Recuperando mi gusto

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Luego de pasar por el peor momento de toda mi vida no sabía que hacer. Por un lado podía elegir seguir los deseos de ese idiota de mi padre con tal de mantener mi estilo de vida. Por otra parte, continuar mis sueños aunque eso significara dejar mi casa. Esa decisión parecía sencilla por momentos, pero luego me ponía a analizar mejor las cosas. Todo me impulsaba a la primera opción, pero yo era consiente de que eso sería el fin de mi felicidad. Yo de por si no quería seguir la palabra de mi papá, sobre todo después de haber vendido mis libros en Amazonas. Tanto así llegó la cosa de que, a través de la laptop de mi mamá, mandé a Carla a ese mercado a buscar mis libros. Por lo que ella averiguó la mayoría ya habían sido vendidos de forma rápida. No me sorprende, ya que todos eran originales y estaban en muy buen estado. Sin embargo, para mi felicidad, encontró los 7 libros de mi abuelo, los cuales compró inmediatamente para guardarlos hasta poder encontrarnos. Por un lado resolví en unos pocos días uno de los problemas. Por otra parte, el dilema central que tenía sobre mi futuro inundaba mi cabeza como cuando mi pañal se llena una vez que yo suelto todo lo que tengo en mi vejiga. No sabía que hacer.

Pase así gran parte de mis días desde que aquella noche. Apenas les dirigía la miradas a mis papás, mientras que a Nataly solo la insultaba cada vez que pasaba por mi cuarto. Ella a veces parecía querer responder, pero no lo hacía supongo yo porque ella sabía que si mi madre se enteraba la iban a sacar de mi casa. Mi rutina luego de ir al colegio era encerrarme en mi cuarto a hacer mi tarea, luego tirarme a ver televisión ya que no tenía algo a la mano para leer mas que los libros del colegio que ya había leído más de una vez. Llegué a un punto donde se me acabaron los pañales y no me quedó otra que resignarme ante la falta del único cobijo que tenía en esos momentos de tristeza, parecidos a los que Fantine pasó en la adaptación de "Los Miserables" . Mi mamá por momentos trataba de hablar conmigo. Sin embargo, sabía que sería solo para hablar de esa maldita profesión llamada Medicina, por lo que pasaba a cerrar mi cuarto con pestillo o simplemente a decirle que no quería verla. Soy consiente de que eso la hacía sufrir, pero no me importaba en ese instante. El odio que tenía contra ese hijo de puta de mi padre se expandió hacía mi propia mamá.

Llegué a octubre con el castigo y la falta de pañales encima de mi espalda. Mis últimas vacaciones de colegio las pasé encerrada en mi cuarto, hubo incluso tres días en lo que no salí para nada de mi habitación, la cual se convertía en una prisión para mí.  Un día todo eso cambio, aunque para mal. Mi padre una tarde volvió de su maldita clínica para entrar por la fuerza a mi cuarto.

El sábado iremos al cumpleaños del director general de mi clínica - me dijo - te pones bonita que ese día conocerás a tus futuros profesores de la Cayetano

No iré - le respondí - no me interesa conocer a personas que nunca me enseñarán.

No te pregunte si querías o no - me dijo - vamos y punto. En cuanto a lo segundo, tienes hasta el domingo para responder la propuesta que te hice hace tiempo.

¿Propuesta? - pregunté de forma irónica - más bien amenaza

No hay diferencia cuando se trata de definir el bien de mi hija - dijo para luego cerrar la puerta del cuarto. 

Ese sábado fue un tormento, en la mañana tuve que ir a la peluquería con mi mamá para estar bonitas. Lo estaba, pero al mismo tiempo quería gritar de desesperación. Mi madre en el taxi me contaba todas las personas invitadas a esa fiesta. No solo iban a estar profesores de la Cayetano Heredia, sino también médicos importantes del país. No tenía nada en contra de ellos, me parecían sujetos interesantes y muy buenos profesionales. Odiaba el hecho que mi papá tratara de juntarme con gente importante con los que yo no quería entablar relación alguna. Por un momento la reunión me pareció genial. Hubo buffet como cena, hora loca y mucho trago. Sin embargo, odiaba cuando mi padre me llevaba a la fuerza a conocer a todas esas personas mencionadas anteriormente y, para empeorar todo, me presentaba como futura estudiante de Medicina. Miraba a mi padre con cara de no querer estar ahí, él no me respondía.

Ponte bien - me dijo mientras comíamos - no me avergüences frente a todos mis colegas.

Yo no te estoy avergonzando - le respondí - solo me muestro como lo que soy.

Menciona la palabra Literatura - me dijo - y juro que hoy mismo te boto a patadas de mi casa.

No quise responder por miedo, solo me quedé sentada mientras todos los demás festejaban. Me quedé sola por un momento. Vi la oportunidad y salí del local donde se realizó la fiesta. Caminaba con algunas lágrimas en los ojos por la calle. Mientras estaba por ahí miré una farmacia abierta. Por la puerta de veían pañales. Quería comprar alguno pero no tenía ni un solo centavo. Se me había ocurrido una genial idea. Fui a la mesa donde se sentó mi familia. Agarré la billetera de mi mamá donde encontré un billete de 50 soles. Me lo llevé y fui a la farmacia. Compré una bolsa pequeña y la puse dentro del saco que llevaba puesto. Corrí al baño del local. Me bajé la panti para ponerme mi pañal. Amé sentirlo nuevamente. Caminar con él fue difícil por el hecho de estar usando tacón. Oculté la bolsa de pañales detrás de unas plantas que había cerca a los baños. Me senté en la mesa un rato a ver a los demás. Llegadas las 12 la fiesta se hizo más entretenida, ya que se pusieron a bailar como nunca antes había visto.

En ese rato que estuve me dieron ganas de orinar. Al sentir las ganas me levanté para ir a un lugar donde nadie pudiera verme, pero me fui imposible. Sentí mi entrepierna húmeda. Era claro me oriné. Me encantó tener mi pañal mojado, pero al mismo tiempo me aterraba la idea de que me atraparan en pañales. Fui rápido al baño donde logré cambiarme, me volví a poner mi calzón. Por un momento pensé en usar otro pañal, pero sabía que era arriesgado. Resignada dejé la bolsa tirada, aunque quería llevármela a casa. A las 3 de la mañana me fui a casa con el paquete oculto dentro de mi abrigo.

Sabes algo hija - me dijo mi padre - tus futuros profesores te querían conocer más luego de que les hablara de todas tus notas en el colegio.

No me interesa hablar con gente de otra profesión - respondí

Estoy muy cansado como para discutir contigo mi amor - me dijo - solo grábate en la mente que quiero lo mejor para ti. Espero tu respuesta hasta la 10 de la noche.

Una vez en mi casa me encerré en mi cuarto para quitarme el vestido y ponerme otro pañal. Disfruté dormir con él nuevamente. Descansé medio día. Luego desayuné mi almuerzo. Mientras comía, me puse a pensar en mi respuesta. Luego de meditar sabía que decir esa noche.

Mi historiaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora