Capítulo 2

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—¿Qué demonios hacías? —Presté mi atención a Aarón que se acercaba peligrosamente a mí.

—No sé de qué me hablas —fingí, manteniéndome firme.

Entonces, sin previo aviso levantó su brazo y su mano golpeó con fuerza mi mejilla mientras un ardor se extendía por toda ella, trayendo también un calor y un dolor que más que físico, se trataba del que me torturaba por dentro, mi orgullo y mi dignidad.

—No juegues conmigo, Bailey —escupió amenazante. Di un paso al frente sin mostrarme intimidada ante su mirada, estaba furiosa; era la primera vez que me golpeaba en la cara y en la empresa.

—No te atrevas a ponerme una mano encima de nuevo, mucho menos aquí —espeté devolviéndole la bofetada, dejándome dominar por mis escasos segundos de valentía.

Él se enfureció y me cogió de ambos brazos, sacudió mi cuerpo con brusquedad al tiempo que yo luchaba por zafarme de su agarre.

—¡Suéltame!

—¿¡Qué te dijo Blake!? ¿¡Por qué estaba tan cerca de ti!? —Cuestionó enardecido.

—¡No lo sé! —Grité sin contenerme, empujándolo con mis manos; se apartó y con cuidado acomodó su cabello quitándolo de su frente.

—Por supuesto que lo sabes, Bailey. Habla, ¿qué te dijo? No preguntaré de nuevo.

—Solo me dio los malditos documentos, Aarón —dije dedicándole mi mejor mirada llena de odio, cerré las manos en puño, dispuesta a propinarle un puñetazo si intentaba tocarme de nuevo.

Él pasó sus dedos por el cabello en señal de frustración, notándose angustiado y preocupado, fruncía el ceño y sus pupilas bailoteaban de un lado a otro. No lo entendía, ¿qué demonios le sucedía?

—Escúchame bien, Bailey —me advirtió acercándose lentamente; retrocedí—. Tú sólo debes tener ojos para mí, eres mía nada más, siempre va a ser así. No lo olvides.

No cabía de la sorpresa ante sus palabras. ¿Estaba celoso? ¿A qué demonios venía eso? ¿Por qué precisamente ahora?

—¿¡Entendiste!? —gritó haciéndome dar un respingo.

—Sí, Aarón —acepté diciéndole lo que él quería escuchar, mas no lo que yo pensaba y creía. No era de su maldita propiedad.

—Ahora vete a trabajar —espetó despectivo.

Salí rápidamente de ahí sin darle oportunidad a nada más, pasé de largo de los empleados que vaya a saber si se percataban de lo que sucedía entre ese poco hombre y yo. Entré a mi oficina y me senté sobre el sofá que servía de adorno. Llevé mis manos al rostro y comencé a temblar de rabia, controlando el llanto por la frustración que me carcomía desde adentro en compañía de aquella voz que me gritaba que luchara y me alejara de aquí, de todo esto. ¿Cómo podía una persona tolerar todo esto? ¿Cuánto más podría seguir soportándolo? Me reprendía a cada momento por no tener la valentía para escapar.

Lastimosamente caía en cuenta que la violencia existía en todas partes, así fueras pobre o rico, no había diferencia alguna; sentí impotencia por todas esas mujeres que pasaban por lo mismo que yo, y envidia por aquellas que lograron salir del hoyo donde me encontraba. Necesitaba valor, coraje, valentía suficiente para enfrentar a Aarón y a mi padre. Tarde o temprano encontraría la manera de escapar, me iría lejos, donde ellos no me pudieran encontrar, no me importaba empezar de cero, sin dinero ni un futuro asegurado. Prefería mi paz que la comodidad de tener todo sólo con estirar la mano. Odiaba esta vida que llevaba, cada día era una tortura, lo único que quería era ser libre e irme lejos de aquí, salir adelante por mí misma y demostrar que se puede ser feliz.

Por ti ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora