02.- RUBÉN GONZÁLEZ VIAJA A LOVETOPÍA

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A bordo de AVE 5270 de ACCIONA, de Madrid a Cuenca, el 3 de mayo de 2033. Comienzo mi viaje en un vagón prácticamente vacío que circula a 150 kilómetros por hora en dirección Este. Abandono Madrid y sus casi 20 millones de habitantes para adentrarme en las tierras de Castilla-La Mancha, un territorio prácticamente despoblado desde la gran migración que se produjo hace ya diez años.

La que fue una línea de AVE muy transitada en sus orígenes apenas ofrece hoy un viaje semanal. La privatización del ferrocarril en 2015 ha fracasado rotundamente en sus objetivos. Los trenes son viejos, la frecuencia es mínima y los precios desorbitados. Quizás un ejemplo más del gran coste económico que tuvo para los españoles la Independencia de Lovetopía. O quizás, un mensaje premonitorio de lo que encontraré en mi viaje.

Mi destino de hoy es Cuenca, antaño una boyante ciudad de provincias y hoy una población que no alberga ni mil habitantes. La mayoría de sus residentes son ancianos que se negaron a abrazar las ventajas de la gran megalópolis de Madrid y que escogieron acabar sus días entre las ruinas de la ciudad. Cuenca es la última población española antes de las cerradas fronteras de Lovetopía. Mañana atravesaré la barrera natural que guarda en su seno los territorios secesionistas: el embalse de Contreras y las Hoces del Gabriel.

Con el paso del tiempo, el trauma que ocasionó la repentina separación de Lovetopía de España y la Unión Europea se ha suavizado. Lo que prometía desatar una serie de fenómenos análogos, hoy sabemos que fue la gran excepción al movimiento integrador que impone la globalización. Incluso las aspiraciones nacionalistas de Cataluña y del País Vasco se han desvanecido totalmente y son simples recuerdos de un pasado romántico.

Los españoles aún recuerdan el año 2015 con estupor. Fue en aquel nefasto 2015 cuando se produjo la ruptura con el resto de España de lo que habían sido la Comunidad Valenciana, la Región de Murcia, las provincias andaluzas de Almería, Granada, Málaga y Cádiz, y las islas Pitiusas (Ibiza y Formentera).

El shock de la secesión y la amenaza terrorista fueron el inicio del largo período de toque de queda en todo el territorio nacional y que aún hoy continúa vigente en las provincias limítrofes. El gobierno de España tuvo que recurrir al control informativo para evitar el pánico social y apaciguar la tragedia que supuso la ruptura con familiares y amigos encerrados al otro lado de la frontera.

Todos estos problemas exacerbaron la depresión económica del momento, general en toda Europa. La Independencia de Lovetopía es un hito que los economistas oficiales identifican como clave para entender la actual deuda pública del 300% del PIB y el paro estructural del 30% de la población.

El gobierno de España alcanzó niveles de impopularidad increíblemente altos. El desgaste por la crisis secesionista se sumó al desgaste existente por los supuestos casos de corrupción y por la necesidad de acudir al indulto sistemático de políticos y banqueros para corregir los errores judiciales.

Además, Lovetopía fue un duro golpe para Estados Unidos y la Unión Europea. Todo un desafío a la filosofía colectiva impuesta en todo el planeta. La globalización económica y política como única hoja de ruta viable. El consumismo como principal motor económico. Y el crecimiento del Producto Interior Bruto como el mejor indicador de progreso social.

Durante las dos últimas décadas, la mayoría de nosotros hemos ignorado lo que estaba ocurriendo en Lovetopía. La opinión general ha sido que Lovetopía resultaría ser una necedad cuyo final llegaría sólo. No obstante, ahora que resulta manifiesto que Lovetopía no ha fracasado, llega el momento de realizar un examen más objetivo de su experiencia.

Si sus innovaciones sociales resultan ser absurdas e irresponsables, dejarán de constituir una tentación para los impresionables españoles. Por ejemplo, necesitamos enjuiciar la aseveración de que en Lovetopía se ha instaurado un régimen democrático digital permanente. Que sean los ciudadanos, y no los partidos políticos, los que deciden directamente sobre cualquier cuestión que afecta a sus estilos de vida resulta tan grotesco como poco operativo. Máxime cuando las exageraciones alcanzan extremos tan diversos como la simple construcción de un puente o la aprobación o derogación de una Ley como la del aborto.

Si sus extrañas costumbres se revelan tan bárbaras como los rumores sugieren, le costará la indignación mundial. La promiscuidad sexual y el barbarismo medieval son rumores que llevan años escandalizando a los españoles.

En resumen, los políticos españoles podrán beneficiarse de saber dónde está la línea entre realidad y fantasía. Debemos enfrentarnos al reto lovetopiano desde la base de un sólido conocimiento. Necesitamos desterrar definitivamente la ignorancia, las informaciones de tercera mano y los rumores.

Mi misión, durante las próximas seis semanas, será explorar la vida lovetopiana. Descubrir las realidades que subyacen a los rumores. Describir con detalle el funcionamiento de la sociedad. Documentar sus problemas y, cuando sea de justicia, reconocer sus logros.

Mediante el conocimiento directo de la situación de nuestros antiguos ciudadanos, tal vez podamos reconstruir los lazos que les vincularon a la nación española y que tan tajantemente rechazaron.

(Martes, 3 de mayo. Al anochecer) "Cuenca es una triste sombra de su pasado esplendor" dice la web del Ministerio del Interior. Pone que, a raíz de la secesión, se abandonó un megaproyecto turístico que se conocía como El Reino de Don Quijote. Aunque a mí me recuerda a otro Eurovegas, ese "megaproyecto turístico" que se acabó construyendo en 2019, después de muchos intentos frustrados. Hoy, por mucho que las autoridades insistan en llamarlo una "lucrativa ciudad del juego", se sabe que es una ciudad sin ley diseñada para que alcohol, prostitución y drogas campen a sus anchas. La policía hace años que no se atreve a entrar y son las mafias, disfrazadas de seguridad privada, las que imponen su ley.

Cuenca es una de las muchas ciudades y pueblos españoles abandonados. Apenas he visto gente y cuando lo hice me asusté y regresé al hotel. Si es que se puede llamar así al hotelucho de carretera en el que estoy alojado, el único en toda la ciudad.

Sólo he conseguido un par opiniones sobre Lovetopía.

- "Que cada uno viva como quiera", dijo un anciano, "si se puede llamar vivir a lo que se hace allí".

El otro, un hombre joven que decía no haber trabajado nunca y vivir del paro, sonrió cuando escuchó mi pregunta.

- "Bueno", dijo, "conozco unos tipos que dicen haber ido. No es peligroso si conoces las montañas y sabes burlar las alambradas del ejército. La gente por allí es bastante amable, siempre y cuando no vayas con ideas preconcebidas en el coco. ¿Sabe una cosa? ¡Todas las chicas están abiertas a follar con desconocidos! Eso es lo que me han dicho mis amigos. ¡Y los hombres vigilan los bosques con arcos y flechas! Es para volverse loco, ¿no cree?".

Me costó bastante encontrar a quien me quisiera llevar a la frontera. Nada de taxis. No queda ni uno entre tanta desolación y tantas ruinas. Convencí a un hombre que parecía haber pasado 20 años a la sombra. Tuve que pagarle un dineral en efectivo. Nada de recibos. Todo sea que me cueste pagarlo de mi bolsillo. Pero ya intentaré colarlo de alguna manera para que pague el periódico. ¡Ah, y qué pesado con que le diese mi palabra de que no publicaría su nombre ni la conversación que pudiéramos tener! A cambio, ni un simple gracias. Todo lo contrario. Muchas miradas siniestras y una sarta de amenazadoras observaciones.

- "¿Qué coño se le ha perdido por allí? ¿Es que está usted chalao? ¡Si no son más que una panda de caníbales! ¡No saldrá entero de allí! ¡Ni yo tampoco como me descuide!".

#lovetopía. El nuevo mundo que llevamos en nuestro corazón¡Lee esta historia GRATIS!