¿Sabés que no hay necesidad de que duela? Nunca hubo, nunca debió ser así. Pero ya estábamos dañados, era lo que conocíamos, lo que aprendimos, lo que se sentía cómodo.
Nunca nos enseñaron que no podés correr de tus problemas para siempre. No podés vivir corriendo, te vas a cansar y vas a tener que lidiar con eso y la carga emocional de todo lo demás. Estas palabras nunca nos las dijeron.
Entonces, agarré tu mano y vos la mía.
Nos aferramos con uñas y dientes tratando de sostener nuestra casa de naipes como si pudiéramos arreglarla. Todo por temor a perder lo obtenido, por temor a empezar de nuevo, por temor a lo nuevo.
La incertidumbre y el miedo nos hacen nuestros peores enemigos.
Quizá si me arrancaba el corazón desde un principio, no estaría intentando reconstruirlo ahora mismo. Pero no lo hice y ahora lidio con las consecuencias.
Lidio con los residuos de amarte, de quererte incluso un poco más de lo que alguna vez me quise a mí.
Lidio con la carga de mi corazón, con su peso plomo que corre nuevamente por mi cuenta cuando tus manos ya no están para sostenerlo.
Lidio contigo, conmigo, con todo nosotros, con todo lo que fuimos.
Lidio con eso porque quien quedó atrás fui yo, porque no estaba lista para despedirme pero vos no estabas listo para quedarte. Aún así lo hiciste y después decidiste que mejor no. Entre medio de esas decisiones es donde quedé yo.
Me quedé porque te quedaste y ahora que te fuiste, yo sigo acá sin saber por qué. Ni por qué te fuiste ni por qué aún decido quedarme. Y no sé qué pensar porque ya conozco las respuestas a mis hipócritas preguntas. Todavía las saludo por la ventana y cierro la persiana en un estúpido y descarado intento de no llevarles el apunte. Pasarlas por agua para ablandarlas y erosionarlas, y tal vez así pueda moldearlas a la imagen y semejanza de mi orgullo.
Supongo que una vez más me acomodé, y no importa si duele, salir es incluso peor. Estoy atascada. Y lo odio. Y me odio. Nos odio por no haber hecho las cosas como debíamos teniendo todas las oportunidades para hacerlo.
Que puto desastre.
Somos
(fuimos)
un puto desastre.
Corazón…
No tengo mucho que decirte, al menos nada que ya no sepas.
Quizá no supiste con seguridad si te amaba, entonces, quizá, tan solo tal vez debería haberlo dicho un poco más seguido (aún si no hubo día en el que no te diera todo de mí).
Corazón, trajiste cosas a mi vida que mi alma desértica bebió con desesperación, un oasis al que me aferré con tales raíces que talarme cada una de ellas fue uno de los procesos más dolorosos de mi vida. Todavía sigo desenredando las lianas y cortando alguna que otra subversiva raíz que se empeña en crecer.
Con la más pura honestidad, tu familia fue, después del tuyo, el enraizado más difícil de matar.
...
Quería decirle a tu mamá que siempre le voy a agradecer esa vez que me recibió a las tres de la mañana en su casa porque la mía era un desastre.
Quería agradecerle que me haya abrazado como lo hizo y arropado como hizo y cuidado como hizo.
Quería agradecerle que me quiso.
ESTÁS LEYENDO
Soulmates
Short StoryUna despedida para esa alma gemela con la que siempre estuvimos destinados a rompernos mutuamente. Amarte es aprender a dejar ir aunque te lleves cada pedazo de mí. Sé que no querés esos retazos, yo tampoco. Así que, por lo menos, te pido que te ll...
