Prologo

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~Ney~

La camilla se mueve por el pasillo del hospital, mantengo la mirada fija en el techo, observando como dejamos atrás las viejas lámparas. Escucho los murmullos de algunos pacientes y de las enfermeras, quienes se han detenido para husmear. Son realmente desagradables.

"Pobre estará de por vida atada a esa cama"  "Lastima es tan joven" “Nunca caminara de nuevo” “¿Viste su cicatriz?” "Escuche que es una asesina, se lo merece" “Es su castigo”.

Esbozo una ligera sonrisa. Puede que estén en lo cierto, pero no les he pedido su opinión y tampoco me importa lo que piensen. ¿Castigo?

― ¡Súbanla! ―ordena uno de los hombres. Entre dos de los paramédicos levantan la camilla y me hacen entrar en la ambulancia.

Antes de hacerlo, doy una mirada rápida en torno, pero tal como lo esperaba, ni mi estúpida hermana y mucho menos Max han venido a despedirme. No he sabido nada de ellos en un buen tiempo. A Max no puedo culparlo, otro poco y muere. Aunque eso fue culpa suya por proteger a la mustia. En cambio con Sandra es distinto ¿Desde cuándo tiene agallas para abandonarme? ¡Maldita! Debe estar feliz con el estúpido de Seung.

―Aseguren la camilla ―dice el mismo hombre que ha pedido que me suban.

―Listo ―contesta el más joven de los paramédicos, quien se sitúa a mi lado izquierdo. Ni siquiera me ha visto, mantiene la vista en la pantalla de su teléfono, parece no importarle. Todos son unos ineptos.

Aunque al principio reclame hasta el cansancio, nadie atendió mis quejas, es por ello que no pienso desgastarme en gritarles, ni decir nada. De eso, ya me harte. Pronto no volveré a verlos.

No tengo idea de adonde me llevaran, solo me han notificado que sería trasladada. Pero sin importar el lugar, ni el tiempo que me tome, pienso levantarme de esta cama y vengarme de esa maldita mujer. Pues ella es la culpable de todo lo que ha sucedido, ella y solamente ella. Si nunca hubiera aparecido, Jae seria mío en estos momentos y yo no estaría postrada a una estúpida cama. ¡Todo es su culpa! Y por eso, la destruiré.

La ambulancia comienza a moverse, lo es únicamente por el sonido del motor que percibo, puesto que no puedo sentir nada en el cuerpo. Lo único que aun puedo mover un poco es la cabeza, aunque no sirve de nada. No puedo levantarme.

Los tipos hablan de cosas irrelevantes e intento ignorarlos. De pronto el vehículo frena de golpe y salgo impulsada a un costado. Siento un fuerte golpe en la frente, aprieto con fuerza la mandíbula. Son unos idiotas.

― ¡Rayos! Te dijo que la aseguraras ―Protesta el paramédico sentado a mi derecha. Quien me hace regresar a mi posición original. De nuevo damos un salto y una de mis manos golpea contra el soporte de la camilla, pero… no siento dolor. No siento nada― ¿Quién  rayos está conduciendo?

―No sé, solo acomódala y listo.

―Se golpeó ―señala mi frente.

―No importa, dicen que no siente nada ― ¡Maldito! Ojala pudiera levantarme de esta estúpida cama y matarlo.

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