Nos encontrábamos va minamos por la orilla de la playa, todo estaba muy silencioso y tranquilo; pero no me incomodo este silencio, por el contrario me sentía bien estando a su lado así.
Caminamos y caminamos, empece a ver hacia donde quería ir, nos dirigíamos a la cueva que esta del lado de las casas de playa.

Llegamos, ella se dirigió a una piedra y empezó a escarbar, hasta que de ella salió una lampara, como la que había sacado la última vez que nos habíamos quedado aquí. La encendió y sin duda ya podíamos ver con claridad la cueva.
No habíamos hablado ninguno de los dos después del beso.

—Lo siento por lo de Antonio.... —Habla por fin— no era así, tal vez era el alcohol, o los meses lo cambio. Yo que se la verdad.

—¿Quieres hablar de eso? —Le pregunto algo nervioso—, a veces es bueno sacarlo.

Ella me observa por varios segundos, después suspira.

—Fue Antonio quién me trabajo aquí —Recuerdo que me lo había mencionado con anterioridad—, fue el primer lugar al que él me llevo, empezamos a salir, mas seguido cada vez, hasta que un día me trajo y nos comprendimos el uno del otro, yo pensaba que las cosas iban a estar bien, que él no seria como los demás, fui una estupida —Se tira a la arena—. Cuando yo le entregué mi corazón pensaba que él era único, él ni iba a ser un patan así como tú lo eres y siempre me trataría bien, pero es cierto. En esta vida uno nunca tiene un cuento de hadas en su historia, siempre sales lastimado. Y se que todos son así. Siempre van a jugar los chicos aunque tengan a una chica que los quiera, aprecie y hasta los amen, buscarán a otra a pesar de todo. A mi nunca me pasa lo bueno.

Frunzo el ceño.

Abro mi boca para decir algo, pero entonces ella se para, y se va a la playa, a la orilla del mar.

—También lo siento por el beso —Se muerde su labio, está nerviosa—, Dafne nunca me ha agradado, y por primera vez quería sentirme superior a ella. Quería sentir que podía estar a cargo de algo que a ella la hiciera enojar.

—¿Entonces fui usado? —Demonios ¿De nuevo me uso?

—No lo sé —Me voltea a ver, y me sonríe dulcemente—, tal vez si, o tal vez no, Valerio.

Se empieza a desabrochar el short, entonces abro mucho los ojos.

—¿Que estas haciendo? —Pregunto algo preocupado la verdad.

—Pienso entrar al mar —Me responde como si fuera obvio.

¿Esta loca, a estas horas?

Y si lo estaba, se había quedado en ropa interior y yo estaba hipnotizado ante lo que veía enfrente de mi, ella. Y entonces entro al mar. Se sumergió en el y estuvo varios segundo ahí. Hasta que salió y me vio.

—¿Que esperas? —Me gritó—. Ven. No esta tan fría.

—Estas loca, no pienso entrar al mar a estar horas.

—Vamos Valerio —Ríe ella—, no seas un aguafiestas.

Niego con la cabeza.
Y acto seguido Leire camina a la orilla, se acerca a mi. Me toma de la mano, tratándome de arrastrar.

—Bueno, esta bien. Deja me que quite mi camisa, por lo menos.

Me quito mi camisa y mi short, la verdad es que tampoco lo quiero mojar y me quedo en bóxer. Caminamos hacia el mar. Estábamos por completo adentro.

—Muy bien Leire —Empiezo hablar—, ¿Ahora que?

—Vamos a hacer una mini apuesta. El que aguante mas en el agua, gana.

—¿Y que se gana el que aguante mas en el agua? —Me interesó su mini apuesta.

—La otra persona tiene que hacer algo que el ganador diga.

—Esta bien, hecho —Ni si quiera lo dude.

Los dos empezamos a contar al mismo tiempo.

—Una... Dos... —Ella Se acerco más a mi y me sonrió—. ¡Tres!

Y me sumerjo en el agua...
Pasaron quince segundos.
Treinta segundos.
Cuarenta y cinco segundos, y entonces la escucho salir del agua.

Y así es como me doy cuenta que yo gane.

Yo también salgo, y la vuelvo a observar detalladamente con su pelo alborotado, tapándole la cara por completo, parecía más oscuro de lo que es, con sus ojos verdes mirándome fijamente.

—Ganaste —Fue lo único que pudo decir, su voz se escuchó como un jadeo.

—Ya lo creo.

Acto seguido ella me arrojo agua, y fue así como empezó una guerra de agua entre los dos, pasaron minutos. Hasta que los dos nos cansamos y nos detuvimos.

Ambos estábamos jadeando del cansancio, y se volvió ella a acercar a mi, quedamos frente a frente, no había nada entre nosotros y ella fue quien hablo para romper el silencio.

—¿En serio te gustó nuestro beso? —Preguntó ella con un toque de nerviosismo—, digo... No es que yo sepa mucho de eso, no soy una experta ni mucho menos. Pero sentí que lo habías dicho más por compromiso, que por realidad.

—¿La verdad? —Sonreí al recordar aquel beso.

—Si... —Dejó su frase suspendida, después de arrepiento—. Bueno mejor no me lo digas.

—¿Segura? —Frunzo el ceño.

—Segura.

Suspire, se lo quería decir, pero ella ya no quería escuchar eso.
Ella empezaba a temblar.
Tenía frío.

—Cariño es hora de irse.

Ella solo asiente, salimos del agua. Se pone su ropa, pero esta se le moja al instante, ella apaga la luz de la cueva y vuelve a guardar la lampara.

Y empieza a caminar inestablemente, así que hago que pase su brazo por mi hombro y mi cuello, y la tomo de la cintura.

Y caminamos hasta quedar parados enfrente de mi auto, tenía que decirle algo, tenía que hablar sobre ese beso.

Pero ella ya no quería escuchar nada.

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