Parte 16: Loba

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Saúl se miró al espejo mientras presionaba el pulsador de aquel grifo, dejando el agua mojar el peinecillo blanco, recuerdo de un hotel. Se repeinó y el cabello, negro brillante, quedó surcado al milímetro por rectas y finas líneas. Se miró a los ojos en el espejo. «Lo estoy empeorando, ahora me parezco a Koothrappali». Se despeinó el cabello, agitándolo con las manos. Unas cuantas gotitas de agua mojaron su camiseta, era una prenda marrón claro en la que un oso amoroso intentaba abrazar a un ewok. El osito guerrero rechazaba al amoroso con la frase "Esto con el imperio no pasaba". Se echó un último vistazo, volvió a repeinarse con el peine mojado y salió de los baños de la estación.

Miró el tablero informativo de llegadas: el autobús procedente de Madrid estaba entrando en plataforma 16. «Que la fuerza me acompañe», bajó por las escaleras mecánicas hacia la zona de andenes, notó su mano temblar un poco mientras agarraba el pasamanos de goma, que se deslizaba hacia abajo al compás de unos escalones mecánicos que eran devorados al llegar a la planta baja.

Miró un poco los carteles para orientarse y apretó el paso, ya había gente bajando del autobús, la buscó con la mirada pero no la encontró. De repente, una chica que tenía medio cuerpo metido en el guardamaletas recogiendo su mochila, se giró y le sonrió. Era ella, inconfundible con su melena teñida de violeta, muy atractiva, con una blusa fina negra cuyas transparencias permitían apreciar su esbelto y turgente busto, sostenido por un minúsculo sujetador negro. Su piel era pálida, delicada y sus brazos finos acababan en unas uñas largas pintadas de negro, como sus labios. Unos leggins negros acababan de contornear su figura y estremecer a Saúl. Ella sonrió y se aproximó, con paso firme y marcado por sus botas Dr. Martens color cereza, posó las manos sobre sus hombros y le besó en los labios. Saúl intentó corresponder, cuando sus manos se encontraron, ella notó el temblor.

-¿Qué te pasa? -le alborotó el pelo destruyendo la simetría de aquellos surcos negros-. Por la webcam no eras tan tímido.

-Sí, es que... es la primera vez que...

-¿La primera vez?... ¡Si llevamos cuatro meses!

-Sí, pero no de verdad.

-¿De verdad?... ¿no era de verdad?

- Sí, ¡claro!, me refiero a que no era analógico... lo digital es digital pero...

-¡Ya lo sé tontín! -le pellizcó un moflete-. Estaba bromeando, pero como no puedo hablar diciendo "LOL" a cada momento, parece que no lo pillas.

-Sí, será eso.

Ella volvió a sonreír, le acarició de nuevo los cabellos y le dio un ligero beso en los labios.

Se encaminaron hacia la escalera mecánica, Paula le agarró la mano y siguió notando un ligero temblor. Cuando llegaron a la planta principal, Saúl señaló hacia una puerta al fondo.

-Espera un segundo, ¡tengo que hacer pipí!

-Vamos entonces, desde que el bus paró en Guarromán, tampoco he ido. -Una sonrisa se dibujó en el rostro de Saúl, sus hombros se relajaron.

-¡Guarromán!, me encanta ese nombre, en lugar de un pueblo, debería ser un superhéroe.

-Sí -rió Paula-, ¡el superhéroe ecológico que no usa detergentes! -Habían llegado ante las puertas de los servicios-. Entra tú, te espero aquí, con mi mochila y cuando salgas me la cuidas.

Saúl entró a paso ligero, sentía la vejiga de la orina a punto de estallar, se arrimó a un urinario y bajó la cremallera. «Joder, qué difícil». Un estrecho chorrito salió con fuerza y rebotó contra el urinario de loza blanca. «Voy a tardar una eternidad, ¡qué difícil es mear empalmado!». Al momento se relajó, entreteniéndose al intentar colar una colilla de cigarrillo a través de uno de los pequeños agujerillos de desagüe del urinario. «Alguien se ha pasado la ley antitabaco por el mismísimo forro». Terminó, se lavó las manos y las secó, frotándolas contra la tela de su pantalón vaquero. Al salir, pudo ver a Paula distraída, mientras tecleaba en su teléfono móvil. «Qué bonita es». Su piel tan pálida contrastaba con el violeta del pelo y el negro de la ropa, elevó una ceja de sus ojos maquillados con largas sombras negras y violetas, eso hizo que Saúl notara como se le erizaban los pelillos de la nuca.

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