-"Capitulo XI"-

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"La calma después de la tormenta"

|Narrador Omnicente|

Luzu mantenía el contacto visual con su ahora ex-pareja mientras que Quackity trataba de contener los deseos de saltar y festejar por lo que acababa de pasar.

-¿Estas terminando conmigo enserió?-Pregunto desconcertado y sin procesar la situación-No puedes hacerme esto Luzu.

-Claro que puedo y ya lo hize-Reafirmo sin titubear.

-Bien, si esto es lo que quieres-Se puso devuelta la capucha- Ahora vamos a ver si tus padres están igual de felices que tu por esto eh.

El oji café se dio la vuelta y se fue caminando rápidamente, desapareciendo así de la vista de ambos.

-¡Bien echo chico fresa!-Celebró soltando toda la felicidad que había estado conteniendo-¡Estoy muy orgulloso de ti!.

-Nunca pensé que esto ocurrirá-Admito con una sonrisa-Pero estoy feliz de que ocurriera.

-¿Vez que no era tan difícil?-Pregunto irónico imitando lo que le había dicho el castaño anteriormente.

El oji rubí iba a responder pero unas gotas de agua callendo sobre su cabeza lo interrumpieron, y de un momento a otro empezó a llover cataratas, corrieron rápidamente hacia una de los locales, aunque por más rápidos que fueron no evitaron mojarse hasta las medias.

-Mierda-Malidijo viendo las gotas de agua caer-Tendremos que esperar a que la lluvia pare, para poder irnos.

-¿Bromeas?-Cuestiono irónico sacando su teléfono, marco un número y lo puso en su oído-Si, quiero que nos vengan a buscar, la dirección es....

El oji carbón solo podía pensar en todo el tiempo que se pudo haber ahorrado si pudiese hacer eso y todos los referidos de los que se hubiera salvado.

Tampoco puedo evitar pensar en el increíble celular que tenía el más alto, por un momento se sintió algo inferior con el suyo pero rápidamente desapareció esos pensamientos de su mente.

(...)

Ahora ambos se encontraban en la casa del azabache, este había propuesto que pasaran un rato allí y que luego el otro volviera a su casa y el oji rubí había aceptado más que gustoso.

Primero habían cambiado sus ropas mojadas por unas secas, el de gorra le ofreció prestarle una de sus ropas ya que tenía algunas que le quedaban grande, por el hecho de que sus padres solían comprarle ropa dos talles más grandes para que durarán más y no le quedara chica tan rápido.

"¡Hey,Chico Fresa!" |Luckity Au|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora