Epilogo.

Sus piernas se encontraban sumergidas en el agua. Ambos se encontraban en la punta de un muelle con sus pies mojándose en el mar, Harry disfrutando de la vista y Louis escuchando el sonido de la brisa y las olas, golpeando con ira las piedras y la arena.

Harry le decía como en vez de escuchar o ver las cosas preciosas de la vida, había que empezar a sentirlas. El agua, la brisa, la arena entre sus dedos. Sentir los besos de Louis en su nuca, sentir su sonrisa. Sentir su felicidad. Sentir la alegría y la felicidad que ambos estaban viviendo.

A pesar de que ver y oír eran dos cosas demasiado importantes para la vida de las personas, Harry se sentía orgulloso de haber aprendido a vivir sin una de ellas. Y Louis se sentía feliz de tener a Harry. Amaba cuando Harry le describía las cosas que veía. Los colores del cielo, del agua. La arena, la espuma blanca. Los reflejos en el agua. La cabaña, los grandes ventanales. Las palmas, las conchas. Como describía un paisaje como si fuera la mejor cosa en el mundo.

Louis por eso agradecía el tener a Harry, porque, gracias a él había aprendido tres cosas muy importantes en la vida de su persona.

A ver más allá que por los ojos. A ver en la mente y a ver con el corazón.

A perdonarse. A perdonarse a él mismo y aceptar que había cometido errores, pero que de ello se aprendía.

Y mucho más importante, a amar. Harry le había enseñado a amar, de una manera pura e infinita.

Y Harry realmente se había convertido en sus ojos por siempre, y Louis siempre escucharía por él.

Por primera vez después de su accidente Louis sintió que podía ver más que las demás personas.


Veras con mis ojos y yo escuchare con tus oídos. (Larry Stylinson)¡Lee esta historia GRATIS!