Ella camino y se sentó en el cofre del auto.

—Siempre me ha gustado la noche, hace ver lo frío que es el mundo y que no siempre brilla, que a veces todo tiene su lado obscuro.

Me senté junto a ella, los dos estábamos mojados por completo. Y aunque ella estuviera temblando del frío; no pareció importarle, se dedicó a observar el cielo.

—Me gusta ver las estrellas —Continuó ella—, es como si tuvieran vida propia, se mueven de un lado a otro y van por las galaxias alumbrando todos lados, es como si estuvieran para ti, acompañándote en esta vida y nunca les dijeras gracias por estar alumbrando a la oscuridad.

Abro mi boca para decir algo, pero ella sigue hablando.

—Me gusta sentarme en el jardín de mi casa, acostarme y ver el cielo hasta que este se pone negro, me gusta esperar a que salga la primera estrella y pedir un deseo, eso siempre me decían mis padres "en cuanto veas la primera estrella brillar en el cielo pide un deseo". —Ríe un poco—. Cuando tengo tiempo lo hago, espero el atardecer y después la noche, hasta poder ver la primer estrella y ahí pedir mi deseo. Siempre es el mismo deseo.

Queda todo muy callado otra vez.
Me gusta que diga lo que piensa, cuando habla provoca que algo en mi se sienta completo. Me gusta que hable sin que yo le pregunte nada.

—¿Cual es tu deseo?

Ella me voltea ver, nos miramos a los ojos y después vuelve a mirar al cielo.

—Ser feliz. Simplemente despertar y no tener la misma mierda de siempre, que me traten de diferente manera, no como una broma, disfrutar de todo y que no vuelva a sufrir. Una vida fácil y feliz. Pero... —Sonríe algo triste—, no todo se puede en esta vida. Así que todo eso del deseo es absurdo. Ni si quiera sé porque te lo estoy diciendo.

Yo también me había puesto a ver el cielo, pero en cuanto bajo mi cabeza ahora noto que ella me esta viendo.

—A mi igual me gustaría ser feliz —Lo digo en un tono muy bajo, pero ella puede escucharme.

—Oh vamos, tu eres feliz, puedes tener todo, tienes amigos, eres uno de los mejores jugadores del equipo, te al pasas de fiesta en fiesta, nunca te han molestado, puedes tener a cualquier chica en tus pies, eres guapo —Abrí mucho los ojos, nunca imagine que ella pudiera decir eso alguna vez—. Vamos no me mires así, todas las chicas lo saben, tienes la vida perfecta de un adolescente. Como si todo estuviera resuelto para ti.

Me quedo pensando unos segundos.

—Es cierto, pero a veces no todo esta bien, no siempre es perfecta mi vida  y no, para que lo sepas no todas las chicas están a mis pies, tu no lo estas Leire, tu eres diferente, veo a todas y matarían por hablar conmigo y después te veo a ti... Y simplemente no puedo descifrarte, no se que pasa contigo, pero es como si me gustara, como si me gustara tener que luchar por algo, y que simplemente las cosas no sean tan fáciles. Me gustas como ninguna chica lo ha hecho y créeme que es mucho, me gusta lo que tienes dentro de ti.

Ella suspira, sin dejarme ver.

—¿En serio te gusto tanto?, el problema es que por mas que lo pienso y pienso, no me cabe en la cabeza. ¿Por que yo? He llegado a varias conclusiones. ¿Cómo se que no es mas que una simple broma? ¿Cómo se si lo que realmente dices es cierto? ¿Dime como Valerio? —Tiene una mirada dura, de querer tratar de comprender todo esto—. ¿Como se que no saldré lastimada de todo esto?

Se lo había dicho varias veces, pero aún así no bastaba, ella ya no confiaba en las palabras y no la juzgo por eso, así que me pare, quede enfrente de ella.

—Hace rato me preguntaste sobre aquel beso, dude decírtelo porque no suelo decirlo, de hecho nunca lo he dicho, nunca le he dicho a alguna chica que me gustan sus besos o no; aunque estoy hayan sido muy realmente buenos.

—¡Oye! —Rió por eso.

—Lo que trato de decir, es que dude porque no estoy acostumbrado a decirlo —Me acerco a ella—, pero... la verdad —Trago saliva, si se lo quería decir hace rato, pero no me dejo. Le tomó la mejilla, y la veo a los ojos—, me gusto nuestro beso, no es porque seas una experta en eso.

—¡Oye! —Vuelvo a reír.

—Me gustó porque tú me lo diste, y sentí... como algo diferente a los demás besos que he dado —Y es cierto—, y me gustaría repetirlo.

Y entonces me acerque, no despacio, me lance a ella y la bese. La bese de la manera en que jamás había besado a alguna chica, de la manera mas segura, este beso estuvo cargado de simples sentimientos, la bese como si mi vida dependiera de ello y lo mejor de todo esto es que ella me correspondió aquel beso. Me separe unos centímetros de ella y le dije.

—Te quiero Leire, te quiero porque eres diferente y eso es lo que me marco —Y por primera vez dije aquellas palabras.

Y antes de que ella dijera algo la volví a besar. Ella no se separó, no se si fue porque seguía algo atontada del alcohol o porque a ella le gustaba lo que estaba haciendo, no me importo, porque pude sentir su piel, sus labios y sus respiraciones cerca de mi, no me importa si ella no recordará  mañana nada de lo que hizo, porque de algo tengo claro, nunca olvidare esta noche.

La noche en la que me di cuenta lo que sentía por ella realmente.
Y lo que jamás volvería a sentir por nadie más.

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