Capítulo 1

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—¿Cuándo se los dirás?

—¿A quién? Espera ¿estas de acuerdo?

—Katniss, es evidente que será peligroso pero lo último que quiero es que te manipulen por el resto de tu vida.—hace una pausa— ya has sufrido bastante. Si quieres intentarlo, te acompañaremos, ya lo sabes, no es como si tuviéramos otra opción.

Sonríe juguetonamente y me mira a los ojos, acto seguido me abraza fuertemente. Prim no es tonta, aunque ya sabía que mi hermana tenía una idea en mente de cual era nuestra situación, tuve que pensármelo unos días antes de decidirme y contarle todo, y con todo, quiero decir todo. Lo cierto es que me siento un poco mejor.

—Entonces, ¿cuándo se los dirás? A Peeta y Haymitch quiero decir. Vendrán con nosotros ¿cierto?—exclama soltándome lentamente. Comienzo a caminar rápido , por lo que tiene que dar grandes zancadas para poder alcanzarme.

No sé qué contestar. Es decir, quiero que nos acompañen, eso es más que obvio pero hay un problema... Peeta. A Haymitch puedo ir y avisarle cuando regresemos a la Aldea. Pero a Peeta ni siquiera lo he visto, desde que regresamos de la Gira de la Victoria, literalmente. A pesar de la usual respuesta de Haymitch 'él está bien, no lo has visto porque ha estado ocupado' (cosa que no creo ni en lo más mínimo), para mí solo hay dos posibilidades, o la tierra se lo tragó o me está evitando, y para nada creo que la primera sea la causa. El hecho de que Peeta haya visitado a Haymitch y a mi ni siquiera me haya dejado verlo me duele. Un sentimiento de nostalgia se asienta en mi pecho.

—Cuando los vea.—respondo mirando al suelo.

—¿Y Peeta?—me quedo callada. Lo sabe; sabe que no he sabido de él desde que llegamos.

—También le...— paro de hablar en cuanto escucho el impacto de algo, levanto la cabeza y veo un montón de gente rodeando algo. Me temo lo peor.

En la plaza están los nuevos instrumentos de tortura. Sin pensarlo avanzo rápidamente hacia la multitud y comienzo a abrirme paso entre las personas. Alguien me reconoce y jala de mi brazo, deteniéndome.

—Katniss, vete a casa.—escuchar una voz familiar me tranquiliza un poco.

—¿Qué está pasando allá?

—Nada. Vete a casa.—puedo percibir la urgencia en su voz, lo que me pone aún mas ansiosa, con dificultad me suelto de su agarre y avanzo un par de pasos más hasta que una mujer se cruza en mi camino.

—Ese es tu novio ¿no es así?

¿Mi novio? Estoy a unos pasos de saber qué es lo que ocurre realmente cuando siento que alguien jala mi brazo con fuerza.

—Katniss, ¡ve a casa!—me ordena Gale.

—¡Quién esta allá Gale!

Antes de poder replicar algo la voz de Prim llama mi atención.

—¡Katniss, es Peeta!—no sé dónde está pero su voz indica que está asustada, e instantáneamente, una sensación de terror y miedo me recorre de pies a cabeza. Como puedo, me libero de Gale y empujo a todos, tratando de llegar al centro. Cuando lo logro, lo único que me hace saber que, efectivamente es Peeta, es su cabello sucio pero inconfundible. La visión de Peeta arrodillado, sus manos atadas alrededor de un poste de madera, con la piel de la espalda destrozada y un agente de la paz a punto de golpearlo con un látigo me deja paralizada un segundo. Después, corro hacia ellos, gritando el nombre de Peeta.

—¡No!—de inmediato siento el dolor en la mejilla izquierda y caigo. Llevo una mano a la herida mientras con la otra me apoyo en el suelo.

—¡Lo vas a matar!— digo mientras siento las lagrimas inundar mis ojos, el dolor es insoportable. Levanto la cabeza ligeramente y veo a Gale paralizado, intento pedirle ayuda sin la necesidad de hablar pero el no se mueve. El agente de la paz levanta el arma ensangrentada con la intención de golpearme otra vez pero alguien lo detiene. Puedo escuchar y sentir los acelerados latidos de mi corazón en todo el cuerpo.

El castigo de Peeta.¡Lee esta historia GRATIS!