Parte15: Pedagogo de la Humanidad

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-Está bien, estable, y por lo visto está aceptando bien la nutrición. -Mariana apretaba el paso camino de la Facultad, mientras hablaba por el móvil.

-Qué bien tía, me tenía tan preocupada... bueno, Saúl y Camponegro también, te mandan saludos. ¿Entonces todo bien?, ¿y tú cómo estás?... te escucho acelerada...

-Estoy bien, no te preocupes, me he pedido quince días de vacaciones para poder organizarme y estar con él.

-¿Sí?

-Sí, y mi jefe encantado... al final todo el mundo se le concentra entre julio y agosto.

-¿Y estás todo el tiempo a su lado?, ¿te dejan?...

-No, solo a ratos ...pero estoy liada con otras cosas, ¡he vuelto a la facultad!, ya te contaré...

-¿Qué me estás contando tía?

-Eso, que ya te contaré... es una historia muy larga, pero dile a Saúl que estaba equivocado... que yo también puedo usar el lado oscuro.

-¡Ojú!, vas a acabar peor que Saúl como te descuides, por cierto, que últimamente ha hecho buenas migas con la chavala esa de internet, ¡la Isis esa!, que también le escribe preocupada por Ramón... se pasan horas chateando...

-Pues me alegro por ellos... bueno, te dejo, que tengo una cita con el Decano.

-¿Con el Decano?

-Sí, con el mismísimo Jose Antonio Alcázar de Toledo.

-¡Ay Dios mío!, aquí el que no está loco le pega pellizcos a los cristales.

-¡Ya te cuento otro día!, adiós...adiós.

Acabó de subir el tramo de escaleras y entró a la antesala del decanato, donde una secretaria de mediana edad, melenita rubio oro y brillantes pendientes de perlas le concedió una sonrisa. Mariana respiró un momento para recuperar el aliento.

-Buenas, tengo una cita a las diez con el señor Decano.

-¿Mariana verdad?, pasa, te está esperando.

El Cristo crucificado lucía mucho mejor en aquella pared que sobre la anterior de yeso prefabricado. Ginés no había exagerado un ápice, aquello hubiera podido pasar por el despacho oval, de nos ser porque la miniatura de mástil que reposaba sobre la mesa de despacho, en lugar de sostener una bandera con barras y estrellas, sostenía una rojigualda, lo suficientemente flácida como para no mostrar de manera explícita el águila franquista bordada en ella.

José Antonio no se levantó, tampoco levantó la mirada, estaba hojeando unos papeles sobre su mesa.

-Pasa Mariana -dijo, haciendo un gesto con la mano-. Siéntate, sín protocolo, estoy leyendo tu borrador. Es muy interesante, y observo que has madurado mucho en lo personal. -Al decir esto sí que la miró, aquel hombre seguía teniendo los cuatro pelos de rata repeinados hacia atrás, esa nariz gorda, como de patata, y el espeso bigote bajo la misma. Quizá pretendiera dar con el bigote cierta imagen de seriedad, pero desde los tiempos en que compañeros de la facultad le enseñaran fotos de Ron Jeremy, ella no podía ver esa cara sin aguantar una sonrisa.

-Bueno, ya se sabe, la vida cambia... aunque yo me veo igual.

-Claro que te ves igual, porque no tienes perspectiva, he leído esto que me traes y se ve una evolución muy favorable, sin duda encajarás bien aquí. -Suspiró-. Fue una pena que te alejases de nosotros por culpa de ese desquiciado de Ramón... ¿sabes que la ha liado otra vez no?... ¡qué bochorno!

-Sí, me lo dijo Ginés, que salió de nuevo en los periódicos por no sé qué historia en un cementerio. -Mariana miró al suelo y respiró hondo-. La verdad es que hace mucho tiempo que no lo veo, pero opino que tratarlo de desquiciado es poco oportuno, quizá necesite ayuda. -Volvió a respirar hondo y señaló con la mirada al crucificado en la pared-. Alguien dijo alguna vez que debemos ayudar al prójimo, ¿no?

-¡Y escuchar a Dios! -dijo José Antonio, señalando al techo con su dedo índice levantado-, eso es lo principal. -Moderó el tono de voz hasta hacerlo casi paternal-. Dios le está diciendo algo a ese muchacho y él no se entera, ni se quiere enterar... ¿quienes somos nosotros para interferir?...

-¿Lo dices en serio?

-Sí, lo tengo meridianamente claro: si sobre-proteges al desviado, no aprenderá nunca. -Hizo una pausa y miró al crucifijo-. ¡Y lo que Dios quiere es que aprendan!

-Esa es tu linea..."Jesucristo, pedagogo de la humanidad"... recuerdo esa lección magistral tuya...

-Y yo el debate que abriste con tu amigo... y la defensa en favor mía que esgrimieron Ginés y Fermín. -Sonrió, haciendo que los pelillos de su bigote se movieran-. Fue un debate épico y siempre os valoré por vuestra valentía: la mayoría de alumnos le baila el agua al profesor y no da problemas, pero Ramón y tú erais de una pasta especial. Es normal la rebeldía en tiempos jóvenes, pero al final, el tiempo da y quita razones... y todo acaba siendo como Dios manda. Mira donde están Ginés y Fermín, y mira donde estás tú... Dios también te habla con todo esto.

-Será cuestión de escuchar entonces -Mariana asentía con la cabeza, aunque no pudo ocultar del todo el fondo de rabia en su voz.

-Claro hija claro, esa es la cuestión, ser humilde y escuchar su voluntad. -Tendió una ficha de cartulina con rayas en la que había diversas notas garabateadas-. Esta es la bibliografía básica, casi todos son libros míos, repásalos y toma todo lo que necesites para el artículo, no olvides citarme siempre. De todos modos, veo que lo tienes bien enfocado y Ginés, sin duda, te dirigirá bien.

-Por supuesto, Ginés es genial, desde el principio me admiró su talento, aunque estando a tu sombra claro... es lo que el mismo dice... se veía un poco limitado. ¡Ahora lo veo mejor que nunca!, me ha dicho que vamos a escribir algo que sirva de revulsivo y mueva un poco las cosas, superando las viejas teorías.

-¿Eso te ha dicho? -susurró José Antonio elevando las cejas-... pues me alegro de saberlo.

-Sí, bueno, es normal ¿no?, siempre se trata de eso, de avanzar un poco con cada nuevo artículo ¿no?

-Camina con tus propios pasos, pero recuerda: "Honrarás a tu padre y a tu madre". ¡Que no se te olvide!

-¡Claro que no! -Mariana sonrió, quizá demasiado-. Eso es lo siempre me gustó de ti, José Antonio, podemos estar hablando de cualquier cosa y tú siempre tienes una opinión madura y la mirada puesta hacia lo trascendente.

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