Hermione:Ejem.

El duende no hizo nada.

Hermione:Quiero entrar en mi cámara.

Duende:¿Identificación?-dijo sin tomarle mucha importancia y sin levantar la cabeza.

Hermione:Dudo que eso sea necesario-trató de imitar la voz de Bellatrix.

El duende levantó la cabeza y dio un brinco.

Duende:¡Madame Lestrange!-el duende bajó unas escaleritas que estaban detrás de él.

Hermione:¡No me gusta que me hagan esperar!

Griphook:¡Lo saben! -susurró -. ¡Saben que es una impostora, les avisaron!

Un guardia que estaba en la puerta se estaba acercando a nosotros.

Ron:¿Ahora que hacemos?-susurró aterrado.

El duende, que hace segundos había desaparecido, volvió a aparecer con otro duende al lado.

Duende:Señorita Lestrange, ¿le importaría mostrarme su varita?

Hermione:No, no lo haré.

Duende:Me temo que debo insistir.

El guardia se iba acercando cada vez más a Ron y a Hermione.

Harry:Cloe, ¿qué haces?

Alcé la varita bajo la capa, apunté al duende anciano y susurré por primera vez en mi vida:

Yo:¡Imperio!

Una extraña sensación me recorrió el brazo con la maldición que acababa de lanzar.

Duende:Muy bien Madame Lestrange-le hizo un gesto al guardia para que volviera a su puesto, y así fue-puede pasar.

***

El carro empezó a describir giros y voltearse por el laberinto de pasillos, dando bruscos virajes y adentrándose cada vez más en aquel laberinto subterráneo. La corriente de aire me alborotaba el pelo a que, aunque sólo oía el traqueteo en los rieles, no cesaba de mirar hacia atrás, muy inquieta. Lo que habíamos hecho era peor que dejar enormes huellas en el suelo; cuanto más lo pensaba, más descabellado me parecía haber disfrazado a Hermione de Bellatrix.
Nunca había llegado a unos niveles tan profundos de Gringotts; tanto era así que, al tomar abruptamente una curva muy cerrada, vimos ante nosotros una cascada que caía sobre las vías, imposible de esquivar. Oí cómo Griphook gritaba, pero no había forma de frenar y la atravesamos a una velocidad de vértigo. Me entró agua en los ojos y la boca; no veía nada ni podía respirar. Acto seguido, el carro dio un violento corcovo, volcó y todos salimos despedidos. El oí cómo el vehículo se hacía añicos contra la pared y el chillido de Hermione, mientras me posé suavemente en el suelo rocoso del pasillo.
Horrorizada, observé que Hermione ya no era Bellatrix: estaba allí plantada con una túnica que le iba enorme, empapada y con su aspecto habitual. Además, Ron volvía a ser pelirrojo y ya no llevaba barba. Se miraron unos a otros y, al tocarse la cara, lo entendieron.

Griphook:¡La Perdición del Ladrón! -exclamó, poniéndose en pie y contemplando la cascada que caía sobre las vías, y en ese momento comprendí que era algo más que agua-. ¡Elimina todo sortilegio, todo ocultamiento mágico! Saben que hay impostores en Gringotts, y pusieron defensas.

Ron:¡Ah! ¿En serio?-dijo con sarcasmo- Y por curiosidad ¿hay otra salida?

Griphook:No.

El duende, que llevamos con nosotros en el carro, recuperó el conocimiento, nos vio y gritó:

Duende:¡¿Qué demonios hacen ustedes acá?! ¡Ladrones! ¡Se va a enterar...!

Ron:¡Imperio!

El humo verde salió de la varita de Ron y llegó a las narices del duende.
De pronto, resonó entre la cueva un fuerte y extraño rugido.

La hermana de Harry Potter 4¡Lee esta historia GRATIS!