Prologo

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― ¡Por favor, no! ―Suplico completamente indefensa.

Ahí comenzó el error. Mi debilidad me hizo no poder decirle no. Pues como siempre, quería hacer todo para complacerlo. Aunque ahora las cosas eran diferentes, no se trataba de darle gusto, más bien era para salvarlo. Asentí y deje que ese hombre me llevara con él. No supe el lugar, siempre mente intente convencerme a mi misma de que podría hacerlo. Espere paciente mientras él se servía una copa, me miraba mientras daba pequeños sorbos y cuando termino, comenzó a quitarse la ropa.

―Relájate, seré amable.

Segundo error. Sus palabras eran sensuales y no solo eso. La forma en la que me hizo suya. ¡Dios! Recorrió cada centímetro de cuerpo haciéndome vibrar y gritar como ni siquiera mi propio novio lo había hecho. Logro atraparme y hacerme participar de buena gana. Me olvide de que era un desconocido y correspondí cada caricia.

¡Un beso!

El tercer error. Ese último beso que deposito en mi boca antes de ducharse, fue mi mayor error.

Ninguno de los dos dijo nada, solo me vestí y deje la habitación. Como era de esperarse, esa noche no pude conciliar el sueño. Su sabor, su calor, sus caricias, todo se había quedado grabado en mi memoria. Debía sacarlo, no había sido más que una apuesta y un pago estúpido por los errores de mi novio.

Lo vi. Estaba tan guapo como esa noche, pero estaba acompañado por otra mujer. Fingí no verlo y seguí con lo mío. Mi cliente era estresante y tedioso, no podía decidir que ordenaría y comenzaba a sacarme de quicio. Desde esa noche las cosas no habían sido las mismas y mi mal genio iba en aumento al contemplar como sonreía a esa desconocida. ¡Celos! Tenía celos. Algo totalmente absurdo e irracional. Ni siquiera sabía su nombre. ¡Que boba! Le pedí unos minutos a mi compañera y me dirigí al baño de mujeres. Al abrir la puerta, lo encontré ahí. Su mirada me atrapo y cuando sus manos se posaron sobre mi cuerpo me perdí. Me subió sobre el lavabo, sin pronunciar palabra alguna, separo mis piernas y ahí mismo me penetro de golpe. Me olvide de quien era él, de quien era yo, de que estaba haciendo ahí es ese instante. Me entregue a él sin medidas sin reservas. Él lograba que perdiera la razón. Después de esa noche, nada sería igual...

Me atrapa, me seduce y me hace perder la razón. El error de él fue apostarme, mi error fue enamorarme.

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