Aperitivo

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Dalia nunca había dejado su casa, nunca había visto a un amo y nunca había estado en la oscuridad en pleno día. Se guardó en su propio cuerpo, abrazó las piernas y escondió su rostro entre las rústicas telas de su vestido. Dalia no conocía del mal ni del bien, ella solo era un animal y se comportaba como tal, cultivaba en los campos con sus hermanos y su madre, cocinaba, limpiaba y vivía como todos los de su raza: para alimentar a los amos. Después de todo Dalia era humana. 




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