Capítulo 6.

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Harry tenía un problema, y ese era que le gustaba tener siempre lo que quería sin esforzarse. Todos le dijeron siempre eso, que era un problema y uno muy grande. Todos menos Louis.


Faltaba una semana para que cumplieran cuatro meses de noviazgo. Estaban en una de las mejores cafeterías de la zona compartiendo un pastel de chocolate mientras Harry le contaba sus planes para el gran día.


-... y luego podríamos ir a cenar, ¿qué dices?


-Suena encantador, amor, pero creo que yo tendría que irme después del cine, papá tiene una cena importante y quiere presentarme como su futuro vicepresidente, tú entiendes.


-Oh.


-Quiero vainilla -Louis hizo una mueca ante su taza de café y se levantó para buscar a una mesera que lo llevara a donde tenían el delicioso ingrediente, cometió el error de dejar su teléfono en la mesa.


Nadie cancelaba el final del plan de Harry Styles, ni siquiera Louis con algo importante para su futuro.


-He vuelto... ¿y mi teléfono? -Harry se encogió de hombros-. ¡Mierda! -Louis se agachó y recogió el aparato con la pantalla completamente destrozada, inservible-. Debí tirarlo cuando me levanté.


Harry tenía un problema, y ese era que si no tenía lo que quería sin esforzarse, quería que al culpable le doliera.




~*~






Aún sentía los ojos arder y la nariz ligeramente congestionada, pero estaba mejor que hacía un par de horas. De hecho había durado mucho tiempo en el baño, incluso después de que el agua se enfrió él se quedó sentado junto a la bañera envuelto en su bata.


Ahora a medio día vestía su pijama favorita, la que usaba antes de casarse y que dejó olvidada desde la primera noche que durmió con Louis después de la boda. Era cálida y suave y se sentía muy confortable después del horrible día anterior. Se encontraba en la cocina, en la barra de desayuno con una taza de té enfriándose entre sus manos.


Se le ocurrió que ese día tampoco tenía hambre, le diría a la cocinera de nuevo que fuera por helado, tres botes esta vez. Se mantendría de helado hasta que dejara de sentirse así de triste, tal vez con el tiempo olvidaría por completo todo lo que había estado rondado por su cabeza anteriormente, que ahora era nada. Estaba en blanco.


Escuchó el timbre principal y se levantó malhumorado. Seguramente la cocinera habría olvidado sus llaves, y él estaba dispuesto a lanzar un sermón de por qué se las habían dado. Caminaba a la entrada, aún con la taza en manos, cuando desde la ventana vio el automóvil deportivo. No había notado cuándo llegó.

Disenchanted || Larry Stylinson¡Lee esta historia GRATIS!