—Mañana a la noche veo a Heidi, pero el problema con ella es que se va a estudiar lejos —contó Steve mientras manejaba—. ¿Quiero empezar otra relación que solamente sea para tener sexo? No sé, ¿Tiene sentido lo que digo? ¡Robin! ¿Me estás escuchando?
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—Sí.
—¿Qué dije?
—Algo sobre el sexo con Linda.
—¡No, hablo de Heidi! —le espetó molesto, golpeando con levedad el volante.
—¡Dame un respiro! Por favor —pidió Robin mirándose en el espejo del auto—. Tu vida amorosa es laberíntica. Son las 7 a.m., tenemos el show de porristas y parezco un cadáver.
—¿Te preocupa eso? ¿Esperas que me lo crea?
—Sí, ¿por?
—Sabemos de qué se trata esto —dijo Steve echándole un rápido vistazo—. No mientas. Se trata de Vickie.
Robin y Steve habían formado una amistad verdaderamente fuerte en los últimos meses. Ambos se veían como hermanos y se querían demasiado. Habían creado una confianza increíble, tan así que Robin se había animado a confesarle el mayor de sus secretos. A Robin le atraían las mujeres y, aunque había sorprendido al muchacho, este intentó tomárselo con total naturalidad. Es decir, si hubiera sido de otra manera, si Steve no tuviera una mentalidad tan abierta, habría hecho lo posible para seguir siendo amigo de Robin, de cualquier forma. La quería y había sido de gran ayuda estos meses sin... bueno, sin Darlene.
—Claro que no —respondió Robin.
—Sí. ¿Y sabes qué? Deja de fingir ser otra cuando estás cerca de ella. Solo tienes que ser tú misma.
—Literalmente, me estás citando a mí. ¿Te das cuenta? —le preguntó mirándolo. Lucía incómoda.
—Quizá debas escucharte. ¿No pensaste en eso? Yo lo hice y mírame. ¡Bum! Recuperado.
—¿Ya has dejado de llorar por Darlene en las noches? —inquirió en broma.
Steve puso una mueca de desagrado.
—Eso no... eso no tiene nada que ver, ¿bien? Nunca lloré por Darlene. Ya hablamos de esto —comentó seriamente, sin apartar la mirada del camino.
—Bien, como sea, no es lo mismo —murmuró Robin—. Tú invitas a salir a una chica, te dice que no, como Darlene, y no pasa nada. Te hiere el ego. Si invito a salir a la chica equivocada, se acabó.
—Te creería eso, pero Vickie no es la chica equivocada.
—No lo sabemos, ¿o sí?
—Devolvió Picardías estudiantiles pausada en el minuto 53:05 ¿Por qué alguien pausaría esa película ahí? —cuestionó Steve—. Porque le gustan las bubis, Robin. ¡Bubis!