Capítulo tres: "Los túneles"

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Darlene salió detrás de Steve.

El chirrido de neumáticos fue excesivamente fuerte cuando Hargrove frenó frente a la casa de los Byers. Darlene y Steve se tensaron por un momento.

—¿Estoy soñando o eres tú, Harrington? —preguntó al bajarse del automóvil.

—Sí, soy yo. No mojes tus pantalones —le respondió intentando sonar lo más temeroso posible.

Billy se sacó su chaqueta de cuero y la tiró al suelo. Steve bajó del pórtico y se acercó con la ira recorriendo su cuerpo. Era conocido que entre el nuevo alumno y Harrington no había una amistad, todo lo contrario, se odiaban. Darlene sabía que no era un buen enfrentamiento. Aunque no iría a admitirlo frente a Steve, tenía idea de quién saldría perdiendo.

—Steve, no —le pidió Darlene intentando detenerlo, pero él no la escuchó.

Billy dirigió su mirada a la muchacha.

—Uh, bonita Darlene, querida Darlene —dijo Billy con un tono de voz meloso—. ¿Cómo estás pasando la noche? ¿Este bueno para nada te hace buena compañía?

Darlene suspiró cansada.

—¿Qué haces aquí, Billy? —preguntó la muchacha sin ganas de seguir sus juegos.

Darlene nunca se sintió cómoda alrededor de él, pero a Hargrove no parecía importarle. Blackwood había tenido la mala suerte de compartir una clase con el muchacho y que los pusieran juntos en un trabajo. Desde ese momento Billy se encargó de incomodarla cuando tenía oportunidad.

Le atraía Darlene. No era que moría por ella o que haría todo por tenerla, pero le agradaba verla tan indefensa y tímida ante su presencia. Para él era una dulce muchacha a la que quería corromper, pero ella lo rechazó incontables veces. Billy debía admitir que le molestaba que no demostrara el más mínimo interés. Todas las chicas caían rendidas por él, pero estaba claro que ella no era igual. Y eso lo motivaba. Era casi como un desafío. La bonita y dulce Darlene.

Ante la mirada penetrante que Hargrove le dirigió a Blackwood, Steve notó como su compañera se incomodaba notablemente, por lo que decidió adelantarse unos pasos y ponerse frente a ella. Tal vez de esa manera Darlene podía sentirse un poco más protegida. Steve se había comportado como la mierda en el último año con Nancy, por lo que tenía la necesidad de arreglar sus errores. Sentía que, de esta manera, enmendaba un poco todo lo que había hecho mal.

—Podría preguntarles lo mismo —dijo Billy notando aquel acto—. Yo busco a mi hermanita. Alguien me dijo que estaba aquí.

—Qué raro. No la conozco —respondió Steve.

—Pequeña, pelirroja, un poco molesta —la describió colocándose un cigarrillo prendido en la boca.

—No me suena. Lo siento.

—¿Sabes algo? No comprendo nada —dijo dándole una pitada al cigarro—. Nada de esto, Harrington, no lo sé. Me da escalofríos.

—¿Sí? ¿Por qué?

Darlene apretó con fuerza la chaqueta de Steve por la parte de atrás. Quería decirle que dejara de querer intimidar a Billy, no iba a lograrlo. Por Dios, Steve era de los que molestaba a indefensos, no a chicos como... Hargrove. Era el triple que él, en tamaño y músculos. Steve sólo era una cara bonita, ¿Qué mierda intentaba hacer?

—Mi hermanita de trece años desaparece todo el día y la encuentro con ustedes dos en la casa de un desconocido. Y me mientes sobre ello.

—Amigo —masculló Steve riendo entre dientes, acercándose cada vez más a Billy—. ¿De pequeño te caíste muchas veces de cabeza? No entiendo qué parte de lo que te dije no entiendes. Ella no está aquí.

Darlene | Steve HarringtonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora