Capítulo 1.

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Mi reloj marcaba exactamente las 12 del mediodía. Jason, mi mejor amigo, había quedado en recogerme hace aproximadamente diez minutos. Y claro, volver sola a casa era una posibilidad, pero él había insistido en estrenar su auto para una ocasión importante. Aunque yo sabía que no era más que una escusa para presumir su regalo de cumpleaños frente a toda la institución.

Mientras jugaba con la manga de mi buzo para calmar mi ansiedad, pude observar por el rabillo de mi ojo un auto aparcando a unos pequeños pasos de mi. Segundos después, la ventanilla junto al asiento del copiloto bajó por completo, dejando una clara vista del pálido rostro de mi amigo.

-Siempre pensé que era en vano que tú tuvieras un celular, pero hoy, lo he comprobado, Megan .- Dijo sacudiendo su dedo indice, reprochándome.

Saqué mi celular del bolsillo de mi pantalón y observé su mensaje de texto, el cual me había mandado minutos atrás según indicaba.

"¿Aún sigues allí?" Decía.


-Sabes lo que opino con respecto a los teléfonos, y la tecnología en general.- Respondí en un intento de defenderme.


-La tecnología hará todo por nosotros algún día, debes dejar de cerrarte de tal forma ante ella.

Subí al auto sin darle respuesta alguna. ¿Tendría razón? ¿Podrían la tecnología llegar a cumplir todas las funciones del ser humano? No, eso no era posible. Ninguna máquina podría pensar ni sentir por nosotros. Los pensamientos y los sentimientos eran algo que nada ni nadie nos podría arrebatar. Era propio de cada uno, algo que vive dentro de cada persona de una extraña y desconocida forma.

Durante el transcurso a casa, Jason atinó a poner algo de música rock.

Finalmente el auto estacionó frente al enorme portón de madera color blanco, completamente desgastado y viejo. Mi casa no era la más bonita de todas, eso lo podía asegurar. Está había sido construida a principios del siglo XIX, y siempre había sido habitada. Su aspecto era bastante descuidado, pero aún así, era mi hogar y me sentía muy bien con eso.

- Espero tu mensaje.- Gritó mi amigo desde el interior del auto mientras yo aterrizaba en la entrada.

-Cuenta con eso.- Respondí con un tono de voz totalmente sarcástico.

Abrí la rustica puerta de madera y me encontré con la casa completamente sola. Mamá como siempre, pasaba sus tardes con amigas en el salón de belleza o jugando a algún juego de mesa.

Por otra parte, mi papá trabajaba en el exterior colaborando con empresas de tecnología.

Así que sí, mis tardes eran aburridas, pero llenaba ese vacío escribiendo en mi blog.

Se podría decir que nunca me habían agradado las innovaciones tecnológicas. Me había quedado en la época del televisor, el cuál no miraba muy a menudo. Pero Jason me había presentado un sitió en un lugar de Internet el cual me había dejado enamorada por completo. Un maravilloso lugar en donde las personas podían tener un pequeño espacio en la enorme web, donde podían dar sus opiniones o contar anécdotas.

Mi blog no superaba las diez visitas. Seguramente eran personas que entraban porque la confundían con otra página web, pero aún así no me importaba, era mi lugar, mi espacio. Un despacito de mi que podía compartir con el resto. O conmigo misma en un futuro.

Como siempre, comencé a escribir una nueva entrada. El tema de este se me había ocurrido en clase de biología: Que nos forma.

Y si bien en clase habíamos hablado de esto desde un punto de vista diferente al que yo quería tratar, había despertado mi curiosidad de cierta forma.

El mundo de Megan¡Lee esta historia GRATIS!