La Máquina Universal

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Gabriel era un ángel, en el buen sentido de la palabra. Había comenzado a trabajar realizando todo aquello que los demás rehuían siquiera mirar, y sus superiores se dieron cuenta de su dedicación y esfuerzo. Esto le supuso un reconocimiento amplio que le permitió ir escalando puestos poco a poco, superando a otros que, aún teniendo estudios y preparación, no mostraban de ninguna manera el afán e interés por el trabajo bien hecho, aspecto que era una de las grandes cualidades de Gabriel. Así, cuando empezó a destacar y a subir en el organigrama de la empresa, muchos pensaron en un principio que era algo curioso, incluso divertido, pero nada más.


Cuando vieron que aquel don nadie subía por encima de ellos, pasando de ser un cero a la izquierda a todo un director de área primero y luego de departamento, se empezaron a asustar. Lo intentaron todo; culparle de esto, de aquello, de lo de más allá... Pero no contaban con la astucia de que disponía. Antes, nadie hubiese sospechado sus innatas cualidades de organización y de mando, y por ello no le frenaron cuando era un elemento insignificante. Ahora nada ni nadie podía pararle. Su asombrosa carrera era como un meteoro ascendente y sin fin.


Finalmente, llegó el día: fue nombrado Director General de Empresa, y pasó a ocuparse del control directo de la Máquina Universal.


La Máquina... Nadie sabía muy bien lo que era, en qué consistía. ¿Era realmente una máquina, o por el contrario, un experimento? ¿Cuál era su finalidad? Se sabía que el coste de mantenimiento de la misma tenía un presupuesto impresionante, realmente fabuloso. Pero nadie sabía por qué. Lo que sí se sabía era que el beneficio que tal máquina otorgaba era ciertamente superior al coste que suponía mantenerla en funcionamiento. Pero nadie tenía ni idea de cual era el beneficio que producía tal Máquina. El numeroso personal que se encargaba de la conocida por todos como La Máquina Universal tampoco sabía cual era su función. Cada equipo realizaba tareas de control para mantener el sistema en unos niveles adecuados, pero qué era exactamente lo que estaban manteniendo era un secreto completa y absolutamente desconocido para todos. Para todos, excepto para tres personas: el Director de La Máquina Universal, el Director Universal, y el Responsable Primero. Cuando a Gabriel le propusieron ser el Responsable Primero de La Máquina Universal, no lo dudó un momento. Respondió afirmativamente, sin dudarlo ni un segundo.


Pasaron los años. La Máquina continuaba su trabajo, fuese el que fuese, y nadie hablaba de ella. Gabriel había conseguido, según un informe secreto relacionado con su trabajo al Director de La Máquina y al Director Universal, que su funcionamiento fuese realmente ejemplar. Ciertamente, la elección de Gabriel como Responsable Primero había sido la mejor elección posible. Por ello, se decidió que había llegado el momento de explicar a Gabriel el secreto de La Máquina. Ello le elevaría a un nuevo Nivel de Conocimiento, dándole un nuevo Status, y convirtiéndole en el Tercer Miembro en conocer el Gran Secreto. Gabriel fue, de este modo, llamado al despacho del Director de La Máquina. Al entrar, vio que se hallaba con él el mismísimo Director Universal.


-Pase, pase, Gabriel, y siéntese -dijo el Director de La Máquina.

-Gracias.

-Verá, Gabriel, lo que tenemos que decirle es fundamental, imprescindible que se guarde en silencio. El universo en sí mismo, y todo lo que contiene, depende de ello.

-Me hago cargo, señor.

-Estoy seguro. Usted ha demostrado una gran capacidad para gestionar La Máquina, y mantenerla en perfecto funcionamiento, sin que sepa en realidad cual es su función primordial.

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