Capítulo 3

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Dos semanas, habían pasado dos semanas desde que no veía al chico con el que había dormido aquella noche.

En ocasiones es raro no estar con él aunque solo hayan pasado poco más de diez días. Parece que he terminado de acostumbrarme a pasar tiempo con alguien más que no sea Carlota.

Esta mañana está más revuelta que otros días, el aroma a petricor se cuela por mis ventanas. Siento como el otoño se acerca cada vez más.

Después de prepararme el mismo desayuno de siempre salgo a dar un paseo mañanero, ahora con un paraguas. Paso por la cafetería más cercana para comprar un café y dos rosquillas.

—¡Anya! Estoy detrás de ti — me habla una chica vestida de amarillo con un sombrerito muy gracioso —.

—Perdona la pregunta pero, ¿te conozco?

—Ah claro. Soy Maribel, una amiga de tu madre, ahora trabajo como cartera por esta zona. Te dejo una carta que te ha llegado, pasa un buen día cielo.

—De acuerdo, me alegro verte, muchas gracias.

—Dale recuerdos a tu madre.

Seguí caminando con la carta en la mano. Hace muchos años que no coincidía con esta señora, es raro volver a verla. Sentí una sensación de nostalgia recordando mi infancia. Cuando era pequeña siempre iba a casa de Maribel con mi madre. Me encantaba ir, siempre olía a roscas y chocolate caliente. Estoy feliz de volver a verla

Más tarde había llegado a casa de Carlota y le di el desayuno sorpresa que le había comprado.

—Esta noche quiero ir al cine al aire libre, estamos a principios de octubre, y creo que es la última sesión. Además, dicen que es una buena película. ¿Qué te parece?

El plan de Carlota estaba bien, solo que hace mucho que no voy al cine al aire libre. Solía ir cuando Mike y yo estábamos saliendo. No me llevo mal con él, incluso puedo decir que somos amigos, pero era demasiado tóxico, tenía que salir de esa relación.

—Claro que voy. ¿Vendrá Sheyla? Para traerme tapones para los oídos — bromeé con mi amiga mientras hacía con las manos el símbolo de darse besos —.

—No prometo nada. llévatelos por si acaso. Por cierto, cálzate, nos vamos al centro comercial, necesitamos ropa para esta noche.

Efectivamente, han pasado dos horas y estoy en el centro comercial comprándome ropa. Se podría decir que estamos gastando los ahorros que no tenemos.

Chubasquero por aquí, pantalón por allá, alguna que otra sudadera y estaríamos listas.

Carlota sin eyeliner no es Carlota, para ella es una necesidad, por lo que hemos pasado por una tienda de cosméticos para que se compre uno.

Hemos estado, literalmente, más de la mitad del día de tienda en tienda, son las siete de la tarde y faltan treinta minutos para que la película comience. Así es como nos organizamos nosotras, yo lo llamo preparase bajo presión, ella lo llama <<lo mejor se hace esperar>>, en fin.

Por llegar, llegamos, la pobre Sheyla llevaba como diez minutos esperando sentada en un banco.

—Hola cariño — le da un beso a su novia — me llegáis a hacer esperar diez minutos más y os atropello con el remolque — me da dos besos —.

—Perdónanos amor, estuvimos de escapada improvisada en el centro comercial y tardé un poquito en la tienda de maquillaje — contesta Carlota.

Al menos admitió que fue ella la que tardó, es demasiado indecisa con todo lo que sea maquillaje. Siempre me pregunta por el color más bonito, o el mejor precio. La verdad que yo no uso mucho maquillaje, entonces no le puedo orientar mucho en este tipo de cosas, pero siempre paso un rato divertido con ella.

Aquel chico llamado perfección.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora