Cápítulo 22: "Cuando ríe".

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-Si quieres, podemos comer juntos, tú, Alli, Carlotta y yo -dijo mi madre. Abrí los ojos tanto como pude, y después miré a Louis.

-Tía Gin, ¿y si os quedáis aquí? Estoy segura de que a mi madre le encantaría -dijo mi primo. Se pasó las manos por el pelo, y yo suspiré.

-Supongo que vale -contestó-. Bueno, ¿me vas a decir tu nombre? -preguntó mi madre dirigiéndose a el rubio que tenía a mi lado.

-Me llamo William, señora Tomlinson -le contestó seriamente él a mi madre. Después, un silencio incómodo nos acompañó. Miré a Louis nerviosamente. La tensión se podía cortar con unas tijeras.

-Bueno, ¿vamos hacia adentro? -preguntó él. Todos asentimos, y entramos a la casa de mis tíos. Me acerqué al oído de William, y él apoyó sus manos en mis caderas, haciendo que todo mi cuerpo se erizara.

-Tengo que ducharme antes de que mi madre sepa que bebí anoche... -le susurré en su oído.

-¿No tenías dolor de cabeza esta mañana? -me preguntó pasando sus manos por toda mi espalda.

-No.

-Seguramente es porque bebiste muy poco -me dijo. Dejé un pequeño beso en su cuello, y después me aparté de él-. Ve a ducharte anda -le hice caso a William, dejé un pequeño beso en la comisura de sus labios, y empecé a subir las escaleras.

   Me preparé una blusa de tirantes con flores verdes y rosas, mis pantalones cortos rotos y mis sandalias castañas. Me di una ducha rápida, liberando toda la tensión que había en mi cuello. Me toqué éste último un poco, y me di cuenta de que me dolía bastante. Apreté con fuerza cuando me encontré una contractura, pero no sirvió de nada, solo sirvió para que gimiera de dolor. Salí de la ducha y me sequé, me metí la ropa, y me quité las pinzas para luego volver a colocármelas. Tenía el cuello rojizo, pero supongo que era normal, entre haberme tocado y el agua caliente lo veo algo natural. No pienso más en ese tema y salgo del cuarto de baño.

   Cuando bajo, todos se me quedan mirando. Me siento al lado de mi madre y de Louis, teniendo en frente a William. Le miro de reojo, sabiendo que él está más nervioso que nadie de los presentes aquí. Me llevo un trozo de pechuga de pollo a la boca, no sin antes haberlo mojado con Kétchup, y miro a mi madre.

-Bueno, William... -empezó a decir mi madre-. ¿Tú sabes que mi hija tiene novio, verdad?

-Claro que lo sé, señora -contestó con completa tranquilidad. A veces, en estos temas, me gustaría ser él.

-Entonces, ¿por qué os estabais besando? -me metí un gran trozo de pechuga. No quería tener que ser yo la que contestara a su pregunta.

-La he besado yo. Ella no quería besarme -contestó William. Mi madre lo miró arqueando una ceja-. La he besado porque me apetecía. En realidad, no somos nada, y no creo que los seamos nunca -miré el Kétchup, tan rojo como la sangre. La sangre que estoy sintiendo yo al oír a William decir eso. Noto su mirada encima de mí, pero me niego a mirarle.

-Todo ha sido una estúpida equivocación, mamá -le digo. Miro a mi tía. Ella nos está mirando a William y a mí, sabiendo que todo lo que le estábamos diciendo a mi madre es mentira. Pero no va a decir nada, porque me quiere, y también quiere protegerme de mi madre-. No te ha servido de nada venir.

-Claro que me ha servido. He visto a mis hijas, y a mis encantadores sobrinos. ¿No creéis? -dijo con una sonrisa.

-Pues podías haberte traído a papá -en el momento en el que mencioné a mi padre, la sala se cubrió de un silencio incómodo.

-Pues no lo he hecho -contestó ella secamente. La miré de reojo, y estaba firme, masticando lentamente. Miró a mi tía, que miraba a su plato. Después, mi madre puso una sonrisa falsa-. Johannah, ¿mi hija sigue poniéndolo todo mojado cuando se ducha? ¿Y sigue llenando cuando come todo lo de su alrededor de comida? Sin olvidar que cuando se duchaba de pequeña le daban cosquillas en el... -me levanté de la mesa, y salí corriendo de la estúpida casa donde ahora mismo estaba mi madre. Lágrimas de rabia corrían por mi cara, y yo me las apartaba. No quería llorar, simplemente no quería, porque no iba a permitir que la estúpida de mi madre me eche el viaje por lo alto. Mientras iba pensando, no me di cuenta de que alguien me cogió del brazo, y por su tacto, supe que era William. Me besó la frente y me abrazó, cubriéndome todo el cuerpo. Pasó sus manos por mi espalda, haciendo que se me pusiera la piel de gallina.

-No tienes que preocuparte de lo que diga o deje de decir tu madre -dijo él. Me acarició el pelo, y yo asentí lentamente con la cabeza.

-Le has dicho a mi madre que no somos nada... -le susurré. Me miró a los ojos, y absorbí la belleza de los suyos, mientras me acariciaba lentamente la mejilla.

-Le he dicho eso para protegerte -me contestó-. Quiero que tu madre crea eso, no quiero que sepa que tengamos... -paró.

-¿Que tengamos qué, William? -le pregunté. Bajó su mirada, y yo bajé la mía.

-No sé lo que tenemos Carlotta, lo único que sé es que tenemos algo -susurró.

-A mí me basta con eso -le dije-. ¿Me besas?

-Las veces que quieras Carly -se acercó a mis labios, y apoyó suavemente los suyos. Empezó a moverlos delicadamente, solo como sabe hacerlo él. Empezó a acariciarme el pelo, y después, se separó de mí-. Ahora, vamos ahí y demuéstrale a tu madre que eres mejor que ella -le sonreí y le acaricié la mejilla. Cogí su mano, y fuimos hasta la casa de mis tíos.

   Cuando llegamos, me senté en mi sitio, al lado de mi madre, y terminé de comer del todo. Louis me miraba de reojo, y yo miraba de reojo a mi madre.

-Mamá, ¿te puedo hacer una pregunta? -le dije dulcemente. No le di tiempo a contestar, simplemente, le pregunté-: ¿Has dejado de ser tan estúpida como siempre? Ah, lo siento, no hace falta que me contestes, ya tengo la respuesta -le dije claramente. Mi madre me miró con los ojos bien abiertos.

-¡Carlotta! -me gritó. Después, poco a poco, se fue calmando-. Será mejor que me vaya... -dijo.

-Menos mal que te has dado cuenta... -susurré. Tan solo me escuchó Louis, y se le escapó una pequeña risita. Mi madre abrazó a mis primos, a Riley, a Danna, a mi hermana y a mi tía, le dio dos besos a mi tío y le estrechó la mano a William. Después, se fue.

-¿No crees que has sido un poco dura? -me preguntó mi tía-. Todos los presentes en esta sala saben bien lo que hay entre vosotros -dijo. No, no lo sabéis bien... No sabéis nada de nosotros...

-La verdad, pienso que le ha dicho lo que se merecía -dijo mi tío.

-Opino lo mismo -dijo Louis. Todos miramos a mi tía. Cuando pasó alrededor de medio minuto, ella me miró a mí.

-La verdad, sí, se lo merecía -reímos todos. Miré a William. Me sonrojé de tan solo verlo, de ver esas arrugas que se le formaban a los lados de la boca, como arruga la nariz y cierra los ojos. Acababa de descubrir que amaba todo de él, y lo mejor de todo, es que pone esas facciones cuando ríe.

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