Capítulo 88

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Zack estaba sentado en el sofá del departamento, leyendo un libro. Acurrucado en una esquina estaba inmerso en la historia hasta que escuchó la puerta abrirse bruscamente. Liam entró gruñendo y maldiciendo. Dejó varias bolsas de comida sobre la mesa frente al moreno.

La habitación pronto se inundó al sabroso aroma de la comida oriental. Zack concentró toda su atención sobre las bolsas, abandonando a un lado su libro.

Liam continuó su andadura hasta su habitación. Cerrándola de un portazo, con el mismo mal genio con el que había entrado.

Zack miró la puerta por la que había desaparecido su cuñado y después las bolsas de comida. De nuevo dirigió la atención a la habitación en la que Liam estaría desahogando su frustración y después atendió a la deliciosa comida ¡Era una dura decisión! ¿Ir a ver cómo se encontraba su amigo o calmar el hambre? En fin, Liam seguiría igual de enfadado dentro de cinco minutos, pero él tendría más hambre. La elección estaba clara.

Suspirando decidió no ser egoísta e ir a atenderlo. Después comería. Su deber era para con él primero. Por lo que se encaminó hacia el dormitorio. Un segundo después estaba devuelto a la mesa, extrajo una bolsa con pan de gambas y corrió de nuevo al cuarto ¿Quién decía que no podía comer mientras escuchaba lamentarse a su amigo?

Abrió lentamente la puerta, hallando a Liam caminando de un lado a otro, como un león enjaulado. Cerró suavemente y se dirigió hacia la cama sin hacer el menor ruido. Se sentó en el centro de la enorme cama, con las piernas desnudas cruzadas bajo él. Depositó la bolsa de comida sobre el regazo de su corta bata y comenzó a saborear su manjar como si no hubiera nada más en el mundo.

-¡Me odia! -gruñó Liam sin dejar de caminar de un lado a otro, con la mirada fija en el suelo.

Zack suspiró resignado a no poder disfrutar de su cena. Ya empezaba la sesión de autocompasión.

-¡Me odia! -gritó Liam alzando las manos al cielo, esperando una réplica o una respuesta a tal hecho inusual.

Zack lo miró burlón, alzando una perfecta ceja.

-No entiendo por qué ¿Quién podría odiarte después de abandonarlo sin ninguna explicación y desaparecer de su vida sin importarte mirar atrás? De verdad que no me lo explico -se mofó el chico.

Liam se paró frente a Zack y se irguió como un muro sólido e imponente. Lo miró como si fuera un ser inferior al que deseara pisotear y se cruzó de brazos de forma intimidatoria.

-Lo dejé porque era lo mejor para él. Estaba enamorado de otro y mientras yo estuviera allí se aferraría al amigo que le da seguridad y no sería sincero consigo mismo y buscaría el amor -soltó el discurso aprendido que repetía siempre en esas ocasiones. Las cuales se daban demasiado a menudo para su gusto.

-¡Oh, yes! Olvidaba que tú eres un Dios todopoderoso que lee la mente y sabe lo que él siente mejor que él mismo. Tonto de mí, siempre se me olvida -se burló Zack, sin dejarse intimidar en lo más mínimo. Mostrando todo su interés a la delicia que estaba saboreando.

-Lo escuché perfectamente. Sé lo que siente y hacia quien -replicó él furioso.

-Claro, claro -dijo el chico rebuscando en su bolsa, quitando toda la importancia a la conversación.

-Aunque lo hubiera malinterpretado, como tú siempre dices ¡Lo nuestro nunca funcionaría! -aseguró Liam esperando una réplica. No la obtuvo y continuó- Yo lo amo más que nada en este mundo. Y él no siente lo mismo.

Miró a su cuñado que continuaba con el escrutinio de la bolsa, sin prestarle atención. No sabía qué lo enloquecía más, que siempre supiera qué decir para hacerle ver que era un imbécil que malinterpretaba todo o que se quedara allí sin decir nada.

Más Que Amigos, Menos Que amantes. Ziam¡Lee esta historia GRATIS!