CAPITULO 2

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Dos horas

Dos horas llevo aquí

Si te digo la verdad, estoy hasta los cojones.

Es que no sé qué hago aquí.

Aparte de estar reventado, no hago nada.

Parezco una planta literalmente.

Bill se ha ido, con una chica.

No sé qué estará haciendo

Bueno mejor no pienso lo que está haciendo porque todos lo sabemos.

Que puto asco.

Aggg

Si es que no son buenas horas para pensar.

Emily esta con sus amigos, en una especie de reservado raro.

De los más caros de la discoteca.

Yo aquí esperándome una buena fiesta y lo único que ponen es música 0 de mi rollo.

Es que literalmente no sé qué hago aquí.

Estoy aquí hablando con un amigo de Emily.

Bueno, mejor dicho, está hablándome él.

Diciéndome los dos coches que se ha comprado.

Bueno rectifico, le ha comprado su papuchi.

Son todos unos niños de papa.

Les preguntas que en que trabajan y te dicen que están haciendo negocios en proceso.

Es decir, que no están haciendo una absoluta mierda.

No es por nada, pero es que no aguanto a ningunos.

Hay una chica que es maja, una de la más normales del grupo.

Sarah se llama.

No se lleva demasiado bien con Emily, pero es maja.

Emily le tiene envidia, no entiendo por que

Qué necesidad de tener envidia a la gente, de verdad.

Emily es una chica guapa, es bajita, no pasa de 1'60, con el pelo rubio medio y los ojos marrones.

Es bastante delgada, y con una figura normal.

Sarah se parece físicamente a ella, bueno realmente no se parece en nada.

Tiene la piel oscura, con el pelo rizado, muy oscuro y los ojos marrones.

Es un pelín más alta que Emily.

Y no entiendo el por qué, pero Emily le tiene una tirria, increíble.

La misma tirria que me dan a mí la mayoría de sus amigos, menos mal que ella no es del todo como ellos.

Es un poco arrogante y narcisista, pero es buena. Me ayudo bastante al llegar aquí, la verdad.

El tío este paro de hablar.

Menos mal.

Voy a por algo de beber, no quiero que me dé la lata otra vez con los cochecitos de las narices, como si me importasen.

Me levante del sitio.

-Emily voy a por algo de beber- le dije

-Cariño, me lo puedes reponer- me dio su vaso.

Dale con el cariño.

Odiaba que me llamase así, de verdad, no lo soporto.

No le dije nada, le cogí el vaso y me empecé a largar de allí.

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