CAPÍTULO I
COLGANDO DE TUS CADENAS
En cuanto pasó el efecto del somnífero, pudo sentir las gruesas cadenas que sujetaban el áspero cuero alrededor de sus muñecas cortando la circulación de sus manos, que empezaban a cambiar de color.
A pesar de que la amplia y casi vacía habitación se encontraba bien iluminada, el apuesto hombre no podía ver nada porque tenía una gruesa y negra capucha sobre la cabeza.
Sus bronceados y musculosos brazos soportaban casi todo el peso de su cuerpo colgando semidesnudo desde una cadena anclada en el techo. Apenas podía apoyar sobre el suelo la punta de los pies descalzos que se resbalaban cada vez que trataba de mantener el equilibrio.
Un hombre vestido de traje azul marino, sentado en la única silla que había en toda la habitación esperó a que su prisionero despierte. Se le acercó desde atrás manteniendo su propio cuerpo una distancia prudente, tal como lo harías si tuvieras que acercarte a una fiera peligrosa.
Con sus manos toscas comprobó el estado en que se encontraba la sujeción antes de proceder a levantar por el aire la delgada y musculosa figura cuya respiración anunciaba que finalmente se encontraba despierto.
La respiración del hombre colgando era rítmica, los tatuajes de su pecho subían y bajaban al compás de la inspiración y expiración, por lo que el dragón y el fénix que ocupaban casi la totalidad de su musculoso pecho, daban la sensación de estar volando juntos en el viento.
Desde su oscuridad pudo oír un sonido metálico activado mediante un control remoto anunciando que se acababan de activar las poleas. Poco a poco lo levantaron por el aire, quedando aproximadamente a un metro de distancia del suelo.
El tirón creciente en los brazos fue haciéndose cada vez más doloroso a medida que su cuerpo se tensaba de punta a punta. Sus pies amenazaban con un calambre. Trató de agarrarse de las cadenas con las manos para no colgar como un peso muerto, y aliviar así la tensión un poco, pero la sujeción estaba hecha de tal forma que lo impedía.
El verdugo colocó el esbelto cuerpo a esa altura para tener a la vista un primer plano de su trabajo.
Descargó los azotes de su látigo alrededor de todo el cuerpo de su víctima con gran maestría. La intención del hombre de traje azul marino era solamente la de producir dolor en ésta, lo cual se evidenciaba con las marcas que iba dejando a su paso el látigo.
Conforme los golpes repetían el mismo lugar de impacto, las marcas iban mostrándose gradualmente, superficiales y de corta extensión. Sin que por ello dejaran de aparecer una a una las finas líneas rojas en dónde la piel se abría.
Gracias al entrenamiento físico y mental que en su momento llegó a odiar con toda su rabia, y del cual ahora se siente tan orgulloso, el prisionero logró conservar la dignidad de no producir ningún quejido, sólo su respiración se intensificaba por breves momentos, para luego recuperar su ritmo controlado.
El prisionero colgando de las cadenas del techo se llama Vent. Si pudiéramos escuchar los pensamientos que invaden su cabeza al despertar bajo esas circunstancias.
-Pero qué oscuridad, oscura es esta...
¡OOOHH! ¡¡¡MIS BRAZOS!!!
¿Cómo llegué aquí?
Lo último que recuerdo es que le pagué un poco más a la flaquita rubia de ojos verdes para que se fuera contenta, prendí la cafetera y cuando me estaba duchando sentí un olor extraño... ¡Maldición! ¡Me demoré en actuar como se debe porque tenía shampoo en los ojos! ¡Rayos!¡¿Acaso soy un maldito principiante?!
Bueno, ahora lo importante es respirar, debo mantenerme bajo control, así que a respirar. -
INHALAR - EXHALAR INHALAR - EXHALAR
- ¡Rayos! ¡Maldita sea! No puedo dejar de sentir rabia conmigo mismo por haber caído en un error tan... tan... ¡tan ridículo! Soy un maldito asesino entrenado y me atraparon con un somnífero en humo porque tengo la maldita costumbre de andar jugando con mi cabello y la espuma. ¿En qué estaba pensando? El shampoo metido en mis ojos me impidió actuar con rapidez y ahora estoy aquí. Realmente me lo merezco.
Acaso ¿puedo estar más avergonzado conmigo mismo? ¡Bueno ya! Ya basta de torturarme yo mismo. Bastante tengo con el maldito que parece que me quiere arrancar la piel. No solamente me duele ¡escuece y arde como el demonio! -
Vent mantuvo el control, a pesar de esos pensamientos en los que siempre se siente fatalmente culpable por todo lo malo que le pasa, no es que no lo sea, en realidad esta vez sí que cometió un error tan absurdo como imperdonable, porque él ya es alguien con demasiada experiencia como para caer en algo así. Pero siempre es demasiado crítico y duro consigo mismo. Debido a su porte nadie se atreve a faltarle el respeto o a meterse con él, pero su propia mente es inclemente, nunca se perdona ningún error. A
Ahora sentía que se merecía lo peor por haber sido tan tonto.
Los pasos del verdugo caminando alrededor del cuerpo sudoroso y cubierto por finas líneas rojas, lo convertían en un tiburón dentro de la imaginación de su víctima, en cuya mente a estas alturas, podía escucharse el sound track de una antigua película sobre tiburones tumtun tumtun tum.
Me queda claro que, si Vent tenía algún super poder, podría decirse que éste era su excepcional sentido del oído, pues era notoriamente superior al común de los mortales. El sonido de cada actividad que realizaba el verdugo en la habitación le brindaba información valiosa en cuanto a las dimensiones y ubicación de dónde se encontraba a pesar de no poder ver nada.
Con la mente bajo control, una sonrisa se le dibujaba en el rostro al visualizar su próximo escape.
Realmente era muy fácil romperle el cuello a su verdugo en una de sus tantas vueltas de tiburón. Sólo debía balancearse hacia él para trepar sobre sus hombros y apretarle el cuello con las piernas. Pero ese habría sido un error de principiantes y él no estaba dispuesto a permitirse cometer otro.
Primero necesitaba obtener algo más de información. Una de sus principales inquietudes era descubrir el motivo por el cual se encontraba allí.
Vent hablaba consigo mismo como siempre, mentalmente para no ser escuchado por nadie.
-Siendo un trabajador independiente y cotizado como yo, es posible que se trate de una venganza personal de algún rival envidioso. O posible consecuencia de mis más recientes vacaciones en Chile, aunque no recuerdo haber ofendido a las gemelas "gringas" ni tampoco a las chinitas, pero con las mujeres nunca se sabe. -
En una de esas vueltas alrededor del esbelto y bien definido cuerpo que continuaba colgando al compás de su rítmica y serena respiración, el hombre de traje azul marino se acercó tanto que rompió la distancia prudente sin darse cuenta.
En ese momento, sin siquiera proponérselo, el prisionero colgante pudo olerlo a través de la capucha.
INHALAR...
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VENT
HorrorUn asesino entrenado se enamora de un inocente muchachito, a quien abandona para protegerlo de su propio padre. Él no perdonará la traición y lo tortura para vengarse.
