N/A: ¿Creyeron que esto era el final de todo? Pues... ¡Chan, chan, chan! He vuelto con éste hermoso especial como muestra de regalo a sus súplicas de más, y como pequeña consolación de mi parte, de mí para mí, para seguir escribiendo un poquito más sobre TPH. O más bien: Un pedazo de este mundo. Ya hemos visto la historia de Susie y Connor. Ahora, les proveo un primer y único vistazo al universo de Heather Stirling y su propia locura de amor en Las Vegas.

CAPÍTULO BONUS I:

La otra cara del amor en Las Vegas.

Era consciente de que mi mejor amiga era mi igual, incluso en la locura. Y esto, era una prueba más de aquello. Sabía que el amor te hacía hacer cosas estúpidas (Oh, sí que era plenamente consciente de eso), y su efecto en una chica como Sussan Elizabeth Stark era una dosis peligrosa. Como por ejemplo: casarse a los veinte años de edad.

El porcentaje de chicas comprometidas a esta edad era mínimo, pero existente. Tal vez por compromiso arreglado por sus padres, por embarazo, o por la razón menos lógica: Amor. Loco y enfermizo amor.

Loco y enfermizo porque; ¿Quién, en su sano juicio, se enamoraría de un prostituto? Incluso a pesar de los años, a mí me es completamente extraño ver a Connor con la misma cara. Como ver el otro lado de un espejo a ciegas, sin comprender. Susie debe comprenderlo, y con eso me basta. Pero, por Dios, ¡¿Es que no le bastaba ser el cuerpo más caliente en toda la secundaria?!

Susie dice que él tenía sus razones. Pero la vida de ellos era un mundo distante al mío ahora, uno al que estaba anclada a observar por el puesto de mejor amiga, y ahora: futura dama de honor en su prematura boda.

Oh, sí. No iba a dejar que el rubio de hermosos ojos azules y de doble nombre (Luke para reconocimiento mundial. Luka sonaba como un extraño personaje pasivo de algún yaoi) me arrebatara el puesto. O algunos de esos condenados y calientes gemelos que regularmente visitaban a Susie en Hood River (solo había alcanzado a ver directamente a uno, pero nunca me he interesado en diferenciarlos). Ese puesto había sido creado para mí, desde que conocí a Susie Stark luego de intentar robarle sus lápices de colores en el jardín de niños. La muy babosa no le bastó con cortarme el cabello con su tijera, sino que llegó hasta el límite de contárselo a la profesora Martha. A ambas nos dieron detención (No salir al receso. Qué infierno. Susie fui incluida en el paquete por su intento de peluquería) y nos encerraron en el salón como calamares en una pecera, a la espera de que nos devoráramos entre sí por naturaleza lógica. Pero ocurrió todo lo contrario: Al ver que la bolsa de la chica tenía decoraciones y pins de mis series de televisión favorita, el largo castigo se transformó en una charla que me brindó a una buena amiga.

¡Yo era quién la había visto crecer, llorar y emborrachar como su segunda madre, no ellos!

Así que, a causa de defender mi puesto, me embarqué en el siguiente vuelo a Las Vegas para seguirle como perro faldero, como Shaggy a Scobby, a costas de solo una nota de despedida en mi apartamento y un sinfín de tareas sobre mi cama. Seguramente mis compañeras de apartamento encubran mi ausencia, pero de verdad que necesito esto.

Y necesito distracción.

Mi sub-propósito de este viaje era mantener mi mente lo suficientemente lejos de los recuerdos de Cameron Morgan, y evitar pincharme con cada pedazo de mi corazón roto si pensaba en él. Sabía que él era el tipo de chico que te daba momentos eternos, grabados a fuego en tu memoria. Y ahora, esa llama se ha convertido en el fuego que aviva mi infierno.

The Playboy Husband | TPG #2.¡Lee esta historia GRATIS!