Capítulo 27: "Mi niñata malcriada".

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   Me desperté cuando noté que unos besos húmedos inundaban mi estómago. No quise abrir los ojos, quería sentir como William me besaba. Era una sensación maravillosa. Un cosquilleo inundaba desde mi cuello hasta mi corazón. Sentía eso cada mañana cuando me levantaba, cada vez que me besaba, me abrazaba, o me hace sentir que no hay nadie más en el mundo que no seamos nosotros.

-A levantarse Carly... -susurró con una voz ronca y violable. No le hice caso. Me dio un beso en la frente, y después en la nariz-. Como no te levantes ya te voy a tirar a la piscina... -¿piscina? no sabía que tenía...

-Ya voy... -susurré con mi voz ronca de por las mañanas. Abrí los ojos, y me lo encontré justo encima de mí, contemplándome con esos hermosos ojos azules.

-Buenos días -susurró acariciándome el pelo. Me acerqué a él y deposité un pequeño beso en sus labios.

-Buenos días -repetí. Me levanté de la cama, y él me siguió. Cuando íbamos bajando las escaleras, antes de que pudiera darme cuenta, me palmeó el culo-. Ay... -gemí mientras intentaba mirarlo.

-Sabes que te encanta que lo haga... -lo fulminé con la mirada mientras terminaba de bajar las escaleras. Puto egocéntrico...

   Entré en la cocina. Abrí la nevera, cogí el cartón de leche semidesnatada, un vaso, y busqué el Cola-Cao. Busqué en la gran despensa, en los cajones que había debajo de la barra de la cocina, pero no lo encontré.

-¿Qué te pasa? -preguntó William de repente.

-Busco el Cola-Cao -le dije bordemente. Estaba cabreada con él porque me palmeaba el culo siempre que le apetecía. Sabes que te encanta que lo haga... William miró en el pequeño armario que había encima del fregadero, donde estaban todos los vasos y platos, y sacó el Cola-Cao.

-Aquí tienes -me tendió mientras me miraba seriamente.

-Luego dices que la rara soy yo... -susurré, pensando que no me escucharía. Pero me escuchó.

-En ningún momento te he dicho de que seas rara -me contestó bordemente mientras se acercaba-. Yo te he dicho que eres mía -me dijo fríamente mientras atrapaba mis labios bruscamente.

-¿Tuya? ¿En qué momento te he dicho que soy tuya? -le pregunté bordemente mientras me separaba de él.

-Carlotta no empieces... -susurró y se notaba que enfadado. Me aparté de él, cogí el Cola-Cao, le eché a la leche tres cucharadas, y lo volví a guardar donde estaba antes. Me lo bebí muy deprisa, tan deprisa que no me dio tiempo a limpiarme luego con una servilleta. Cogí la bolsa con la ropa limpia que había al lado de la puerta de la casa, y subí hasta la habitación de Avril. Me quité su camiseta, y me coloqué unas bragas limpias, mi sujetador y por último mis pantalones cortos rotos junto una camiseta blanca que ponía Deep Kisses. Después, bajé hasta el salón, me senté en el sofá, y encendí la televisión. Puse Entre Fantasmas para matar un poco el rato, pero no conseguí quitarle la vista a William, que estaba quitándose la ropa.

-¿No puedes ir a vestirte a tu cuarto? -le pregunté bordemente. Me miró con una pícara sonrisa.

-Es mi casa, puedo vestirme donde quiera -me guiñó un ojo. Puse mis ojos en blanco. Se terminó de poner su camiseta verde pistacho.

-Haces que quiera tirarme de los pelos hasta arrancármelos -le dije de repente. Él me miró.

-Eres demasiado seria -contraatacó él.

-Cuando yo sigo tú te vas.

-Tratas de leer mi mente.

-No escuchas nunca lo que digo.

-Eres todo o nada.

-Lo único que quieres es enfriarte.

-Somos como el fuego y la lluvia.

-Pero puedes mantenerme a salvo.

-Y no puedo enfadarme contigo por nada.

-Somos como Venus y Marte.

-Como estrellas diferentes.

-Pero eres la armonía de todas las canciones que canto... -le susurré. Se acercó a mí lentamente, y se puso a mi lado. Acarició suavemente mi mejilla.

-Pero no cambiaría las cosas -dijimos los dos a la vez. Juntó sus labios con los míos, creando un beso perfecto. Lo necesitaba. Lo necesitaba a él. A su infinita manera de cabrearme, de hacerme sentir única, de hacer que pueda llorar en mi cama sin salir de ella y a sus besos. Necesitaba sus caricias. Lo necesitaba.

-Lo siento... -susurré en sus labios.

-¿Por qué lo sientes? -preguntó él acariciándome el pelo.

-Por ser una niñata malcriada... -susurré aún más bajo.

-Hay una diferencia entre lo que tu has dicho y lo que pienso -arqueé una ceja-. Eres una niñata malcriada, pero eres mi niñata malcriada -sonreí y le abracé. Pasó su mano por mi espalda y yo acariciaba su áspero pelo.

-¿Nos vamos? -él asintió con la cabeza. Apagó la televisión, y me cogió de la mano. Me ruboricé. No esperaba que fuera a hacer eso. Me abrió la puerta y me volvió a coger de la mano. Nos montamos en su moto, y arrancó.

-¿A dónde vamos? -preguntó él mirándome.

-A dónde tú quieras, pero juntos -él me regaló una sonrisa al tiempo que me acariciaba el pelo.

-Eso siempre, Carlotta.


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Holiiis!!! Podéis matarme, ya sé que el capítulo es ultramegacortísimo, pero es que no tenía inspiración. Como regalo, el siguiente será un poquito más largo... Bueno, espero que por muy corto que sea, os haya gustado. Chauu.

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