas de nanotecnología, se destruyen automáticamente bajo la exposición a los rayos ultravioletas del sol. Los lovetopianos, con su típica mentalidad espiritual, dicen que estos plásticos "mueren" cuando se inicia su proceso de descomposición.

Los plásticos biodegradables fabricados por la empresa que visité se utilizan como envases para cerveza y otros alimentos, muchos de ellos materiales de embalaje con apariencia similar al celofán. Los lovetopianos, tan limpios de ordinario, a veces tiran al suelo y pisotean los envases de cerveza vacíos. No ignoran, en efecto, que pocas semanas más tarde esos deshechos se habrán descompuesto y mezclado con la tierra.

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