Prologo

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Un dolor martilleaba mi cabeza, sentía la garganta seca y la luz que entraba por la ventana, molestaba mis ojos. Los cerré de golpe tras apenas haber intentado abrirlos, percibí un olor a cigarro y alcohol, que se mezclaban en el lugar. Mire el techo, desconociendo el color azul que teñía la superficie ¿Dónde estaba? ¿Con quién? No tenía la menor idea, lo que menos me importaba era el nombre de quien se ofreciera a pasar la noche conmigo, como todas las mañanas, siempre aparecía un rostro distinto junto a mí. Me frote los ojos sintiendo el maquillaje seco de mis ojos, aparentemente corrido por mis pómulos. Intente ponerme en pie y descubrí que una mano estaba sobre mi estómago, inmovilizándome. La moví a un lado para poder salir de la cama y vi un cuerpo desnudo a mi lado. Wow, tenía un lindo trasero, bastante lindo, pero con el dolor de cabeza y el malestar de la garganta no lo observe del todo. Me salí de la cama y busque mi ropa. ¿Dónde rayos estaban mis pantaletas? Rebusque por el piso pero nada.

―Están sobre el televisor ―anuncio una voz adormilada. Mire al chico que se frotaba los ojos ¿Cuál era su nombre? Rayos, no tenía idea.

―Gracias ―conteste mirando al televisor y encontrando mi prenda, colgando de una de las esquinas. Al tomarlos, me alegro ver que estaban intactos, algunas ocasiones todo ocurría tan deprisa que terminaban con algunas secuelas.

 ― ¿Tienes que irte tan temprano? ―Pregunto con tono juguetón. Los efectos del alcohol y lo que me había metido la noche anterior, habían desaparecido por completo por lo que quedarme no era una opción, no para mí. Mientras más tiempo estuviera ahí sería peor, volvería a golpearme la realidad. No quería estar ni un segundo más ahí con ese desconocido, porque así se quedaría como uno más. Termine de colocarme el sostén y lo mire con una sonrisa fingida, la cual había puesto en práctica millones de veces, por lo que incluso yo misma creía que era real cuando me miraba al espejo.

―Si dura demasiado no es divertido. Nos vemos ―Conteste, saliendo de la habitación y entrando a la sala, donde encontré el resto de mi ropa y termine de vestirme, para después abandonar aquel departamento. ¿Dónde rayos estaba? Me pregunte al salir a la calle. Los sonidos de los autos y las voces de las personas que caminaban por la calle a toda prisa me aturdían, ojala se callaran y así poder aliviar un poco mi maldito dolor de cabeza, aunque para ser sinceros creo que el problema era mi extremo estado de resaca y no ellos.

Me dirigí a la estación del metro. Busque en las bolsas de mi chaqueta. 100 dólares era todo lo que había. Rayos, había salido con al menos 20000 ¿Dónde había terminado el resto? No tenía la menor idea. Lo que si era seguro, que debía medirme o terminaría durmiendo en la calle un día de estos. Como el hombre que había visto en la entrada del metro.

Aborde el metro, donde varias personas, sobre todo mujeres con elegantes vestidos, me miraban como si fuera un bicho raro y claro que lo era, tras darme un mirada en el cristal de la ventanilla, descubrí que parcia un panda, tenía el rímel corrido. Bueno eso no importaba, al final para todos era un bicho raro. No le tome importancia y las ignore. Llegue a mi departamento sin contratiempos. Abrí la regadera mientras tomaba una botella de agua del refrigerador. Moría de sed. Pero mis reservas se agotaban, tendría que ir al super un día próximo, de lo contrario moriría de sed cada que volviera a casa.

Después de ducharme, me metí de nuevo a la cama, donde me quede hasta después de las 4, cuando mi estómago me reclamo alimentarlo. Salí y busque dentro de la alacena, donde encontré algunas sopas instantáneas. Escuche vibrar mi teléfono y atendí la llamada, mientras esperaba que estuviera lista mi "comida".

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