IV

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.-#Estoy aquí#-.

Tras una gran insistencia por parte del pelirrojo, decidió usar un tono más serio, uno que rara vez utilizaba con su amigo:

—Blasty, dime la verdad. ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás así? —sus palabras eran firmes, pero transmitían preocupación genuina.

El rubio tragó saliva. Dudaba. Su mirada estaba perdida en el suelo.

—Y-ya no me pasa nada, solo... ¿me golpeé...? —intentó mentir, pero su propia voz lo traicionó.

Kirishima frunció el ceño. Lo conocía demasiado bien.

—No me mientas, por favor —su tono fue más suave esta vez. Se sentó a su lado y, con mucho cuidado, lo abrazó.

Fue la primera vez que alguien lo abrazaba así. No era un simple contacto; era calor, comprensión, protección. Era justo lo que necesitaba.

—A-ahora debes pensar que... snif... soy débil... snif... por llorar —balbuceó Bakugo entre hipidos.

Kirishima negó de inmediato.

—No creo eso. Y si crees que llorar es de débiles, estás equivocado. Quienes no lloran, sean hombres o mujeres, son los verdaderos débiles. No hay nada malo en dejar salir lo que sientes —sus palabras eran sinceras, llenas de esa lealtad y bondad tan característica de él—. Ahora, ¿puedes decirme qué pasó, y por qué estás llorando?

El rubio negó con la cabeza, incapaz de articular las palabras que se atoraban en su garganta.

—Bien... Solo prométeme que, cuando te sientas listo, me lo contarás. ¿De acuerdo?

Bakugo asintió lentamente y correspondió el abrazo con algo más de fuerza. En ese instante, un leve ruido interrumpió la calma. Venía del closet. Era un susurro, un movimiento leve, como si alguien estuviera allí dentro.

Katsuki se tensó.

—K-Kirishima... ¿puedo confiar en ti? —preguntó con voz temblorosa.

El pelirrojo sonrió suavemente.

—¡Claro que sí, Blasty!

El rubio se levantó, se limpió rápidamente las lágrimas y abrió la puerta del closet. Dentro, se encontraba una pequeña niña de ojos escarlata, con un bonito cabello rojo con puntas rubias, y vestida con un pijama carmesí. Estaba hecha un ovillo, abrazándose a sí misma.

—S-suki... tuve una pesadilla... —confesó la pequeña entre lágrimas.

El rostro de Bakugo cambió por completo. Su expresión dura y cerrada se suavizó.

—Tranquila, pequeña. Solo fue un sueño. Nada que temer —su voz era dulce, con una ternura que Kirishima jamás había escuchado.

—¡P-pero! ¡Mamá te golpeaba y t-tú llorabas y... y ella seguía... y luego tú dormías... y yo no quiero que pase eso! —las palabras salían atropelladas junto a sus lágrimas.

El silencio invadió la habitación. Katsuki se sintió paralizado. Sabía que su madre solía ser agresiva con él, pero nunca pensó que sus hermanas fueran testigos de esos momentos.

Mientras tanto, Kirishima observaba la escena atónito. Su mirada se posaba en la niña, notando el parecido que tenía su Katsuki, digo, a Katsuki... En su mente, no podía dejar de sorprenderse por el descubrimiento.

—Tranquila, pequeña. No llores, no me gusta verte así. Además, si quieres ser una gran heroína, debes ser fuerte, ¡como tu hermano! —dijo Kirishima con su habitual entusiasmo, intentando animarla.

El rubio la cargó con cuidado, abrazándola con delicadeza, y la llevó de vuelta a su camita, ubicada en un pequeño rincón tras el closet. La arropó y se quedó unos minutos con ella hasta que se calmó y volvió a dormir.

Al regresar junto a Kirishima, este no pudo contener su curiosidad:

—Blasty... ¿Quién era ella? —preguntó con suavidad.

El rubio se frotó la nuca, nervioso.

—Ella es... una de mis hermanas...

—¡¿Tienes más?! —exclamó sorprendido.

—Ehh... ¿Sí...? —su voz tembló, acompañada de un gesto torpe con las manos. Era una faceta de Bakugo que Kirishima jamás había visto.

Por primera vez, el pelirrojo comprendía que había mucho más tras esa coraza explosiva de su amigo. Y estaba decidido a conocer cada parte de él, sin importar cuánto tiempo tomara.

Weno hasta aquí el capítulo de hoy
Goodbye
Lxs Quierx
✌🙋

♥︎"Corazón mal herido"♥︎ •Kiribaku•Donde viven las historias. Descúbrelo ahora