Traicionando su razón (1)

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La princesa se había retirado a sus habitaciones por la tarde para prepararse para la cena, en una de las salas privadas el rey había mandado a llamar tanto a su hijo como a su general explicándoles la situación por adelantado, en aquella sala con el silencio después de la confesión ocurrió algo que ni Leonard ni Marco se esperaban. Gerald se retiró sin que nada de aquello pareciere ser de su incumbencia.

—Si es así, me encargaré de informar al resto de la guardia e incorporar a nuestro antiguo general como nuevo guardia del príncipe, no queremos que la confusión les haga bajar la guardia— el rey le permitió retirarse y así lo hizo, dejando el corazón de Leonard inquieto. No pasó mucho antes de que el príncipe pidiera hablar a solas con su padre y Leonard se retiró rápidamente, había guardias custodiando la sala y eso le permitió ir en busca de aquel que era como su hermano. Lo encontró poco después, a la vuelta del pasillo de aquella sala, parado frente a una ventana. Debió escuchar sus pasos pues se giró a él.

La figura de Gerald parecía una visión acariciada por los cálidos rayos del atardecer, estaba parado en medio del pasillo exterior del Palacio, le vio y pudo ver en aquellos ojos la nostalgia, el dolor, el cariño, la añoranza y la tristeza. Todo mezclado en aquellos ojos verdes y transparentes, aquellos que podían ser tan fieros como los de un tigre o tiernos cual cachorro.

— ¿En verdad eres tu... Leonard?— y la voz salió baja y suave, como un murmullo arrastrado por el viento. Leonard le vio y sonrió sintiendo que los ojos se le aguaban, escuchar su nombre nuevamente de aquellos labios, con aquel cariño y aquella congoja le partió el corazón. Era como si lo viera por primera vez, ese, era el hombre que había significado por años su única familia.

— Soy yo...— murmuró y vio a Gerald avanzar hacia él, los pasos dudosos al principio, más firmes mientras avanzaba, sabía que se merecía cualquier reclamo que viniese de aquel hombre, había desaparecido de la nada sin dejar siquiera un mensaje, no esperaba que Gerald creyera el cuento que le habían dicho, así que cerró los ojos esperando el golpe que llegaría, pero solo sintió los fuertes brazos del otro rodeándole. Tan cálidos como los recordaba y finalmente dejó que un par de lágrimas corrieran por sus ojos.

— Creí que estabas muerto— afirmó con angustia, seguramente también aguantando las lágrimas.

— Me siento...como si lo hubiese estado— alcanzó a afirmar a media voz.

—Leonard... Leonard— Gerald repitió su nombre una y otra vez mientras lo estrechaba en brazos como si quisiera fundirlo con su cuerpo — Mi pequeño Leonard, estás aquí...

— Estoy... estoy aquí...— le contestó a media voz y se quedó entre aquellos brazos varios minutos, era la primera bienvenida que tenía desde que había vuelto, la primera persona que se mostraba feliz de verlo, no quería soltarlo, las lágrimas corrían por sus ojos y no sentía que pudiese calmarse lo suficiente como para hablar o moverse, así que sólo se quedó ahí, tomando el cariño que le daba, el refugio que le ofrecía, en silencio, minuto tras minuto hasta que se vieron interrumpidos.

— ¿Leonard no es así?—Leonard escuchó su nombre de una voz que conocía bastante bien y se separó lentamente de Gerald. Él conocía aquella voz pero hasta ahora no había escuchado aquel tono seco dirigido a él.

— Príncipe...— se quedó desconcertado por unos segundos hasta lograr recomponerse y comenzar a limpiarse los ojos, hacía unos momento apenas lo había dejado con el rey, se separó por completo del otro y se giró completamente al joven que le hablaba y reverenció como debía— A sus órdenes.

— Acompáñeme, necesito hablar con usted a solas— Leonard asintió y le siguió hasta la biblioteca en la que el príncipe siempre se encontraba, apenas unos minutos atrás había dejado al joven en compañía de su padre ¿por qué quería ahora hablar con él? seguramente estaba molesto por haber sido engañado con aquel color de piel falso y la aún más falsa ceguera— Supongo que se pregunta por qué quiero hablar con usted. Y para aclarárselo no tiene nada que ver con la farsa que montó en complicidad con mi padre, pero ya que no me respondió claramente la última vez quiero que me lo diga ahora ¿Fue usted el amante que mi padre tuvo antes de que yo naciera? — se quedó callado e inmóvil, no supo que decir ¿debería mentirle a su hijo? ¿Y si se daba cuenta? Él en verdad no era bueno mintiendo— ¿O acaso lo fue Gerald? — aquello le sorprendió aún más, así que esa era la razón de la antipatía del muchacho por el general... él pensaba que podría ser el amante que había hecho sufrir a su madre tantos años atrás, nada más alejado de la realidad.

— Gerald jamás tuvo un contacto siquiera similar al de un amante con el rey— afirmó, al menos eso podía decirlo con total seguridad.

— Y con quien lo tuvo ¿con usted? Dígame Leonard, de quién fue amante ¿de mi padre o de mi general o sería acaso de ambos?— Leonard estaba yendo de desconcierto en desconcierto. El rencor estaba tan marcado en aquella voz que hasta ahora sólo había sido amable. No sabía que decir, era su hijo el que ahora estaba hablándole con aquel desprecio... justo como le hablaba a Gerald...

— Gerald y yo jamás tuvimos una relación como esa, él es como la familia que nunca tuve— respondió, no podía mentir pero al menos podía liberar a Gerald del odio del muchacho, aunque fuese obvia entonces la relación que había tenido con Marco.

Sin embargo lo que vio no fue lo que esperaba, de repente los ojos de Leandro se aguaron y lentamente sus rodillas cedieron hasta caer sentado sobre el viejo sillón en el que siempre se sentaba a leer, las lágrimas corrieron libres por sus mejillas que se sonrojaron levemente por el calor del llanto.

— Gracias a dios... yo... yo siempre creí que Gerald había sido aquel hombre... yo pensaba... yo pensaba que él aún amaba a mi padre, porque él le ve a veces con resentimiento pero acata todos sus deseos, él siempre dice que me parezco mucho a él... yo pensé que era... que era porque aún lo amaba y después lo vi contigo y pensaba... pensaba...— pero no dijo más llevándose una mano a los ojos. Apoyó la espalda en el respaldo del sillón y sonrió sin poder parar las lágrimas. Leonard le vio y de repente lo tuvo todo claro, tan claro que le parecía increíble no haberlo notado antes.

— Tu...— y sin darse cuenta le tuteó— tú estás enamorado de Gerald— decirlo en voz alta fue como darle vida a la frase pues la sorpresa le había dejado helado— ¡Pero si él tiene la edad de tu padre!— habló exaltado, por no decir que era incluso dos años mayor que él, su padre biológico. El príncipe descubrió su rostro y sonrió con un evidente alivio.

— Debe haber algo mal conmigo ¿no es así?— Leonard abrió los labios para contestar, pero no supo qué respuesta dar... en todo caso ¿que había que alegar? Gerald era muchos años mayor que su hijo pero... no creía que en unos años se notase tanto, Gerald siempre había sido un hombre de buena salud y excelente apariencia, su edad apenas era posible adivinarla. Era como si su rostro no tuviese edad, se veía maduro pero joven... oh dios ¿en verdad estaba pensando aquello? Pero... realmente ¿podía pensar en alguien mejor? Gerald era amable, bondadoso, noble, honesto y siempre se podía confiar en él, el mismo pondría su vida en sus manos.

— Usted debe casarse con la princesa— esa era la triste realidad, recordarla le acongojó el alma.

— Lo sé— asintió aunque la sonrisa no se había borrado de su rostro— Descuida, lo sé— Leonard no dijo más y la sala se quedó en silencio. El asunto de si era o no el antiguo amante de Marco tenía a Leonard algo nervioso, esperaba que solo la seguridad de que Gerald no tenía nada que ver ni con uno ni con el otro dejase tranquilo al príncipe pero tenía la sensación de que no sería así, aunque quizás eran solo sus propios miedos reflejándose en él— A mí no me importa el pasado de mi padre— afirmó y eso le hizo regresar su atención al muchacho— no sé cómo sucedieron las cosas en aquel tiempo y aunque tengo un retrato de mi madre que me dice cómo fue y tengo un cariño especial por aquella que me dio la vida y cuidó de mí esos nueve meses, yo no la conocí, amo a la madre que murió para verme nacer, pero no tengo nada que decir del pasado, solo sé que al hombre que me educó y me cuidó, el que ha estado conmigo cada día de mi vida, ese hombre al que llamo padre... no tengo nada que reprocharle...yo ... yo solo no podía soportar que él tuviese el amor, la lealtad y la dedicación de Gerald... — Leonard asintió en silencio y se quedaron así por varios minutos, hasta que el príncipe pudo calmarse y se levantó sonriendo y tallándose los ojos— bueno creo que es tiempo de que vaya a cambiarme, supongo que debe escoltarme— y Leonard asintió.

— Está en lo correcto, Su Alteza— bajando la cabeza y siguió al joven hasta sus aposentos, dadas las circunstancias probablemente era mejor que él fuese el escolta principal del príncipe y no Gerald, podía ser doloroso para el muchacho llevar aquel compromiso adelante con la constante presencia de Gerald frente a él.

Gerald... quién diría que el hombre que las había hecho de hermano mayor en el pasado terminara ganándose el amor de su hijo...

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