Capítulo cinco: "La batalla de Starcourt"

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Eleven gritaba y lloraba del dolor tirada sobre el suelo, con todos a su alrededor mirándola aterrados.

—¡Mi pierna! —gritó la niña adolorida—. ¡Mi pierna!

—¿Qué es eso? —preguntó Erica observando la herida en su pierna.

—¡Se está moviendo! —gritó Max.

—Dios mío —masculló Robin disgustada.

Darlene vio como aquello, que no sabían qué era, pero tenía el tamaño de una rata, se movía dentro de la pierna de Eleven, volviendo el lugar afectado cada vez más rojo. La niña seguía gritando, pidiendo ayuda. Blackwood respiró profundo luego de que su mente trabajara con rapidez.

—Que siga hablando —indicó Darlene a los demás—. Manténganla despierta.

La muchacha se levantó del suelo y miró a su alrededor. Corrió hacia la tienda de comida más cercana sintiendo que iría a desfallecer en cualquier momento por el cansancio. Abrió cajones en busca de algo que pudiera ayudar, hasta que dio con lo que necesitaba. Una chuchilla bien afilada y una cuchara de madera.

Fue rápidamente hacia el horno y prendió una de las hornallas. Necesitaba calentar el acero. Levantó la vista para observar a los muchachos. Los gritos de la niña no ayudaban en su concentración. Mientras tanto siguió buscando en los cajones en busca de más materiales. Halló un guante de látex. Serviría.

Unos pocos minutos después, cuando vio que la cuchilla brillaba en un rojo intenso por el calor, corrió con cuidado nuevamente hacia donde todos se encontraban y se arrodilló frente a Eleven.

—Okey. Oye, Eleven, esto va a doler mucho, ¿bien?

—Bien —dijo entre llanto.

—Pero quédate quieta, ¿sí? Mírame, prometo que será rápido —dijo suavemente intentando calmarla—. Toma, vas a querer morder esto, ¿está bien? —le extendió la cuchara de madera y luego se colocó el guante—. Es para el dolor.

Darlene miró la pierna de la niña y maldijo por lo bajo. Había curado muchas heridas de sus hermanos pequeños. Darshen se había abierto la cabeza con tres años mientras saltaba en la cama y cayó al piso, y Darslen se había raspado ambas rodillas mientras hacía piruetas, pero nada era como esto.

—Hazlo —le animó Mike.

—Bien —exhaló Darlene—. Ahí voy.

Tomó la pierna de Eleven y acercó la cuchilla. Debido a lo bien afilado que estaba y por el calor que emanaba, la piel de la niña se abrió como un pan. Los gritos apaciguados por la cuchara de madera que la niña tenía en la boca, hacían que Darlene sintiera dolor, pero intentó que eso no la distrajera. La sangre salía a borbotones. Exhaló muchas veces intentando calmarse y entonces metió su mano con el guante dentro de la herida.

Todos exclamaron asqueados y asustados. Aquella cosa que se movía dentro de la pierna de Eleven hacía que la niña gritara de la desesperación y el dolor. Darlene estaba comenzando a perder aire y paciencia al no poder tomar esa mierda.

—¡Darlene! —gritó Nancy al ver que hurgaba en la herida de Eleven.

—Espera, no hables —le pidió nerviosa y sus dedos empezaron a impacientarse para tomar esa cosa que se movía, pero no podía hacerlo—. ¡Maldición!

—¡No, para! ¡Alto! —gritó Eleven quitándose la madera de la boca. 

Steve, de manera rápida, empujó a Darlene del alcance de Eleven. Nunca se sabía cómo podía reaccionar la niña y era mejor prevenir que curar, ¿cierto?

Darlene | Steve HarringtonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora