06.- LA PROHIBICIÓN DE LOS COCHES

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Valencia, 7 de mayo de 2033. El nuevo régimen lovetopiano ha favorecido la división de las ciudades existentes en municipios o comunidades de barrio. Aun así, quedan muy lejos de lo que el nuevo urbanismo moderno concibe como perspectivas a largo plazo.

Acabo de tener la oportunidad de visitar Cullera. Es una de esas extrañas ciudades en las que comprobar libremente la visión urbana más radical de esta sociedad descentralizada.

En sus tiempos un pueblo dormido, Cullera está situada en la costa sur de Valencia. El tren interurbano te deja en el subsuelo de un gran complejo de edificios. El más importante no es el Ayuntamiento, sino una fábrica de vehículos de tracción eléctrica, a los que difícilmente se les calificaría en España como coches o camiones.

Estos vehículos sirven en las ciudades para el transporte de mercancías y en el campo para el transporte en general. Los vehículos privados fueron prohibidos en las "zonas peatonales" muy poco después de la Independencia. Estas "zonas peatonales" sólo cubrían al principio los barrios centrales en los que la polución y congestión del tráfico eran más graves. A medida que el servicio de tranvía y microbuses se fue ampliando, las zonas de circulación prohibida se extendieron hasta llegar a abarcar todas las aglomeraciones urbanas de población densa.

En torno a la fábrica, en el espacio en el que nosotros habríamos construido un gigantesco aparcamiento, hay un montón de edificios colocados sin orden aparente. Los árboles aparecen rodeando todo el espacio. Los edificios incluyen, tras una mirada simple, varios restaurantes, un centro cultural, dos panaderías, un supermercado con comestibles y ropa, algunas tiendas e incluso pequeñas industrias y talleres. Todo ello mezclado con casas de viviendas. El centro cultural, según me indican, "ofrece multitud de salas para formación, yoga, baile, terapias exóticas y otros muchos espacios polivalentes para las actividades más variopintas".

Las casas suelen tener una altura de tres o cuatro pisos. Están cubiertas de vegetación y se sitúan en torno a un patio central, a la vieja usanza de las plazas mayores de España. Su estructura resulta un poco anticuada. Han sido construidas con abundancia de madera. Pero sus balconcitos, terrazas superiores y galerías son encantadores. Presentan numerosas plantas con flores y hasta arbolitos frutales. Los apartamentos en sí son enormes si los comparas con los nuestros. Al preguntar a mis acompañantes, me dijeron que "la media en Lovetopía es de 10 o 15 habitaciones, a fin de acoplarse al modo de vida comunitario". Aún no he conseguido visitar una de estas viviendas en persona.

Las calles de Cullera son casi tan estrechas y tortuosas como las de una ciudad medieval. No es fácil para un extraño moverse por allí. Apenas tienen la anchura suficiente para que pasen dos automóviles a la vez. Pero como no hay coches, esto no constituye un problema. Parece el reino de peatones y ciclistas. De vez en cuando, veo pasar un camión de reparto transportando un mueble o algún otro objeto voluminoso. Aunque lo normal es ver a los lovetopianos cargando sus cosas en bolsas de cuerda colgadas de la espalda o en las grandes cestas que destacan en sus bicicletas.

Los comerciantes son aprovisionados mediante un sofisticado sistema de containers. La mayoría de las mercancías en Lovetopía se reparten así. Sus containers son mucho más pequeños que los que nosotros utilizamos para nuestros cargamentos y están proporcionados a la dimensión de las furgonetas de mercancías y de los camiones eléctricos del país. Los productos agrícolas, por ejemplo, se cargan en los containers en las mismas granjas. O también en la terminal de containers situada en la periferia de las microciudades. Un sistema de correas transportadoras subterráneo pone en conexión la terminal de containers con todas las tiendas y fábricas de la microciudad. Me indican que tiendas y fábricas están equipadas con una especie de plataforma a la que llegan sus containers. Probablemente esta idea es un híbrido entre los sistemas de equipajes de nuestros aeropuertos y los almacenes automatizados, pero en un sentido muy innovador.

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