Ladrón de galletas: Me odio en este momento.
Como me sentía culpable decidí regalarte un paquete de oreos.
No quiero más.- te dije de repente y dejé en tus manos las galletas, sin mirar a tus ojos, porque son tan deslumbrantes y hermosos, que me harían decirte cualquier cosa demente.
¿Enserio?- preguntaste, y minutos después empezaste a reír.
-Realmente estás enferma... -dijiste mientras hacías pucheros y me cogías mis mejillas (cosa que odio) - tanto como para envenenar unas oreo y regalármela...
Te aparté las manos, y te miré en un intento de ser seria.
-Oh, no, también hay otra opción.-lo miré con intriga y luego prosiguió- Que me amas en secreto y en cosas como estas me demuestras tu amor.
Saliste corriendo antes que pudiera pronunciar palabra alguna.
La macabra y enamorada oreo.
